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El Límite de la Privacidad

Seguridad privada, alambrados perimetrales electrificados, circuitos cerrados de cámaras de vigilancia, control de accesos. Las aristas de la vida en un barrio privado fueron plantados como una medida ante la inseguridad, pero otorgaron también a sus residentes cierto grado de autonomía de las fuerzas policiales. ¿Pero qué pasa cuando la guardia no es suficiente?
martes, 05 de enero de 2016 · 07:46

Cerca de medianoche, en uno de los countries de Canning, un hombre llega a su hogar. Con escalofriante paciencia, toma un bidón de querosene y se dispone a rociar cada ambiente de la casa, ante los gritos desesperados de su esposa. Aparentemente, ella mantenía una relación clandestina con su personal trainer, relación que su esposo sospechaba pero no había podido probar hasta esa noche.
La mujer, ante la indiferencia impávida de su marido, toma a sus hijos y sale de la casa. Mientras se aleja, llama entre lágrimas al 911. "Está loco, va a quemar la casa”, repite la mujer a la operadora, que se dispone a enviar un móvil policial con la urgencia que amerita el caso.
El hombre, mientras tanto, termina de rociar la casa; enciende un fósforo y se aleja. Mientras ve su casa quemarse hasta los cimientos, espera fumando, sentado en uno de los juegos de plaza del country. Habiendo pasado ya el tiempo suficiente como para que el quincho se desplome y el incendio comience a propagarse a los demás ambientes de la casa, llega el móvil policial. Con la misma calma con la que le prendió fuego a su propia casa, en venganza por el affaire del que acusaba a su esposa, el hombre se entrega.


El relato es ficticio, pero las similitudes con la realidad no son coincidencia. En la meca de la seguridad, un móvil policial puede tardar en llegar al lugar del hecho el tiempo suficiente como para que una casa se queme hasta los cimientos.

Hace cerca de un mes, una mujer intentó prender fuego a su marido, quien terminó hospitalizado por las heridas que le causase su cónyuge.Antes de que la Policía pudiese intervenir, debió demorarse unos minutos en la entrada del barrio, llamando la atención de los vecinos que entraban y salían.

La demora fue mínima, pero ante una situación de emergencia como la que estaba ocurriendo, genera interrogantes sobre la eficiencia de la interacción entre dos aparatos de seguridad que trabajan bajo marcos completamente diferentes, con distintos niveles de autoridad pero también con distinta influencia sobre la vida cotidiana de los vecinos del country.

Desde la Comisaría 4ta de Canning, ubicada sobre la Ruta 58 y con jurisdicción sobre la mayoría de los countries y barrios privados de la ciudad, no son ajenos al problema. Voceros de la dependencia manifestaron que en ocasiones, han tenido dificultades no solamente para ingresar, sino también para dejar notificaciones y citaciones. Las demoras al momento de franquear el ingreso a través de la compañía de seguridad fueron las mismas tanto en operativos programados como en respuesta a llamadas al 911, situaciones en las que el tiempo es crucial.

"Hay veces que te frenan, y nos demoramos mientras los guardias de seguridad notifican al presidente o a la comisión directiva de que está ingresando un móvil. Ellos mismos nos han manifestado en ocasiones quehan recibido directivas no de impedir el ingreso, sino de intentar evitar que se involucre la policía, y de tratar de resolver los problemas internos del country sin intervención de las fuerzas de seguridad ajenas al barrio”, comentó la misma fuente.


En el año 2010, la Dirección General de Fiscalización de Agencias y Seguridad Privada, bajó la órbita del Ministerio de Seguridad de la Provinicia de Buenos Aires –dirigido en aquel momento por Carlos Stornelli-, y en consenso con la Federación Argentina de Clubes de Campo y la Cámara Argentina de Empresas de Seguridad, emitió una serie de normativas a fin de fluidificar la relación entre el puesto de guardia y la fuerza policial.

En la misma, se establecía en primer lugar la obligatoriedad de contar con un botón de pánico que notifique inmediatamente a la dependencia policial correspondiente ante la sospecha de un hecho delictivo, y también del protocolo que se debía seguir para facilitar el accionar de los efectivos dentro del barrio privado.


La normativa indica que "en caso de denuncias al Sistema de Emergencias 911, o reportes por el sistema de alarma instrumentado, el correspondiente despacho policial de la dependencia policial más próxima, deberá identificarse en el puesto de guardia y con la asistencia de un vigilador que los oriente respecto de la ubicación de alguna vivienda o lugar en particular, ingresarán al predio. El vigilador permanecerá con el/ellos efectivos policiales hasta que se retiren del lugar. El mismo procedimiento deberá cumplirse en caso de intervención de grupos policiales especiales, como la Brigada Especial Operativo Halcón de la Provincia de Buenos Aires, en caso de tomas de rehén u otra circunstancia que aconseje su intervención. Bajo ninguna circunstancias la guardia de seguridad deberá anunciar telefónicamente la concurrencia policial al lugar.”

Asimismo, en el caso de citaciones o allanamientos, establece que "el puesto de guardia deberá identificar a los efectivos policiales y solicitarles la orden judicial o el oficio de citación, que deberán leer detenidamente para asegurarse que se trata de un procedimiento en lugar correcto y respecto de personas reconocidas. Rige el mismo procede con respecto a evitar el anuncio telefónico (excepto en el caso de las citaciones) y el acompañamiento al interior del predio.”

El protocolo vigente no siempre se cumple, si bien en la mayoría de los casos, el funcionamiento se encuentra aceitado.

Eduardo Polverelli, presidente de Venado II, comenta que en la comunidad que preside "esta clara la jurisdicción de la Policía dentro del country. En mi opinión, no puede la guardia impedirle ni dificultarle el acceso a la policía si necesita entrar porque hay un llamado o una denuncia.”

