HISTORIA LOCAL

El Viejo Canning - Parte III

Tras la consolidación de los primeros countries, las últimas dos décadas fueron testigo de la explosión comercial que transformó a Canning en la ciudad que conocemos hoy. En esta tercera entrega, conversamos con los protagonistas de dicha transformación.
lunes, 19 de octubre de 2015 · 13:32

Las primeras dos entregas de nuestra saga "El Viejo Canning” cubrieron dos períodos bien definidos en la historia de la ciudad. En "Parte I”, nos adentrábamos en el viejo pueblo; desde la instalación de la estación de carga del ferrocarril que le dio el nombre, en 1911, hasta la llegada de Carlos Peisajovich y con él, el Country Mi Refugio, que fue puerta de entrada a la segunda etapa de crecimiento. Pasaron cincuenta años entre uno y otro.

En "Parte II”, conversamos con Peisajovich, y estudiamos aquel periodo que vio la llegada de los primeros countries, hoy verdaderas instituciones de la localidad. Entre la inauguración de Mi Refugio y la de la primera etapa de Saint Thomas – inaugurada en el ’96, primero de los countries "modernos” -, pasaron cuarenta años.

Esta tercera entrega cubre el periodo en el cual el desarrollo comercial cambió radicalmente la cara de Canning. Las ventanas de tiempo elegidas no son azarosas; no solamente se coinciden con los hitos que marcaron cada cambio de época, sino que también reflejan la vertiginosidad con la que la ciudad se consolidó. "El Viejo Canning – Parte III”, abarca poco más de diez años.

"La última etapa de Canning fue realmente la del desarrollo comercial, la del momento en que la gente o el mercado entendió cuál era el potencial que teníamos en las manos”, explica César Giuggoloni, CEO del Grupo GIU; uno de los artífices que transformó aquel potencial en una realidad.

En el año 2006, se inaugura Canning Design -actualmente parte del complejo Plaza Canning -, a la vera de la Ruta 52; en ese momento, aún de una sola vía con doble mano. La aparición del edificio fue imponente. No solamente era el punto más alto de Canning, y su edificación más grande, sino que por su particular diseño – con una calle propia bordeada por los dos edificios originales, más una plaza interna con gazebos – daba la impresión de ser una manzana transportada entera desde una ciudad que todavía no existía.

"Nosotros vivimos en Saint Thomas desde el año 2000. En ese momento, como desarrollista y como vecino, entendí que Canning tenía un potencial, quizás no igual que el de Pilar, pero si parecido. Canning Design se inaugura en el año 2006, que fue cuando todos empezamos a tomar conciencia de lo que teníamos en las manos”.

"Mucha gente de los barrios se iba de Canning, o lo pensaba dos veces antes de venir, porque no encontraba una cobertura comercial acorde con lo que residencialmente ya era la zona. En los primeros años 2000, estaba la estación de servicio, un almacén, un ranchito en la esquina de Dupuy que vendía verduras y algunas cosas por el estilo, y no mucho más. No había un kiosko, no había una heladería, no existía un lugar de referencia que nos diera identidad. Cuando decíamos que éramos de Canning, nadie sabía dónde quedaba.”

Para el año 2006, cuando se inaugura Canning Design, ese potencial del que habla Giuggoloni comenzaba a aflorar. Para el mismo tiempo se inaugura el complejo Brisas, el primer shopping con locales de venta directa al público en general.

Canning Design, tras una primera experiencia como un complejo como un complejo comercial dedicado al mercado de la construcción –"que era el más fuerte en ese momento”, explica César –, rápidamente se reinventa y empieza a tomar la forma de Lifestyle Center que hoy define a su sucesor, Plaza Canning. Canning Design albergó el primer banco, algunas de las primeras oficinas, la primera sede de la Asociación Deportiva Country Canning, los primeros consultorios médicos y odontológicos.

"Nosotros creemos que la gente que viene a pasear o a vivir en la zona, busca estar en contacto con la naturaleza, que es lo mejor que nuestra ciudad puede ofrecer. Entonces, en la esencia misma de Canning, existe este contacto también con los avatares de la naturaleza. Eso hace que a veces sea más traumático venir a nuestro complejo, pero también la mayoría de las veces nos permite disfrutar más lo que es el contexto del lugar”, explica Giuggioloni. "Es también una cuestión de identidad. Yo no quería ni quiero que Canning sea Las Vegas u Orlando, sino que sepamos dentro de este desarrollo mantener y reforzar nuestra identidad.”

