CANNING

El primer almacén de Canning, historia viva del lugar

La Lusitana es uno de los comercios icónicos de la zona, con más de 50 años de experiencia y siempre atendido por su dueña, Gloria De Amaro, quien amablemente nos relata sus vivencias a lo largo del tiempo.
miércoles, 15 de junio de 2016 · 15:32

Si de historia viva de Canning queremos hablar, es imposible que La Lusitana no sea mencionado en la conversación. El comercio que abrió allá por el 1960, cuando los primeros habitantes del lugar comenzaban a construir sus casas, la calle era de tierra y transitada por carros de caballos, sigue vigente hasta el día de hoy. Ubicado en la calle Sargento Cabral al 2076 -junto al bar que lleva el mismo nombre-, el local es abierto cada mañana por su dueña, Gloria De Amaro, quien continúa al frente del mostrador.

"Cuando decidimos venirnos para acá con mi esposo, lo único que había era un horno de ladrillos al lado de este terreno, con el cual comenzaron a construir el primer country de la zona. A partir de ahí comenzó a venir más gente, asfaltaron la calle y entonces yo, como mi marido trabajaba, pensé en abrirme algo en el jardín de mi casa, para no aburrirme. Empecé con una especie de kiosquito, fui trayendo cosas que veía que las personas de acá necesitaban pero se tenían que ir hasta Monte Grande o más lejos para conseguirla, y así fuimos creciendo”, relata la mujer nacida en Portugal, con su acento aún a flor de piel.

Gracias a ser uno de los comercios que fue creciendo codo a codo con la zona, Gloria conoce a todos y cada uno de los clientes que asisten al local, con quienes ya posee una relación desde hace varios años: "La gente que viene habitualmente es la del barrio, con quienes ya nos conocemos de toda la vida. Yo atendía a nenes que iban al colegio, que hoy en día son abuelos y siguen viniendo acá”. Sin embargo, no solo las personas de las casas aledañas son quienes compran en el antiguo local, ya que "A pesar de que no tengo muchas cosas de marca, los vecinos de los countries también se acercan, porque saben que acá encuentran los productos más chiquitos que no consiguen en otro lado, y además también nos conocen por el tiempo que llevamos abiertos”.

 

 

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Con el correr de los años, la urbanización y el desarrollo que ha sufrido Canning, el ambiente de barrio que inundaba el lugar y el aire campestre que se respiraba, ya no es el mismo, y sobre eso reflexiona la señora De Amaro: "La tranquilidad y la paz que había cuando nos mudamos para acá era distinta, éramos pocos y nos conocíamos todos. Hoy en día el barrio ha crecido, se ha venido mucha gente para acá y la actividad en la calle es otra. Ya no es más el fin del mundo, como cuando llegamos nosotros, se convirtió en algo muy lindo”.

Si bien en el último tiempo la venta y las ganancias del negocio han ido mermando, Gloria sigue firme al frente del mismo, más activa que nunca y con las convicciones siempre firmes: "Con los aumentos que hubo durante estos meses y la llegada de grandes marcas a la zona, se hace cada vez más difícil competir con ellos. Sin embargo no tengo pensado cerrar en ningún momento, porque mi intención no es estar todo el tiempo echada en un sillón, o hacerme millonaria, sino que lo que a mí me reconforta, me hace sentir útil y viva es abrir el local todos los días”.

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