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Canning

Adoptemos Todos: salvando perritos en Canning

Dos jóvenes llevan adelante un grupo que rescata perros de la calle en Canning, los cura y los da en adopción. Fueron reconocidas por Patitas en la Calle, una ONG nacional, como las únicas que hacen esta tarea en la ciudad.

Las dos sonríen mientras lo cuentan, sin poder ocultar la satisfacción a pesar de la difícil tarea: “hemos llegado a tener hasta 18 perros en mi casa”, recuerda Sofía, dueña de casa, y creadora de la página Adoptemos Todos. No son una ONG, ni un refugio, sino simples vecinas de Solar del Bosque con mucho amor para compartir con los amigos de cuatro patas.

Sofía Mettert (22) y Brisa Arrua (20) rescatan perros de la calle, fundamentalmente de la vera de la Ruta 58, los curan, y los dan en adopción. Hacen el trabajo ad honorem, muchas veces teniendo que invertir desde su bolsillo. Estudian las dos en la universidad, y dedican cada segundo de sobra a ocuparse de los olvidados. Hay vacunas, curaciones, pero sobre todo castraciones, que las dos adolescentes afrontan sin mirar a quién, y sin pedir ayuda. “No nos gusta pedir dinero, preferimos que nos ayuden con aquellas cosas en las que se gastaría el dinero: remedios, o alimentos, por ejemplo”, le contaron esta semana a Diario Canning.

La castración, el punto clave

"Sería ideal que desde el área de zoonosis se haga más énfasis en la castración, con más camionetas, castración masiva, porque ese es el gran problema”, cuenta Sofía. “Nosotras castramos, castramos y castramos, pero con dos o tres personas que se dediquen a eso no alcanza”, insiste. La castración hace años es un tema de agenda en la cuestión de zoonosis. Los perros en situación de calle se reproducen sin control, y hasta perros de casa que se escapan reproducen con perros de la calle, y luego esas familias quedan a la deriva.

Bruce, un luchador

La historia de Bruce, uno de los perritos que todavía tienen bajo su cuidado, se convirtió en casi un estandarte por lo compleja de su lucha. “Lo vimos en el refugio Patitas San Vicente y era el más flaquito, se pegaba la cabeza contra la pared, lloraba, estaba muy mal, y lo llevamos”, cuenta Sofía. Un veterinario les dijo que existían altísimas posibilidades de que no sobreviva, pero además de que era prácticamente inevitable que el pobre animalito termine ciego. Hoy ya está estable, lejos quedó la posibilidad de la ceguera, y sonríe a la cámara porque ha perdido el miedo de socializar.

         BRUCE ANTES                                                             

         BRUCE DESPUÉS                          

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