Tras el éxito inicial de Canning Design, a unos pocos metros de distancia sobre la misma vereda empieza a gestarse otro complejo comercial, que hoy en día es uno de los buques insignia de la región: Las Toscas."Nosotros conocíamos el desarrollo de la zona, sabíamos que la Ruta se iba a hacer doble mano y sabíamos de todos los desarrollos de urbanizaciones que iban a aumentar la densidad de población. Desde el año 2004 que vivimos en Saint Thomas, y todos los días pasábamos por esa esquina”, explica Walter Pérez, socio a cargo del complejo.

"Nuestra primera idea fue la de abrir algunos locales; después vimos que por el momento en el que estábamos, era posible pensar en algo un poco más grande, como una galería. Cuando vimos que las marcas nos acompañaban, que era un buen momento, empezó a tomar forma la idea de hacer un shopping”.

"Descubrimos que en la zona, existía una demanda para este tipo de proyectos. Firmamos con Canning Multiplex, que fue parte importantísima de todo este desarrollo. Empezamos a trabajar para tratar de traer aMcDonald’s, que no fue nada fácil, y que nos obligó a construir una zona comercial más grande de lo que originalmente habíamos pensado. En el fondo, de lo que más estábamos convencidos es de que Canning necesitaba un lugar de encuentro, de esparcimiento. De hecho, ‘Un lugar de encuentro’ fue nuestro primer slogan. Hoy en día, el entretenimiento es lo más redituable que tiene el shopping, así que el tiempo nos dio la razón en esa idea.”

Desde la inauguración de la primera etapa del complejo comercial, en 2007, Las Toscas formó parte activa del modelado de Canning como ciudad. "Me acuerdo que en ese momento, hablé con Tomás Murphy, el desarrollador de Saint Thomas, y le dije que nosotros podíamos hacer Las Toscas gracias a lo que él había hecho con Saint Thomas. Tiempo después, él mismo me decía que Las Toscas lo había ayudado a valorizar aún más su desarrollo. Nos convencimos de que las grandes ciudades necesitan grandes emprendimientos, y que si bien es una zona natural, necesita un centro. Hoy Canning ya pasó a ser una ciudad en sí misma; de todos los distritos vecinos, Canning es un lugar de referencia”.

Si bien tanto Plaza Canning – en su primera etapa como Canning Design- y Las Toscas ofrecían en sus pisos superiores algunas oficinas, es en 2010 que empieza a gestarse lo que sería el primer complejo dedicado enteramente a este propósito: Amaneceres Office. El proyecto se desarrolló como parte del abanico de Amaneceres, la visión de Alberto Forti y Sergio Bonzo, que en ese entonces incluía ya los primeros condominios de la ciudad, sobre la calle Lacarra. Forti, al referirse a Amaneceres Office, explica como una máxima del urbanismo que "en los lugares residenciales, se pueden construir edificios de oficinas; pero en los lugares de oficinas, no se pueden crear áreas residenciales”. Entonces, tenía sentido acompañar el crecimiento de las áreas residenciales, con la oferta de un lugar de trabajo que evite tener que viajar hacia la Capital Federal, lo que transformaría a Canning en lo que él llama "un hotel de campo”.

"Nuestro primer slogan, ‘El lugar donde trabajar será un placer’, representó fielmente la filosofía detrás del proyecto. La posibilidad para el empresario de trabajar en la misma ciudad en la que vive es una ganancia en calidad de vida, que es uno de los pilares de lo que ofrece Canning como ciudad. En ese sentido, creo que Amaneceres Office se transformó en un ícono, que traccionó mucho del crecimiento que se dio en el sector, y que nosotros ya preveíamos que se iba a dar en el sentido del corredor Canning-San Vicente”, continúa Forti.

El proceso al que hacen referencia tanto Forti, como Pérez y Giuggioloni, la conformación de "Canning como ciudad”, aún continúa su marcha. La constitución de una ciudad va más allá del crecimiento demográfico, del desarrollo inmobiliario o de la oferta comercial de una región geográfica. Implica una amalgama en la que el todo es más que la suma de las partes.

