REPORTAJE

Entrevista al "Beto" Márcico, un ídolo de varias camisetas

Ferrocarril Oeste, Boca Juniors, Tolouse, Gimnasia y Esgrima de La Plata. Venerado en la Argentina, admirado en Francia, fue una mezla perfecta de potencia y habilidad. Hoy, en la madurez, habla de sus reflexiones y sus opiniones sobre el fútbol y su entorno.
lunes, 21 de diciembre de 2015 · 11:30

Es uno de los ídolos intachables del club de la ribera, del cual es un fanático confeso. Sin embargo, este enganche de paladar negro también supo desplegar su magia en Ferrocarril Oeste, en el Tolouse francés y en Gimnasia y Esgrima de La Plata. Alberto José "El Beto" Márcico nació el 13 de mayo de 1960 en la provincia de Corrientes, pero seis meses después ya vivía en el barrio porteño de Caballito junto a su familia. Dueño de una pegada y una definición exquisitas así como también de una capacidad cuasi inaudita para las asistencias, el "Mágico” –como lo bautizó alguna vez Víctor Hugo Morales– conversó sobre sus inicios en Ferro a principios de los ochenta, de su paso por el fútbol francés, de los títulos y la gloria devuelta al club de sus amores durante 11 años de sequía –y donde se dio el lujo de vestir la histórica 10 azul y oro y obtener la cinta de capitán–, de su relación con Carlos Timoteo Griguol y de su retiro en El Lobo, allá por 1998. Sin pelos en la lengua, –fiel a su estilo– también se despachó sobre temas más candentes, como la actualidad del fútbol argentino, la situación de la AFA y sobre el porvenir de Boca Juniors luego de una nueva victoria de Daniel Angelici en las elecciones del 6 de diciembre. Dibuje, maestro.


-¿Cómo recordás tus primeros pasos en el fútbol vistiendo la camiseta de Ferro? Allí jugaste 210 partidos y convertiste 44 goles.

Los recuerdo con mucha alegría, fueron momentos muy buenos como futbolista en un club que no tenía comparación con la cantidad de socios que tenía. Sin duda era uno de los mejores a nivel social, pero muy poca gente seguía su fútbol. Tenía casi 75 mil socios y una vida social terrible con otros deportes importantes, como atletismo, básquet y beisbol. Era increíble. Ahí hice todas las inferiores.


- Tu debut coincide con la llegada de Carlos Timoteo Griguol como director técnico de aquel Ferro que logró sus dos únicos títulos en primera división: los campeonatos nacionales de 1982 y 1984. ¿Qué tan importante fueron esos primeros logros en tu carrera?

Esos están entre mis más grandes logros, junto con el campeonato de 1992 con Boca. Con Timoteo llegamos juntos a Ferro. Tenía un cuerpo técnico muy importante. Esa fue una época de educación, tanto futbolísticamente como personalmente. No existían empresarios. En el club te decían "hasta acá te puedo pagar” y vos arreglabas. En esa época era muy difícil irse a fuera, tenías que jugar como cinco años para irte. Hoy con seis meses de carrera ya los venden a los pibes.

 

-Cinco años. Esa es la cantidad de tiempo que tardaste para desembarcar en Europa, precisamente en el Tolouse FC de Francia, donde jugaste siete años y medio, disputaste 227 partidos y convertiste 62 goles. ¿Qué balance hacés de tu paso por el viejo continente?

Ahí estuve muy feliz y contento. No tuve ningún tipo de problema y me adapté muy bien. En el medio me podría haber ido a otros clubes de España o Italia pero elegí quedarme porque allá estábamos muy bien con mis hijos y mi ex mujer. Fue una experiencia muy buena, porque además aprendí un idioma y una cultura maravillosa, con una educación terrible y un orden increíble. Recuerdo que para pagar los impuestos había que hacer un cheque y mandarlo por correo de forma gratuita, en vez de tener que hacer la cola todos los meses. Los hospitales eran de primera, no era necesario tener una obra social para sentirte más amparado, como pasa acá. Para mí fue algo muy bueno, me gustó mucho la vida francesa.


-¿Quiénes fueron los compañeros y rivales más destacados de esa etapa internacional?

Fui compañero del "Conejo” Alberto Tarantini y me acuerdo de haber jugado contra (el ex delantero del FC Girondins de Bordeaux) Bernard Lacombe con (el ex defensor del mismo equipo) Patrick Battiston y contra Michel Platini en alguna Copa de Europa. Con el Conejo nos seguimos hablando por teléfono.

