COUNTRIES - SOCIEDAD

La crisis del Club House

El servicio gastronómico dentro del Club House, que otrora fuese el centro social de cada Country, atraviesa una crisis. Menos comensales por noche, concesiones que no duran y un servicio que se achica reflejan la metamorfosis de comunidades que pasaron de ser individuales, a ser parte de una ciudad en constante crecimiento.
sábado, 01 de agosto de 2015 · 00:00

Indagando en sus raíces históricas, el concepto de Club House nace en el Siglo XVIII, como componente central de los Gentlemens’ Clubs ingleses, reemplazando a las cafeterías como punto de reunión para la aristocracia británica, muchas veces ligada a la corona. Con el correr del siglo pasado, el concepto no solo se abrió más allá de los círculos de elite monárquicos, sino que se internacionalizó, adquiriendo el rol y el color de la idiosincrasia local. En la India, el Club House sigue siendo un sitio de reunión para los miembros de clubes cuya membresía permanece en el anonimato. En los Estados Unidos, es la institución central de los Country Clubs, clubes de golf que en la mayoría de sus casos no habitan a sus miembros. En la Argentina, el concepto del Country lleva implícito su status de Barrio Privado; es un club, pero sus miembros viven en él. El Club House entonces toma otro rol, que hoy se encuentra cambiando, a la vez que cambia el concepto del Country.

Néstor "Bocha” Molina fue, durante buena parte de las últimas dos décadas, el encargado de prestar servicio a la parte gastronómica de varios de los Club House pioneros de la región, además de estar a cargo a través de los años de diversos establecimientos gastronómicos en Monte Grande. No duda en afirmar que el Club House, comparado con un restaurante a la calle, es un concepto "completamente distinto.”


"No tiene nada que ver lo que es manejar un restaurant tradicional digamos, a la calle, en una ciudad, con la manera en la que funciona un restaurante dentro de un barrio cerrado. Inclusive, comer ahí es mucho más barato, porque la intención es que sirva como lugar de reunión para una comunidad. Entonces, se trabaja para un grupo reducido de gente, y que para ellos es como comer en su casa. El Club House es parte de su casa, como lo son las demás instalaciones del Country, entonces el servicio que ofrecemos tiene que ser necesariamente distinto”.

                 El House cumple, primero que nada, una función social dentro de la institución. Es el lugar central de reunión para toda una comunidad. 

El modelo original del Club House, con un restaurant y cafetería que servía como punto de reunión, hoy parece estar extinguiéndose y es prueba de ello, las dificultades que atraviesan quienes manejan las concesiones de dichos restaurantes. En la mayoría de los casos, los concesionarios no duran más de dos años; el negocio deja de ser rentable y el servicio se deteriora. En otros, se barajó la posibilidad de cobrar dentro de las expensas del barrio una consumición compulsiva que permita mantener al restaurant en funcionamiento, o se traslado el peso de sueldos y cargas sociales de los empleados del mismo al presupuesto general del Country.

"Es muy notorio como bajó la cantidad de gente que va a comer al Club House” – continúa Molina – "en lugares donde hace diez años llegábamos a servir 200 cubiertos por noche, hoy no creo que lleguen a los 50,”

 "Hoy ya no es lo mismo que hace 20 o 30 años, cuando empezaron los primeros Countries. Aquella generación hoy ya está muy grande, muchos fallecieron y otros se mudaron. Y la generación nueva que lo reemplazó ya no va más al Club House”, remarca Néstor "Bocha” Molina, quien ha manejado la concesión del servicio gastronómico en varios Countries de Canning, desde hace más de dos décadas.

Las causas que explican el fenómeno, van de la mano de la transformación cultural, demográfica y comercial que experimentó Canning. En los albores de la ciudad como tal, se contaban con los dedos de la mano las opciones gastronómicas de la región, mayormente parrillas a la vera de la Ruta 52. Hoy, tan solo en Canning, hay más de 20 restaurantes, a los cuales se agregan los patios de comidas de Las Toscas y Canning Plaza Central. Además, creció su zona de influencia, abarcando también el corredor Ezeiza-San Vicente.