En nuestro país –y en particular, en la Provincia de Buenos Aires -, hecho de inmigrantes "nómades” y extensísimas áreas de tierra, fue inevitable el desarrollo de la actividad primaria, y con ella, la necesidad de medios de transporte para las mercaderías de dicha actividad. La extensión del ferrocarril demandó estaciones de carga, que funcionaron de anclaje para el establecimiento de comunidades, que llevaron luego al desarrollo de una ciudad. Pero no fue el campo, ni la estación de ferrocarril, ni tampoco el dictamen político lo que transformó aquellas postas en comunidades; sino el desarrollo de una identidad. Es necesario, primero, un proceso de autoreconocimiento en el que puedan fijarse valores, tradiciones e intereses comunes desde la partes, para darle entidad al todo.

Quizás con algo de este concepto de identidad en mente, en el año 2001, Horacio Akselrad y María del Rosario Moore, abren las puertas de Grilli Canning College. La historia se empieza a forjar en el año ’96, en la institución madre, el Colegio Grilli, en Monte Grande.

"En ese momento se contacta con nosotros Esteban Edelstein, de la inmobiliaria Castex Propiedades, diciéndonos que habían estudiado a varias escuelas del distrito, y que tenían una propuesta para nosotros. Nos encontramos en lo que hoy es Boulevard Dupuy, que todavía no existía, y él me cuenta que dentro de tres años iban a lanzar Campos de Echeverría, que ahí iban a vivir trescientas familias y que ellos estaban interesados en complementar la oferta del barrio con la de una escuela, y que de las del distrito la propuesta que más les había gustado era la nuestra”, cuenta Akselrad.

Aquel colegio que estaba proyectado para recibir a cien alumnos, recibió más de doscientas cincuenta inscripciones en su primer año de vida. La oferta transversalmente bilingüe de Grilli Canning College, diferente a la de Colegio Grilli, supo responder a la demanda de esta nueva población que no sólo incluía a Campos de Echeverría, sino también a la de todos aquellos barrios que, empezando por Saint Thomas, consideraban a Canning como un lugar de vivienda permanente, y no sólo de fin de semana.

"Nosotros intentamos inculcar en nuestros alumnos esa idea de identidad, trabajando desde el reconocimiento de nuestros orígenes como ciudad”, comenta Akselrad. "Cuando a nuestros alumnos les preguntan de dónde son, hoy contestan que son de Canning”, agrega Charo.

Algunos de los que formaron parte de esos orígenes, son quienes también ayudaron a dar forma a la etapa más reciente de la historia de Canning. Lo que en los años setenta nació como un corralón de materiales, a cargo de Armando Vedovato, hoy es Casa Armando, una empresa dedicada a la provisión de insumos para la construcción que ha sabido acompañar el crecimiento de la ciudad que lo vio nacer.

"Ese crecimiento que hoy se ve, que uno como joven y como ciudadano de Canning lo ve, para nosotros significó una apuesta a una historia de vida. A la certeza de que ese crecimiento se iba a dar. Pusimos desde el primer momento todo nuestro mayor esfuerzo en la empresa, en la familia. Ya para esa época en la que empezamos a dar el salto, nosotros veiamos ese crecimiento, e hicimos una apuesta fuerte en que la empresa crezca y en que la región crezca”, explica Agustín Vedovato, que junto a su hermano Mauricio hoy lleva las riendas de Armando.

En el recorrido de sus últimos veinte años de historia, en el momento en el que Canning da el más reciente paso en su establecimiento como ciudad, la conformación de su identidad no ha sido el único desafío que debió enfrentar.

Inclusive como amenaza a aquella unidad que el desarrollo de una identidad requiere, y a un nivel más tangible también como restricción a su crecimiento, la posición geográfico-política de Canning hizo que durante años, la ciudad crezca "a la sombra”. Originalmente emplazada en su totalidad en el Partido de Esteban Echeverría, su situación se complejiza cuando la fundación del Partido de Ezeiza toma como límite la Ruta 52 –que de alguna manera, olvida que sobre su traza está naciendo una localidad -, y más adelante cuando la zona de influencia se expande en el sentido del ‘Corredor Canning-San Vicente’, abarcando también los Partidos de San Vicente y Presidente Perón. Durante años, fue de todos y no fue de nadie. Canning quedaba lejos, y vivía poca gente.