 

-Hablando de Boca, en 1992 se concretó tu regreso al fútbol argentino, nada más ni nada menos que al club de tus amores. ¿Cómo se dio ese traspaso?

Tuve posibilidades de irme a Italia y España o de seguir en Francia. También me buscaron de equipos de acá, como el Independiente del "Pato” Pastoriza como DT. Pero el único que me sedujo fue Boca. Me acuerdo que en Francia, cuando tuve el primer llamado de la dirigencia, mi ex y mis hijos estaban durmiendo, y les dije que aceptaba y les pedí que me llamen al teléfono del club al día siguiente para hablar más tranquilo, porque mi ex no quería volverse para nada.


-En Boca jugaste durante tres temporadas y ganaste tres títulos. ¿Qué se sintió vestir los colores que amás y pasar a la historia como un ídolo de aquella institución?

Era una época muy distinta para Boca, hoy se juntaron muchas copas Libertadores y muchos títulos internacionales. Cuando ganamos el campeonato de 1992, rompimos una sequía de once años, después de una etapa muy difícil para el club, donde se trabajó para que Boca no desaparezca. Hoy gustan más las copas Libertadores, pero a mí el campeonato local me vuelve loco, porque lo palpás domingo a domingo con toda tu gente, y más cuando había hinchada visitante. La fiesta que vivió el país el día en el que salimos campeones fue increíble.


-La hinchada siempre te quiso…

¡Sí! Me acuerdo que una vez me cantaron el "feliz cumpleaños”. Eso fue el 13 de mayo de 1994, cuando jugamos contra Mandiyú. Ese día fue muy lindo, porque además se jugó muy bien y se ganó el partido. En un momento, miles de hinchas prendieron sus encendedores y comenzaron a cantar. Ese recuerdo forma parte de ese tipo de cosas que se dan de manera muye espontánea. Fui muy feliz ese día.

 

¿Recordás otra anécdota de aquellos años?

Siempre íbamos a comer con Blas Giunta y Sergio "El Manteca” Martínez a algún restaurant, pero de anécdotas de joda no tengo ninguna. Nunca fui jodón. Eso sí, tengo una de risa: Teníamos un masajista que en las concentraciones nos tomaba las botellas de Coca Cola que teníamos en la habitación con Giunta. Un día le metimos dos pastillas para dormir, una en cada Coca (risas). Le dijimos que empiece con nosotros porque estábamos cansados y nos queríamos ir a dormir temprano. Se tomó las dos gaseosas y al rato cayó planchado. ¡No puedo masajear a nadie más ese día! (más risas). Eso fue en el 92, poco antes de salir campeones.


Con el Xeneize lograste dos títulos más: la copa Master en 1992 ante el Cruzeiro y la Copa de Oro Nicolás Leoz en 1993 enfrentando al Atlético Mineiro. En total, marcaste 15 goles en 154 partidos. ¿Por qué elegiste a Gimnasia y Esgrima de La Plata para retirarte? ¿Cuánto pesó la influencia de Griguol, que en ese momento era entrenador del Lobo?

No podía seguir en el banco, a esa edad necesitaba jugar. Lo de Gimnasia se dio por Timoteo, pero antes había tenido reuniones con los dirigentes de Ferro, pero su presidente no fue sumamente rápido como para definir la situación. El asunto se había alargado muchísimo, estaba por comenzar el campeonato y yo tenía que realizar la pretemporada. Hablé con Griguol y cerré rapidísimo con Gimnasia.

 

¿Qué significa Griguol en tu vida?

Timoteo es mi padre futbolístico, me enseñó casi todo. También me siento identificado con él fuera de la cancha, por lo educado que fue y es. Siempre trató de inculcarle al jugador educación dentro y fuera del terreno de juego, incluso aconsejando cómo invertir el sueldo. En Ferro me recomendó que me comprara mi primer departamento en vez de gastar en autos.


¿Lo seguís viendo?

Siempre nos seguimos hablando. Lo que pasa ahora es que tiene Alzheimer y no está pasando un buen momento. Está bien físicamente pero hablar con él se está haciendo difícil, pero con "el viejo” siempre nos mandamos saludos a través de su yerno, Víctor Marchesini.


¿Cómo recordás tu retiro?

