HISTORIA LOCAL

El Viejo Canning - Parte II

En esta segunda entrega, repasamos la historia de nuestra ciudad desde el momento en el que se instalaron los primeros countries, allá por los años ’60 y ’80, y que definirían el perfil actual de la ciudad.
lunes, 05 de octubre de 2015 · 10:45

Corría el mes de Abril de 1963. En el país terminaba el conflicto entre Azules y Colorados, el entonces presidente Guido designaba a Onganía como Comandante en Jefe del Ejército y en Canning apenas si había asfalto. A las mesas del Almacen de Ramos Generales "La Nueva Era”, administrado por la pionera familia Cresmani y punto de referencia obligado para la naciente localidad, llegan un ingeniero, que tras haber trabajado en el Countegrill Country Club de Punta del Este, amasaba la idea de aplicar en la Argentina lo que habían visto en el Uruguay. El era Carlos Peisajovich, acompañado en esa reunión por el también ingeniero Eduardo Perelmuter, y la idea era el Country Mi Refugio.

 "Cuando llegaron, pensamos que estaban locos…se habían presentado diciendo que eran ingenieros, que buscaban un terreno de unas dieciséis hectáreas,  y que querían construir un barrio cerrado.Volvieron al día siguiente con los planos, con el loteo, nos explicaron qué era un Club House… Quedó grabado en mi memoria el momento en el que los dos se retiraron y mi padre nos miró a mi hermano y a mi y nos dijo: "y estos dos locos ¿de donde salieron?”, recordaba Don Romano Cresmani, hijo de Lorenzo, el dueño del Almacen.

Y si bien no estaban locos, la idea era de por sí revolucionara. Mi Refugio nace como un espacio dedicado íntegramente a miembros de la comunidad judía, y en su concepto original, como un lugar de esparcimiento y socialización para el fin de semana y el verano. En sus más de 300 lotes, familias que tenían su vida diaria – y por supuesto, su actividad laboral, comercial y cultural – en la Capital Federal, construyeron sus casas de fin de semana, en un entorno seguro, bien equipado, con oferta de actividades deportivas y con un claro espíritu de sociedad. Y con el arribo de aquellas primeras familias, comenzó el vertiginoso crecimiento que aún hoy continúa.

"Tras haber trabajado en Punta del Este, volví a la Argentina con la idea de replicar aquello que había visto en el Cantegrill. Junto a Mauricio Zaritzky, que se encargó de la parte contable del proyecto, nos pusimos en marcha para buscar un lugar que este cerca de la Capital y con fácil acceso. Nuestra idea original era hacerlo junto al mar, pero lo que vimos en la costa nos resultaba muy lejos y en muy mal estado de infraestructura víal. De casualidad, alguien que trabajaba conmigo me contó sobre la zona, y cuando vinimos a verla, nos convenció que si bien no había prácticamente nada desarrollado en el lugar, en menos de una hora podíamos estar en Capital Federal”, cuenta Peisajovich. "Como el terreno era un horno de barro en ese momento, lo compramos muy barato. Nos llevó dos años de siembra y cosecha el reponer todo el hummus para que creciera césped. Finalmente, el primero de Enero de 1966, en un asado al que asisistieron casi mil personas, inauguramos Mi Refugio. En aquel momento, Canning no se conocía como Canning, y nisiquiera la palabra Country existía en la Argentina. Elegí ponerle Country Mi Refugio, por el Cantergrill Country Club, pero podía haber elegido cualquier otro nombre. A partir de Country Mi Refugio es que se empieza a usar la palabra Country para este tipo de urbanizaciones. ”

"Nuestro mérito fue encontrar una Ley, que en la Provincia de Buenos Aires nos permitía hacer propiedad horizontal en el campo, solamente presentando los planos del proyecto, algo que es imposible de hacer en la Capital Federal”, continúa Carlos Peisajovich. "Con la experiencia de lo que habíamos visto en Punta del Este, la facilidad de acceso que nos daba el entonces camino Jorge Newbery, y el marco jurídico adecuado, estaban dadas todas las condiciones para que encarásemos el proyecto”.

Junto con Mi Refugio, y por obra de la misma iniciativa, se asfalta Sargento Cabral hasta la entrada del mismo, y nace una de las principales arterias de Canning. Más adelante sobre la misma, tras el éxito de la primer iniciativa, Peisajovich encara su segundo proyecto, el Country El Venado. "Ya con Mi Refugio, habíamos descubierto que la idea podía ser aplicada, y con El Venado lo confirmamos. Fue un éxito todavía más grande; en solamente tres meses vendimos los 80 departamentos y más de 200 lotes que lo conforman. Después encaramos Venado II, todavía más ambicioso, con una infraestructura que aún hoy lo hace único en el país.”