"En conjunto con un grupo de empresarios, que veíamos el potencial de la zona y que entendíamos la necesidad de contar con obras para lograr un crecimiento más armónico, nos tuvimos que hacer cargo hace algunos años de ciertos aspectos de infraestructura: se asfaltaron algunas calles, se construyeron cordones de vereda, paradas de colectivo…dentro de lo que estaba a nuestro alcance, tuvimos que hacernos cargo los privados de realizar esos trabajos”, explica Akselrad. "Inclusive, en algunos aspectos planteamos nuestra voluntad de hacernos cargo de obras de base que entendíamos que la zona necesitaba y que no eran atendidas. Planteamos, entre otras cosas, la posibilidad de hacer un fideicomiso para obra hídrica. Ninguna de esas propuestas tuvo la respuesta gubernamental que necesitábamos en el momento”, agrega en la misma línea César Giuggioloni. "Más allá de los medios, lo central es contar con políticas gubernamentales que acompañen y que contengan este desarrollo, que nos permitan crecer en forma armónica”.

La Av. Sargento Cabral, que junto a Boulevard Dupuy y la Ruta 52/58 completa el triángulo de circulación, vio su primer plana de asfalto cuando se instaló Mi Refugio, y la mayor parte de su trazado se completó por obra de la iniciativa privada, impulsada por los countries que desde entonces habían crecido a su vera, ante la reiterada negativa desde quienes entonces ocupaban el cargo municipal. Tras casi medio siglo desde aquel primer asfalto, por primera vez en el año 2012 el Municipio de Esteban Echeverría toma a su cargo la obra de repavimentación, atendiendo a un reclamo histórico y mejorando la circulación no sólo a los barrios ya existentes, sino a los nuevos emprendimientos que hoy suman a la consolidación de Canning.

"Así como sabemos que hay muchas cosas que aún faltan, también se debe reconocer lo que se hizo bien”, continúa Akselrad.

"Durante muchos años, Canning crecía según quien construía, cada uno para su lado, cada uno lo que le parecía. Hoy veo más obras de planificación desde el sector municipal”, explica también Alberto Forti. "Yo creo que está creciendo, está haciéndose parte de esta infraestructura que la ciudad reclamaba, como el asfalto, la planta de tratamiento de El Jaguel, que nos va a permitir tener cloacas, la ampliación del tendido eléctrico. Son un montón de cosas que tenían que hacerse, y se están haciendo desde el Municipio. Lo que nos falta es coordinar un plan integral que sea previsible, que nos marque la pauta a los desarrolladores de como continuar este crecimiento, de que hace falta en cada lugar. No podemos pedirle todo al municipio. Esto es una alianza estratégica entre privado y publico. No puede solo el sector privado, menos puede solo un sólo privado, pero tampoco puede solo el Municipio. Las fuerzas vivas que tiene protagonismo en Canning, tenemos que seguir generando esos espacios de trabajo en conjunto”

"Los dos municipios (N. del A.: Ezeiza y Esteban Echeverría) han trabajado mucho por Canning en estos últimos años. No podemos tampoco ser injustos: tanto el impulso que le ha dado Granados, como el trabajo de infraestructura que hizo Fernando Gray, han marcado una diferencia absoluta. No nos podemos olvidar que hace unos años atrás, tres gotas de lluvia hacía que la Escuela 9 estuviera con medio metro de agua adentro. Y si se inundaba la Escuela, significaba que todos los barrios que hay detrás estaban inundados”, comenta Akselrad, en referencia a la obra hídrica encarada por el Municipio de Esteban Echeverría sobre la cuenca del Arroyo Maldonado, que solucionó uno de los problemas históricos de la localidad.

"Estuvo muy bien también el asfaltado de la calle Lacarra, en el trayecto que une la Ruta con Sargento Cabral. Estuvo muy bien también la construcción de Sargento Cabral. Y estas cosas desde el colegio también hablamos con los padres, recalcamos la importancia de que cuando vengan a vivir a Canning hagan el cambio de domicilio y voten en Canning, que vean el resultado de su voto, que realmente se conviertan en ciudadanos de Canning”, explica en la misma línea.

Es ridículo pensar que en la imaginación de la Compañía General de Trenes, en 1911, ponerle el nombre de George Canning a una estación de carga en un área rural daría fruto a nuestra localidad. Tampoco, quizás, en la imaginación de la pionera familia Cresmani, o de aquellos fundadores, como Peisajovich, Braslavsky o Murphy, que vieron por primera vez el potencial que la zona ofrecía. Sin embargo, se gestaba desde entonces lo que en los últimos años se transformó en nuestra ciudad, y que hoy se embarca en la parte más abstracta y también más compleja, que es la conformación de su identidad. En palabras de César Giuggoloni, "Canning es un árbol de peras, que hemos sabido regar durante muchos años y que, quiera o no, va a dar sus frutos. Es imparable, como la naturaleza”.

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