Entrevista

Un tipo cómico en serio

En un gran momento de su carrera profesional, Martín Campilongo presenta actualmente su espectáculo unipersonal en la calle Corrientes, mientras divierte y maravilla con personajes e imitaciones en los programas de televisión.
lunes, 30 de noviembre de 2015 · 11:31
Falta una hora para que comience la función y aprovechando que aún no se metió en alguno de sus personajes, charlamos con Campi sobre su infancia, el papel del humor en su vida, su familia y las distintas facetas que giran en torno al hombre de las mil caras. Desde hace cinco años, su unipersonal Demoledor sigue haciendo reír a un público que lo elige cada noche. Dejando de lado la imitación, recrea personajes como Jorge, Pucheta, Nacho y Mario, algunos de ellos formaron parte de su querido Parque Patricios y él con su impronta, vuelve a darles vida para sentir la felicidad de hacer lo que tanto disfruta, hacer reír al que está del otro lado. 
-¿Cómo eras de chico, la relación con tus padres?
-Fue buenísimo, yo tuve una infancia re linda, en Parque patricios, un barrio de trabajadores, laburantes, así era mi familia. Mi padre era vendedor de ropa, mi madre también, después ama de casa. A mí me cuidaban mis abuelos, ellos fabricaban plumeros, y yo me crie ahí en la fábrica de plumeros de mi abuelo, el era la fábrica y el único empleado.  La fábrica estaba en el cuarto contiguo a la cocina de mi casa. 
-¿Y en el colegio?
- Era un demonio y siempre aparecía la veta cómica, no sólo a la hora de zafar de los líos, para hacer amigos, para conocer chicas, para caerle bien al maestro y que no me mande a marzo. Me pasaba también que me mandaban a marzo para divertirse. Una vuelta me pasó algo genial, tuve que hacer de español, yo era chiquito. Y el que me había pintado las cejas, me las había pintado bastantes gruesas. Yo ni lo noté, puse la cara y me maquilló con un delineador, cuando salí se morían todos de risa, yo no entendía porque pero me encantaba que la gente se reía. Yo lejos de sufrir y transpira, lo disfrutaba. Después me enteré porqué cuando bajé y me pusieron un espejo enfrente. Fue genial porque no le tenía miedo al ridículo y  cuando no le tenés miedo al ridículo, tenés más de la mitad del partido ganado. 
-¿Para qué cosas sentís que te ayudó el humor?
-El humor me sirvió para sobrevivir, quizás te torpezas en la calle y te caes puede ser un papelón para cualquiera, pero para mí puede ser una buena excusa para conocer a un amigo y pasar un momento grato y reír a alguien. Como actor también, cuando tenés miedo al ridículo hay personajes que te perdés de hacer porque tenés una gran traba ahí.
-¿Qué personaje te gustaría dar vida?
-Maradona, Marcelo. Yo no me considero un imitador, a mi atraen mucho los personajes creados por mí, que la gente no conoce como Jorge o Mario. Pero la vida me rumbeó para acá y ya hace muchos años que imito y a pesar de eso no me considero imitador. Tal vez para no sentir la exigencia que debería sentir si me considerase un imitador, pero me aliviana la mochila no hacerlo. Trabajo de esto para pagar el colegio de los chicos. 
-¿Hasta qué punto te involucrás con tu trabajo?
-Yo hago todas las mascaras mías, todo me encargo yo. Es un laburo que disfruto de hacer y lo que sueño lo puedo concretar, no tengo que explicar tanto, hace años que yo hago esto. Muñecos, títeres, pelucas, disfruto ese laburo y lo sé hacer. No me lo voy a perder ni loco. 
-¿Tus hijos ven los trabajos que realizás?
-Les gusta, están en una edad en que los compañeritos ven el programa y les divierte. No están en la edad en que pueden llegar a sentir vergüenza. Hasta acá está buenísimo. La más grande empezó con las vergüenzas pero todavía no tocó mi laburo. 
-Estás en la televisión y en el teatro ¿Cuál es el medio que disfrutás más?
