SOCIEDAD

Vecinos y comerciantes a la deriva en la Ruta 58

Personas que viven desde hace más de cincuenta años en la zona coinciden en que “el lugar nunca estuvo en peor estado”. La supervivencia de los locales pende de un hilo y “con el paso del tiempo se está volviendo imposible mantener abierto”, según indicaron.
lunes, 01 de julio de 2019 · 15:20

El caos causado por la postergada ampliación de la Ruta 58 no solo tiene consecuencias en el tránsito de la ciudad. Si bien los embotellamientos, los choques y las muertes sobre el pavimento son los factores que más a menudo vemos y padecemos, otra de las caras de los incumplimientos de parte de la Dirección de Vialidad de la Provincia de Buenos Aires es cómo han afectado durante los últimos cuatro años a vecinos y comerciantes en particular.  

Los casos de la pizzería “La Farola” y el vivero “La Cascada” son dos de los más emblemáticos. Estos comercios están en sobre la colectora de la ruta, frente al country Saint Thomas Norte-Sur, y han quedado prácticamente aislados del resto de la zona. Además de que esta calle está en pésimas condiciones y resulta muy difícil de transitar, en épocas de lluvia sufre graves inundaciones, y posteriormente lidian con días enteros de un barrial que deja estancadas hasta a las camionetas más portentosas de la zona. “Esta es una zona hermosa, pero se ve completamente afectada por todo esto. Caen dos gotas de agua y acá es un pantano”, describió Claudia Paz, vecina de Canning y dueña de “La Farola”. 

Este negocio atendido por la propia familia empezó a recibir cada vez menos clientes desde que las máquinas llegaron a su ubicación. De a poco se vieron obligados a retirar las mesas en el exterior del local, hasta que finalmente los vecinos dejaron de asistir a la pizzería, que hoy en día subsiste solamente gracias a su servicio de delivery, que llega hasta el country Malibú: “Hoy en día pienso en cerrar el local. El producto que hacemos es muy bueno, y si estuviéramos en otro lugar trabajaríamos como tenemos que trabajar. ¿Quién va a venir a este lugar que ni iluminado está? Dejaron todo muy abandonado y totalmente deteriorado”, reprochó Paz.  

Los vecinos de esta zona también se ven gravemente perjudicados por el estado de la colectora. Varios de ellos viven hace más de cincuenta años allí, y aseguran que las condiciones en las que viven hoy son las peores que se hayan visto en la historia de la ciudad. Tal es el caso de Francisco Weselka, vecino de Canning desde hace 76 años y uno de los principales afectados: “El frente de mi casa se inunda muchísimo. Además, con el pastizal que hay y la falta de iluminación es ideal para los ladrones. Ya en diciembre me tocó a mí, que me desvalijaron mi casa. Nunca vi tan fea esta zona como ahora, y nunca vino nadie de Vialidad a explicarnos por qué dejaron todo así nomás tantas veces”, explicó.  

A pocos metros de su hogar vive Faustina Marión, que reside en Canning desde el año 1962. “Algo que sufrimos mucho es el abastecimiento. No tenemos gas y los camiones de garrafas no quieren entrar, las ambulancias tampoco, es terrible. Si algo le pasa a algún anciano acá se muere directamente. En las condiciones en las que está todo el camino es un peligro para nosotros salir, así no se puede vivir”, se quejó. Ella vive junto a su madre, de 98 años, y asegura que llegar al Hospital de Ezeiza se vuelve una odisea. Maneja un Fiat 600, y además padece la falta de señalización de la ruta: “Uno tiene que andar tanteando dónde doblar porque las salidas hacia la colectora de noche no se ven, es demasiado peligroso”.   

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