En 1980, se suma a la ciudad otro proyecto de vanguardia, El Sosiego, y junto a él, Los Rosales. Las dos urbanizaciones, aún hoy, representan las antípodas del "estilo” que en aquel momento – e inclusive hoy en dia – podía tomar el desarrollo urbano con cerco perimetral. El primero, -creado bajo la iniciativa de Freddy Braslavsky- cuenta con lo que es probablemente el mayor desarrollo de infraestructura dentro de los countries de la zona. Cancha de golf de 18 hoyos actualmente, aunque entonces era de 9, un Club House de dimensiones imponentes, pileta olímpica, dieciocho canchas de tenis y la construcción de una pasarela con un trazado que conecta las distintas áreas del mismo atravesando el campo de golf, son algunas de las cosas que primero impactan a la vista. Pero más allá de la infraestructura, desde su concepción hasta el día de hoy, El Sosiego respeta aquella filosofía original de Mi Refugio y El Venado: el Country es un sitio social, se celebra fin de año en el Club House, los fines de semana los chicos tienen actividades guiadas por profesores, se ofrecen cursos y talleres, se organizan viajes, se coordina la actividad deportiva.

Los Rosales traía consigo un concepto totalmente antagónico con el que planteaba El Sosiego. Casi que la única obra de infraestructura construida en un primer momento incluía solo el portal de entrada, un pequeño vestuario, una cancha de fútbol y una de paddle. La intención era distinta: disfrutar de la tranquilidad de vivir en un barrio perimetrado y con seguridad privada, sin tener que sostener el elevado costo de mantenimiento que su vecino demanda.

Alrededor del mismo tiempo en el que llegaban Peisajovich y Perelmuter, el empresario Tomás Murphy compra 360 hectáreas al sur de las vías del ferrocarril. Las alambró y las dividió, con una visión clara: Saint Thomas.La idea de Murphy se alejaba del concepto de Country que habían impuesto Mi Refugio primero, y más tarde El Venado y El Sosiego. Saint Thomas no sería ya un lugar de encuentro para el fin de semana, sino que el concepto se acercaba más al de las urbanizaciones privadas norteamericanas que al de la colectividad judía. Inclusive el trazado de las calles, con un boulevard central y calles que salen de él en forma de peine, era sustancialmente distinto al de los countries tradicionales, con manzanas más parecidas a las de cualquier barrio extramuros. El objetivo era que Saint Thomas sea un lugar de vivienda permanente, y el Country el lugar principal de residencia, no la casa de fin de semana.

Junto con el alambrado y la separación de las 5 zonas, se toma la sabia decisión – de la que hoy, 45 años después, se aprecian los resultados – de comenzar a forestar. Se plantaron 95.000 árboles de diferentes especies entre las que se destacan pinos, álamos, cipreses y robles. Con esta magnífica forestación se logró una amplia gama de colores, del verde al ocre, durante todos los meses del año. Atraídas por aquel minibosque en crecimiento, calandrias, horneros y jilgueros, entre otras aves, se sumaron a la sinfonía de la naturaleza.

Saint Thomas Sur, la primera parte habilitada del proyecto de Murphy, vio la luz en 1996, más de dos décadas después de la compra del terreno. De hecho, aún falta terminar de comercializar Saint Thomas Oeste, mientras que Saint Thomas Centro, la última fase, todavía no está disponible, casi medio siglo después de su concepción, lo que demuestra tanto la enorme magnitud del proyecto como su vigencia.

Mi Refugio fue la piedra fundacional, a la que siguieron los countries que hoy llamamos "tradicionales”: El Sosiego, El Venado, Los Rosales y Venado II, llevando cada vez más allá la visión original que tuvieronPeisajovich y Braslavsky, verdaderos fundadores, para una localidad que hasta entonces era campo abierto. Tomas Murphy, y con él Saint Thomas, le dieron una segunda vuelta de tuerca, y comenzaron a plantear la transformación que Canning más adelante experimentaría: así como pasó de posta rural a lugar de fin de semana, ahora debía pasar a ser una ciudad propiamente dicha, con una población permanente y actividad comercial acorde. Esa es la Canning que vemos hoy.

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