"Hace un tiempo no había más opciones, en Canning no existían prácticamente los restaurantes. Entonces el Club House, aparte de ser un lugar de reunión, era la opción más cómoda para ir a comer en familia”, explica Molina. "También los grupos de deportes, los equipos de fútbol y de tenis, la gente que jugaba al golf; todos iban a comer al House”.  Sumado al crecimiento comercial, el desarrollo de infraestructura también jugó su rol al facilitar la comunicación entre Canning y las ciudades aledañas. "La gente no tenía donde ir a comer a Canning, y tampoco tenía ganas de irse a Monte Grande, por ejemplo. La Ruta 205 hace 10 años era un desastre, oscura y peligrosa, con doble sentido de circulación. Hoy los accesos son mejores, entonces todo queda más cerca y más fácil de acceder. La gente lo pensaba dos veces antes de subirse al auto e irse.”

Más allá de la merma en la clientela que pudo haber implicado la apertura del juego a nuevas opciones extramuros, existe también un cambio en la identidad social que hace a la población countrista, y que quizás el Club House como concepto no ha sabido acompañar. En palabras de Molina, "hoy la gente no se queda”.

"Antes todos iban a la pileta del Country, entonces podías tener un bar funcionando en buenas condiciones en el lugar. Hoy cada casa tiene su pileta, y con poca gente en la pileta del club, el bar deja de funcionar” explica Molina. "Lo mismo está pasando con los restaurantes dentro de los Club House. Las nuevas generaciones no se reúnen, y si lo hacen, van a comer afuera. Pero el tema va más allá de que la gente elija otros lugares donde ir a comer, también el Country en si fue perdiendo su función social, y pasa en Canning  como pasa en todo el país.”

"Las nuevas generaciones de countristas no buscan una participación tan activa dentro del Country, entonces los espacios comunes empiezan a perder peso. En las colonias de vacaciones, en algún momento servíamos 600 meriendas entre varios barrios; hoy esos números son impensables, y no es porque haya menos chicos, es porque las familias en si ya no participan tanto. No solo creció la zona, sino que también la gente de cada barrio se abrió más y quizás ya no necesita tener un restaurant adentro del Country como lugar de reunión, porque su actividad social ya no pasa tanto por esa comunidad”

Al finalizar, "Bocha” retoma la idea con la que comenzó la entrevista, y sugiere que quizás no solo el Club House como concepto requiere cierta adaptación a la comunidad actual, sino quizás también sea necesaria una mejor adaptación del sector gastronómico al concepto original.

"El House es completamente distinto a cualquier restaurant tradicional, y quizás algunos concesionarios no pudieron adaptarse y por eso también terminaron yéndose. En un restaurant, la clientela se renueva constantemente, y si bien existe un grupo de gente que habitualmente viene y que forman una clientela estable, como mucho vienen una vez por mes o cada dos meses, y generalmente no se conocen entre ellos. Adentro del Country es distinto. Los clientes son todos los mismos y salvo en el caso de alguien que recién se muda, no ves caras nuevas. Y los clientes, además de ser siempre los mismos, vienen todos los fines de semana. Y encima de eso, entre ellos, son vecinos, practican deportes juntos, se conocen, los hijos son amigos. Entonces tenés muchísimo menos margen de error. Cualquier error que cometas, ya sea con la comida, con la atención o con lo que fuere, cuesta mucho más caro, porque todos son clientes estables y todo lo que pase se va a comentar entre ellos.” En el mismo tono, remarca Molina que "la onda que tenés que tener tiene que ser distinta. No podes atender con mala cara, porque el fin de semana que viene, al mismo tipo te lo volvés a cruzar. Aparte, hay que entender que para el countrista, ir a comer al House es ir a comer a su casa. Nadie quiere que lo atiendan mal nunca, pero es mucho menos tolerante si lo atienden mal en su propia casa.”

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