-El teatro, yo nací acá y espero que la última función la de en el teatro. Este verano arranco el quinto año con la obra y la gente viene y vuelve, se llena toda la semana. A esta altura del año mi pretensión es chica, porque la sala no es muy grande, Rotemberg me propuso ir a una sala más grande pero yo no tengo necesidad ni ambición, acá estoy muy bien, me gusta el contacto con la gente, yo hablo con la gente entonces esto me sirve, esto es muy cálido y yo no necesito un auto cero kilómetro para ser feliz. Eso es lo bueno. A mí me aliviana mucho eso, mi mujer es igual que yo, ahora estamos viendo de cambiar el auto porque ya no quiere más, es un 2006 que lo compramos usado y lo íbamos a cambiar por un usado más nuevo. Esas cosas están para ayudar pero no son fundamentales.
-¿Qué cosas son fundamentales?
-Estar bien con mi familia, que la gente se ria, que la gente llore cuando yo propongo una emoción. Mi mujer es fundamental, tengo a mis padres y no me hago la idea de poder extrañarlos, son necesarios todavía. 
- Yo estoy pleno cuando funciona lo que propongo, hago algo en la tele y funciona. El resto es como una consecuencia, si te aumentan el sueldo es la consecuencia de un trabajo bien hecho. Es una felicidad el poder coincidir en estas cosas con mi mujer y poder enseñárselos a nuestros hijos. Los importante es el interior de las personas, si tiene un buen auto genial, quizás lo necesitará y es aceptable, pero nosotros no y debería ser aceptable. 
-¿Cuál crees es la clave para hacer reír?
-Yo creo que el punto de partida es uno mismo, si no te sabes reír de vos, no tenés permiso para reírte del otro ni de ninguna situación que incumbe a nadie. Si vos te reis de vos es un punto de partida donde ya sos vulnerable y ya la gente te autoriza, bueno dale te reíste de tu pelada y ahora reite de la mía. Y este espectáculo yo me rio de mi parque patricios, de mi esencia. Yo vivo en Colegiales, pero puedo vivir en París que siempre voy a ser de Parque Patricios toda la vida, uno es de donde hizo su cimiento y el hormigón armado mío esta hecho ahí. 
-¿Cuál es el límite?
- Fueron cambiando, cuando me casé ya no contaba ciertas cosas, después con los chicos los limites son otros. Yo trato de que todo lo que hago lo puedan ver mis chicos. No lastimar al otro es mi límite, tratar de que el otro también se ría. Yo nunca saqué sangre, por ahí meto un par de sopapos, hay gente que le sale bien bastardear al otro y no lo juzgo, pero yo me pongo en el lugar del que está ahí sentado. 
-¿Cómo te llevas con la tecnología?
-Sí bastante, me manejo mucho con Twitter, me encanta. Facebook no tanto, porque me da viejo, pero el Twitter todo el tiempo y leo todo lo que me escriben. Cuento adonde estoy, que estoy haciendo, hoy conté que estaba haciendo la máscara para mañana. Muestro el proceso o pongo chistes.
-¿Qué pensas del humor político?
-Me gusta mucho y me parece fundamental que exista el humor político en la democracia, y yo desde mi bastión que es el teatro, donde yo hago lo que quiero sin límites siempre hice humor político, aunque sea un par de líneas.
-¿Hubo algún trabajo que no disfrutaste?
-No disfrutaba cuando fui cadete cuando fui supervisor de personal en Pumper Nic, teniendo un laburo que me levantaba a las ocho de la mañana, los laburos rutinarios. Porque en este laburo hoy no tengo rutina, yo no sé cómo sigue mi día mañana y está bueno. Yo disfruto de esas sorpresas. 
-¿Cuál es el proyecto que te gustaría materializar?
-Me gustaría hacer cine, que es lo que voy a hacer el año que viene. Me gustaría que en algún momento de mi vida que me toque tener un programa propio de humor, todos mis compañeros han tenido. Me gustaría que se me dé esa oportunidad, hace años que vengo haciendo pilotos y no se me da. Pero esas cosas cuando se tienen que dar, cuando la forzás no va. Es todo una consecuencia de otra cosa y yo trato de hacer mi laburo bien para que en algún momento esa consecuencia suceda, pero no la fuerzo. Hay una organización divina a respetar, yo la ayudo en todo lo que puedo pero las respeto. Creo en hacer las cosas bien, porque me enseñaron a hacerlas bien y porque no disfruto de hacer las cosas mal o de hacer mal a otro. Estoy muy feliz con mi vida. 

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