HISTORIA LOCAL

El Viejo Canning - Parte I

La ciudad atravesó, en menos de cincuenta años, la transformación demográfica, económica y cultural que a otras ciudades del resto del país le llevó más de un siglo. Desde la primera parada rural, pasando por el enclave de la comunidad judía al boom inmobiliario y comercial actual, repasamos la historia de una ciudad en constante movimiento
martes, 15 de septiembre de 2015 · 07:10

Hace no mucho más de cien años, la Compañía General de Ferrocarriles en la Provincia de Buenos Aires, - una empresa francesa que había obtenido licitaciones a principio de siglo para operar en la provincia, desafiando la hegemonía británica -, inauguraba su ramal G3, un tren de carga de trocha métrica que conectaba Gonzalez Catán con el Puerto de la Ciudad de La Plata.

El 8 de Febrero de 1911, se incorpora al trazado una estación en un paraje rural desolado, en lo que era entonces parte de la localidad de San Vicente. Como un gesto de caballerismo para con los operadores británicos con los que competía la compañía francesa, se decide bautizar a la nóvel estación con el nombre del diplomático inglés George Canning. Un nombre que luego serviría de termómetro de las relaciones argentino-británicas, con los sucesivos rebautismos de la actual Av. Scalabrini Ortíz. Un nombre que más adelante en el tiempo, se volvería prácticamente un sinónimo de desarrollo, al hacer referencia a nuestra ciudad.

Desde aquella estación de carga, desmantelada en 1968, hasta el día de hoy, la región ha cambiado de dominio primero por la creación del Partido de Esteban Echeverría, en 1913, y luego en 1994, dividida en dos cuando en la creación del Partido de Ezeiza, se decidió tomar como límite entre ambos partidos a la actual Avenida Mariano Castex.

La Ruta 52, en la época de la Compañía General de Ferrocarriles, no era más que un camino de tierra por donde se arriaba el ganado de los incipientes campos tamberos y quintas de hortalizas que comenzaron a florecer a la vera del ferrocarril. Algunos pocos inmigrantes italianos, polacos y ucranianos se establecieron en la zona que florecía a la vera del trazado ferroviario y con ellos, llegaron los primeros caminos y primeros comercios, dando nacimiento a la primera etapa histórica de crecimiento de Canning.

El 2 de Febrero de 1932, Don Lorenzo Cresmani toma habitación en su primera casa, en lo que luego se convertiría en uno de los puntos neurálgicos de la incipiente localidad, el almacen de ramos generales"La Nueva Era”. Cuenta la leyenda que por sus mesas pasaron Juan Manuel Fangio y el mito del Turismo Carretera, Juan Gálvez. Es cierto que en sus mesas, en 1964, se sentaron los ingenieros Carlos Peisajovich y Daniel Perelmuter, con los planos de lo que se convertiría en el primer Country de la región, Mi Refugio.

La historia de la familia Cresmani está ligada a la historia de Canning. Don Lorenzo, italiano nativo de Génova que había llegado al país en el ’31, se instaló en la zona gracias a un plan de loteo del Gobierno Nacional, cuando no existía allí más que una estación de tren, un camino asfaltado – la actual Ruta 205 – y el "Camino de las Flores”, un camino de tierra que corría por la actual traza de las Rutas 52-58, hasta San Vicente. El asfalto de la 205 llegaba solamente hasta donde partía el Camino de las Flores.

Don Lorenzo, junto a otros vecinos de la zona, proyectó la primera escuela, que actualmente sigue en funcionamiento. La Escuela Nro 9, que hoy costea la doble mano más colectora de la Ruta 52, fue no solamente la primera institución pública de la incipiente localidad de Canning, sino también el catalizador para que se comenzase con la obra de asfalto, que conectaba la escuela con la estación de trenes. Si bien el edificio actual data de la década del ’50, hubo distintas casas en la zona que le dieron albergue durante los veinte años que se demoró la concreción del edificio propio. En aquel entonces una escuela rural, la currícula llegaba hasta el tercer grado, y todos los alumnos tomaban clases en el mismo salón.

En la misma Escuela Nro 9 cursó sus estudios el primogénito de Don Lorenzo, Romano Cresmani, quien continuó el legado pionero de su padre y fue nombrado Vecino Ilustre de Canning, en 2009.

Lamentablemente, Romano falleció el pasado Diciembre, pero allá por el año 2010, conversaba con Diario Canning sobre la transformación que su viejo pueblo experimentaba. "Al avance del país nunca se lo puede frenar – decía Romano -; estamos muy cerca de Capital Federal y por lo tanto la zona cada vez más va creciendo; y así como mi padre siempre fue un tipo de progreso, yo también siempre tuve esta idea de crecer y progresar”. De hecho, la Comisaría Cuarta de Canning, sobre la Ruta 52, surgió también por iniciativa de Cresmani junto a un grupo de vecinos pioneros, que habían formado una comisión para solicitar un patrullero que recorriera la zona. Con el correr de los años y el crecimiento demográfico, ese patrullero se convirtió en una comisaría completa.

Si bien el almacén de ramos generales cerró sus puertas definitivamente en el año 1986, el ramal de la línea 501 que llega hasta Canning – actualmente, el ramal 9 – que durante el día termina en Sargento Cabral y Escribano Vázquez, todavía anuncia que su recorrido reducido en las horas de la noche llega "hasta Cresmani”, casi hasta la esquina de Sargento Cabral y Castex. A metros de esa esquina, todavía mantiene abiertas sus puertas otra de las instituciones vivas de la histórica Canning, el bar "Los Lusitanos”.

"Los Lusitanos” es atendido por sus dueños, Manuel Amaro – portugués, llegado a la argentina en 1953, y uno de los primeros habitantes de la zona -, junto con sus hijos Jorge y Marcelo. Manuel llegó a la Argentina a trabajar en los hornos de ladrillos, que junto al tambo y las huertas eran la industria preponderante de la naciente Canning. "Cuando mi viejo llegó, había cuatro casas. Lo demás eran todos hornos, tambos y quintas. Todo el loteo de lo que ahora es el barrio Don Marcelo, desde Sargento Cabral hasta el Monte Grande Rugby Club, eran hornos de ladrillos” cuenta Jorge Amaro sobre su padre.

"Acá en frente, entre lo que ahora el triángulo entre Sargento Cabral y Castex, había unas bases de madera donde se subían para cargar los tarros de leche al camión que se lo lleva para distribuirlo” cuenta Manuel , "y por los caballos que traían los carros con los tarros de leche, esta parte quedaba siempre empantanada, era todo un barrial”.

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