CANNING - SOCIEDAD

Desde Canning se crean SonRisas

En Julio de 2004, en el seno del Country Mi Refugio, surgió SonRisas. La ONG centra su acción solidaria en los niños en situación de riesgo, usando al juego como principal herramienta de inclusión.
jueves, 20 de agosto de 2015 · 17:44

Desde un lugar absolutamente voluntario, con espíritu solidario y sin afiliaciones políticas, religiosas ni económicas, Crear SonRisas cumple once años en su misión de inclusión. La idea de ayudar nace desde una institución pionera, que en el año 1966 se convirtió en el primer Country de una localidad a la cual hoy, son los Countries los que la definen.

"La idea surgió un 3 de Julio, en el año 2004, cuando nos propusieron a mi y al resto del Grupo de Líderes (N de la R: Los Grupos de Líderes son cursos que realizan los Countries, donde se capacita a los jóvenes countristas, de más de 18 años, para que participen como docentes en las actividades de la colonia de vacaciones del propio Club, con los niños más chicos) a realizar una jornada solidaria en el merendero de la Sociedad de Fomento de Las Flores, que quedaba lindera al alambrado del Country”. Quien habla es Martin Ferreira, originario de Mi Refugio y uno de los fundadores de la ONG que hoy en día recibe a más de quinientos chicos por semana en su sede propia, en DIRECCION.

Al igual que el resto del país, el barrio enfrentaba en aquel momento la vulnerabilidad post colapso del 2001. El aumento en la tasa de desocupación trajo consigo un aumento en los indicadores de pobreza e indigencia. "Si bien conocía en los papeles cual era la situación, ese  de Junio marcó un antes y un después en mi vida; ahí le puse imagen, le puse una cara a la pobreza sobre la que leía. Armar aquella primera actividad fue como enfrentarse contra una pared de prejuicios, y los primeros  y más duros que tuve que enfrentar fueron los míos propios”, continúa Ferreira. "No sabíamos cómo nos iban a recibir, como nos iban a mirar, por ser del Country, porque por más que éramos vecinos, nos separaba un abismo. No sabíamos si los chicos nos iban a dar bola, si se iban a interesar, como iban a responder. Y tampoco sabíamos como íbamos a responder nosotros, con nuestros propios prejuicios a cuestas. Sin embargo, al primer choque, todos los prejuicios se desvanecieron. Los chicos son chicos, juegan, se divierten, tienen la misma pureza y la misma inocencia de los dos lados. Nosotros teníamos la experiencia de trabajar con los chicos de Mi Refugio, y si bien es cierto que aparte de un alambrado hay todo un mundo que los separa, también hay un mundo que los une, que es el de la niñez.”

"Después de ese primer encuentro, quedamos muy ligados a la Sociedad de Fomento,  y lo que empezó como una actividad puntual se convirtió rápido en algo de todos los meses. Y si bien al principio nos acercábamos más que nada con donaciones, nos dimos cuenta que lo que más hacía falta era establecer vínculos, generar un espacio de esparcimiento y de contención. Al principio, trabajábamos dentro de la misma Sociedad de Fomento, y con el tiempo nos fuimos organizando, buscamos el nombre, sumamos a más voluntarios y profesionales que trabajan con nosotros y finalmente conseguimos nuestro propio espacio, que todavía estamos armando.”

Hoy, SonRisas trabaja con más de 500 chicos del distrito. Entre psicólogos, asistentes sociales, nuevos egresados del Curso de Líderes de Mi Refugio y otros voluntarios – muchos de ellos vecinos de Canning – suman 84 personas que aportan al trabajo constante que realiza la ONG en su Centro Social y Solidario, con su recientemente inaugurado polideportivo.

"Nuestro trabajo actual se funda en tres pilares” explica Martin Ferreira, "las actividades pedagógicas, - que incluyen un Jardín de Infantes llamado Sonriseritos, un curso de Educación Sexual y Prevención de Adicciones para chicos a partir de 12 años y su propio Curso de Líderes -, el programa de contraprestación, donde ofreciendo una hora de trabajo comunitario en el barrio, las familias se autoproveen con lo que necesiten, desde comida hasta electrodomésticos; y finalmente la interacción de la Centro con el Estado, la Escuela y las familias. El nuestro es un trabajo complementario al de los tres.”

"A mi y a todos los que formamos SonRisas, nos cambió la vida”, concluye Ferreira. "Nos dimos cuenta de lo necesario que era hacer algo de a poco, nos fuimos dando cuenta de todo lo que somos capaces. Como decimos siempre, nadie es tan fuerte como para cambiar todo solo, pero nadie es tan débil como para no poder hacer nada”.

 


Para colaborar con "Sonrisas”:

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