Fue en 1998, lo recuerdo bien. Me retiré más que nada por mi segunda lesión en el tendón de Aquiles. Eso fue lo que me retiró, porque en lo demás estaba bien físicamente, quizás podría haber seguido dos años más. No me sentía para nada bien y tenía miedo de volver a ser operado, que hubiese sido más grave, con algunas secuelas para caminar. Eso me dio un poco de miedo y mi entrega en la cancha ya no fue la misma. Ya no me quedaba nada más para dar. Se me había acabado la ficha.


¿Cuáles son los momentos mágicos del profesionalismo que atesorás en la memoria?

Sin duda uno de ellos fue mi primer gol, que se lo hice a Estudiantes en un partido que ganamos 1 a 0 con Ferro en el 80, o cuando le ganamos a Quilmes en la final del campeonato de 1982. Nunca me voy a olvidar del gol de penal que le hice a River en la final del campeonato de 1984 en el Monumental. Ah, y todos mis goles con Boca.

 

¿Cuáles fueron los mejores jugadores que te tocó enfrentar?

Jorge Buruchaga es uno. Diego Armando Maradona es otro, obviamente. Pasó que del 80 al 85 hubo una camada increíble. Te cruzabas con Bochini, Troviani, Gotardi, El Flaco Gareca, el Pato Fillol, todos jugadores de muchísimo nivel. De Europa me quedo con Michel Platini.


¿Y quiénes son tus máximos ídolos?

Ángel Clemente Rojas es uno de ellos, pero a él lo vi sobre el final. Ni hablar de los jugadores del Boca del "Toto” Lorenzo en los setenta, como Osvaldo Potente, el "Loco” Sánchez y Mario Sanabria. Era un equipo que enloquecía.

 

¿Sentís que te quedó algo pendiente?

Me hubiese gustado tener participación en la Selección Nacional, pero nunca tuve buen feeling con (el entrenador de la selección entre 1983 y 1990) Carlos Bilardo. Después Daniel Pasarella me convocó, pero no terminé jugando.

 

En el apertura 2003 dirigiste a Nueva Chicago durante cinco partidos y, tras tres empates y dos derrotas, fuiste el primer entrenador despedido de aquel torneo. ¿Por qué no volviste a dirigir?

No es lo mío. Tuve tres o cuatro ofertas para seguir como técnico después de lo de Chicago, pero no me gusta. No soporto el día a día con los jugadores, no me gusta estar en el entrenamiento con los conos. Me gusta otra cosa.

 

¿Qué te gusta?

La parte empresarial, el de ser manager de clubes. Fui manager en el Tolouse unos años y después fui ayudante de campo de Tabárez en Boca, en 2002. Desde 2006 me dedico al rubro de la construcción.

 

Este año te encontró trabajando para la campaña presidencial de José Beraldi, quien quedó tercero detrás de Jorge Amor Ameal y Daniel Angelici, que renovó su mandato al frente de Boca por cuatro años más. ¿Qué puesto hubieses tenido en caso de haber ganado?

El de manager deportivo junto al técnico profesional y los jugadores, con la dirigencia y manejando a las inferiores con mucha educación.

 

¿Similar al puesto que hoy posee Enzo Francescoli en River?

Exacto. Manager en la parte futbolística, como un director deportivo.

 

¿Qué opinás de la victoria de Angelici?

Ganó bien. No hay nada que decir. Hay que felicitarlo y saber que lo hizo muy bien. Por algo la gente lo votó.

 

¿Qué opinás de su proyecto de construir una nueva bombonera?

Estoy en contra totalmente. Quieren hacer una cancha para 80 mil personas… ¿Qué van a hacer, poner 10 mil socios más? No, no la tienen que voltear.

 

¿Cómo ves al fútbol argentino en la actualidad?

Veo un fútbol mal educado y mal administrado, aunque hay algunas excepciones. No entiendo cuando a Carlitos Tévez le dicen que es un agrandado. Es un tipo que fue muy exitoso en todos los equipos que jugó, y que jugadores que no tienen ni carrera todavía le digan eso me llama poderosamente la atención.

 

¿Qué opinás del panorama actual de la AFA luego del error en la votación?

Se tienen que ir todos y la AFA tiene que cambiar todo, por una cuestión de que hay mucha guita para repartir pero por otro lado dicen que esta una AFA pobre. Me llama mucho la atención lo que está pasando. Me da vergüenza ajena. Fue increíble lo de la primer votación.

 

Si fueses uno de los 75 dirigentes con poder de voto, ¿Elegís a Marcelo Tinelli o a Luis Segura?

A ninguno de los dos. Pero si es por obligación, me quedo más con Tinelli que con Segura.

 

 

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