"Sé que es un reclamo de la comisaría, y que hay algún conflicto con algunos barrios que no quieren que tenga mucha injerencia”, comenta Polverelli. "Nosotros tenemos una postura diametralmente opuesta. Desde hace ya varios años, tomamos el servicio de seguridad como un servicio propio, y tenemos en el barrio a vecinos que pertenecen a distintas fuerzas de seguridad y que están a cargo del servicio."

"Se formó con ellos una pequeña subcomisión de seguridad, que es la que ha estado a cargo de la logística interna y también ha funcionado como nexo con la Comisaría de Canning. En los contactos que tuvo esta comisión con la Policía, nos han manifestado esta realidad. Ellos interpretaban que los barrios no quieren que la policía se meta, y nuestra intención es cambiar esa percepción para conseguir un trabajo más fluido y más eficiente. Nosotros lo que necesitamos es que cuando hay un llamado, la policía intervenga, pero también necesitamos que la gente confé en la Policía”.

Dentro de la órbita misma de Venado II, han ocurrido en el último tiempo hechos que requirieron intervención policial, y según su presidente, fue gracias a esta colaboración entre su comisión interna de seguridad y la comisaría local que se consiguió una mejora en la eficiencia del servicio.

"Hace ya casi un año, tuvimos una situación en la cual se detectó una posible intrusión dentro del country. Nosotros tenemos instalado un sistema de cámaras perimetrales e internas, que son más de 200 cámaras, distribuidas entre las del cerco y las tres cámaras por cuadra que tenemos dentro. También instalamos un sensor de movimientos en el perímetro, y así fue como en aquella ocasión encontramos un alambrado que habían intentado abrir, sobre el fondo del country."

"Detectamos la intrusión, se llamó al 911, también para proteger al personal de seguridad en caso de que fueran personas armadas. Desde el momento que llamamos hasta que apareció el móvil policial, pasaron casi 45 minutos. Después de tener las entrevistas con la gente de la Comisaria de Canning, que con nuestro barrio tuvo siempre una excelente predisposición, nos contaron todo el circuito que se hace desde que se hace una llamada al 911 hasta que se comunican con la comisaria. Empieza por la central en la plata, y recién después de una cadena de 5 o 6 llamados llega a la comisaría. Entonces, establecimos un protocolo para comunicarnos directamente con ellos, y ha funcionado de maravillas. Hace una semana atrás, nuestro servicio de seguridad detectó que cerca de las dos de la mañana, había dos personas con actitud sospechosa merodeando en el alambrado que da detrás del country, que da a un terreno baldío. Se activó el protocolo, y en menos de cinco minutos había personal de la guardia y personal policial en el lugar, que se hicieron cargo de la situación”, cuenta Eduardo Polverelli.

La Comisaría de Canning es dependencia de la Policía de la Provincia, y está bajo la órbita del distrito de Esteban Echeverría. Su creación misma fue resultado de la iniciativa de los primeros countries que se instalaron en la zona, por lo que su relación simbiótica existió desde sus inicios.
En este sentido, Leonardo Gomila – presidente de Echeverría del Lago -, recuerda que "desde siempre, los barrios hemos tenido una excelente relación con la comisaria, en la que se ha intentado facilitarnos el trabajo mutuamente. Particularmentedesde Echeverría del Lago, siempre se priorizó el diálogo, la colaboración.

"Creemos en que hay que acostumbrarnos a dar y recibir en igual medida, por eso siempre colaboramos con la policía. Es algo que existió siempre en los barrios, antes había colaboradores policiales, hoy tenemos un jefe de seguridad que funciona como nexo y que asegura que la relación sea siempre fluida, y que se pueda trabajar en equipo.”

"Nos ha pasado, en Diciembre del año pasado, que para la época de las fiestas tuvimos un problema entre vecinos, un hecho de violencia doméstica. Hubo un llamado a la policía, y cuando se presentaron en el puesto de guardia se siguió el protocolo que está establecido para estos casos, y no hubo ningún inconveniente para que puedan entrar”, agrega Gomila.

En el country vecino, Campos de Echeverría, su presidenteJorge Javkin también aseguró que no existen demoras para ingresar al country, y que inclusive en caso de que exista una fila de autos en el acceso principal, existe una entrada alternativa habilitada para patrulleros, ambulancias y bomberos.

"Nosotros nunca hemos tenido incovenientes, si bien el hecho de tener constantemente a dos efectivos de la Policía Municipal en la puerta (N de la R: se refiere a los efectivos que custodian el Colegio Grilli, que está pegado al country) hace que la interacción sea mucho más fácil. Pero me ha pasado en otros countries a mi mismo, que para ingresar como visitante el proceso es tan exhaustivo, con dobles controles, revisaciones excesivas; el ingreso se demora para el vecino común, se forma una fila de autos imposible, y si no hay un acceso alternativo, por más de que los protocolos se cumplan, se hace muy difícil para la Policía poder ingresar”, agrega Jorge Havkin.

Durante finales de los años ’90, la "seguridad” era el principal motivo detrás de aquello que se llamó el "fenómeno country”; la emigración masiva hacia urbanizaciones cercadas. Desde entonces, el concepto de la vida dentro de un country ha vuelto a mutar, y se ha enriquecido al recuperar el sentido de comunidad y vida al aire libre que había motivado su concepción original. Sin embargo, la seguridad nunca dejó de estar entre los temas prioritarios. El siguiente desafío, en todos los aspectos, es entonces el de establecer la correcta interacción entre las distintas comunidades de cada country, con la metacomunidad a la que pertenecen, la ciudad y el distrito. En el caso de su interacción con las fuerzas de seguridad, cabe preguntarse:¿dónde está el límite de la privacidad?

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