Entrevista

Tonada cordobesa, talento sin frontera

Marcelo Milanesio representa un hito del básquetbol argentino. Ganador, competitivo, correcto sin excepciones dentro y fuera de la cancha, fue y es ejemplo del deportista ideal
lunes, 22 de febrero de 2016 · 17:06
Hablar de Marcelo Gustavo Milanesio es hablar del básquetbol en su esencia más pura, y de un jugador que supo conjugar talento, calidad, carisma, fortaleza y mentalidad ganadora, atributos que paseó por todos estadios donde jugó. Fue un ganador con todas las letras, tanto que en 2002 cumplió el sueño de todo deportista, retirarse campeón. 

"La Selección siempre fue como jugar en la NBA y allí viví cosas hermosas. Mucho más de las que pude soñar cuando empecé a jugar con mi hermano en el patio de casa, donde papá había colgado un aro y me enseñaba que había que picarla bajito cuando el rival estaba cerca”, 3 de junio de 1999, luego de ganar el sexto título con la camiseta de Atenas.
 
No sólo tenía un tiro infernal, Marcelo poseía la capacidad de hacer mejor a los que lo rodeaban, sin egoísmo y con mucha generosidad. Y a eso había que agregarle inteligencia, visión de juego y capacidad para hacer docencia, porque lo hacía desde el alma.

La carrera del cordobés nacido en Hernando un 11 de febrero de 1965 transitó siempre por su querido Atenas, la institución de General Bustos que le debe gran parte de su rica historia, porque al fin y al cabo, ambos crecieron juntos y se cansaron de ganar campeonatos. Y cuando se convirtieron en los mejores del básquet nacional, traspasaron las fronteras para conquistar los torneos internacionales, y poner a Argentina en el mapa de la consideración mundial con el tercer puesto logrado en el McDonald's Championship´s de 1997.

En 1984 debutó en la Selección Argentina, disputando el Campeonato Sudamericano Juvenil de Pereyra, Colombia, y jugó su primera Liga Nacional, la denominada "Etapa de Transición".

En 1985 fue convocado por primera vez a la Selección mayor, participando en el Campeonato Mundial de España del año siguiente. En total llegó a disputar 4 mundiales, único logro de un argentino en toda la historia.

En 1994, en el Mundial de Toronto, Canadá, se convirtió en el máximo asistente del Torneo, superando al croata Toni Kukoc, estrella de la NBA.

En 1996 jugó por primera y única vez los Juegos Olímpicos, y luego de su participación en los mismos, fue incorporado al Salón de la Fama del Básquetbol.

¿Qué juegos recuerda de su infancia?
-Recuerdo que jugábamos al fútbol y al básquet con mis amigos, el número de camiseta que usaba la usé por mi mejor amigo Mario Pistelli, con el cual jugamos muchos años y cuando llegue a mi club yo quería la 8 y tuve que jugar con la 9 por el. Después tambien jugué con muchos amigos. 

-¿Solía hacer travesuras?
- Cuando éramos chicos sí. Yo vivía todo el día con la gomera, cazábamos pájaros, éramos de hacer travesuras pero no me acuerdo haber peleado a trompadas con nadie. 

- ¿Hay alguna comida especial que se preparaba en su casa?
- Si, las pastas, ñoquis verdes y el pollo saltado con puré de mi mamá. 

-¿Qué siente que le transmitió su papá?
- Mucho, mi comportamiento a lo largo de la vida se lo debo a ellos, el esfuerzo que hay que hacer para que mantenerse una vez que llegás.

-¿Hubo un momento en que se dio cuenta que lo suyo era el básquetbol?
-La verdad es que siempre fui deportista, siempre de chiquito hice deporte, hubo una edad en la cual me tuve que decidir y me decidí por el básquet porque para hacer dos deportes no tenía la posibilidad ni tiempo, me gustaba mucho el fútbol. Me dedique al básquet sin saber que uno podía llegar a vivir de eso, decidí por el básquetbol por gusto y placer, no porque tuviera la posibilidad de que pudiera llegar a vivir del básquetbol. 

-Una verdadera pasión podría decirse.
-Las cosas cambiaron cuando se hizo la Liga nacional, hasta ese momento el básquetbol era un deporte o una pasión.

-¿Cómo era como alumno?
-Fui mal alumno en el secundario, estaba todo el día con la pelota en la mano. Todo el día jugaba y era poco el tiempo para el estudio. Me dediqué todo el tiempo al deporte.

-¿El amor por la camiseta siempre es el mismo?
-Eso tiene que ver con cada persona, creo que es la cosa más importante y más linda vestir la camiseta para representar a tu país, por lo menos así lo sentí y lo viví yo. Después puede haber personas que no lo sientan de esa manera. 

-Una experiencia que no tiene punto de comparación.
-En nuestra época la Selección era lo máximo. Gracias a la Selección nosotros podíamos salir del país, conocer, crecer. Tuve la oportunidad de ir a Europa y fue gracias a la Selección. 

-¿Cuál fue la ciudad que más lo impactó?
- París y Nueva York, pero me gustó más París, tiene más historia. 

-No le gusta perder a nada, ¿Esto lo vive en todos los órdenes de su vida?
-La verdad que si, me hice competitivo desde chiquito, no me gusta perder, si juego trato de hacer lo mejor para ganar. Yo creo que uno de donde más aprende es de las derrotas, cuando uno gana no analiza nada, en cambio cuando perdés te ponés a analizar todas las cosas que hiciste mal. Y ahí es donde uno más corrige y aprende, las dos cosas son importantes. Pero a mí no me gusta perder. 

A fin de 1993 puso al básquet como primer deporte en Argentina, porque desde la creación de los premios Olimpia, otorgados por el Círculo de Periodistas Deportivos de la Capital Federal, ningún básquebolista había logrado la estatuilla de oro. Ese año Marcelo fue elegido el mejor deportista argentino coronando así una temporada excepcional, donde fue subcampeón de Liga Nacional de Básquetbol y campeón Sudamericano con Atenas, logrando por primera vez un título internacional con el griego.

-Pasaron catorce años desde que se retiró del básquetbol, ¿Siente que le quedaron cosas pendientes?
- Si me preguntás te diría que me quedará nafta querría seguir jugando, lo que más extraño es jugar, viajar, la adrenalina que se genera al momento de jugar la final de un partido importante, el entrenamiento para poder crecer como deportista.

-Su carrera le dejó muchísimas satisfacciones.
-Normalmente la carrera de un deportista es corta, yo tuve la suerte de hacer una carrera casi sin lesiones y se me hizo larga pero cuando te das cuenta se pasó todo volando y la verdad es que me gustaría seguir jugando todavía. 

-Los tiempos tampoco son los mismos.
-En mi época era distinto, la posibilidad de los chicos de ir a vivir a Europa o ir a Estados Unidos era diferente. Yo ni sabía que existía ni estaba la posibilidad. En ese momento no eran tan fáciles esas posibilidades. 

- Sin embargo existió la posibilidad de ir a jugar a Italia.
-Sí, pero me agarró a los 31 años. Yo a los 25 había firmado un contrato para jugar en el Bologna, tenía la posibilidad de irme pero después se opusieron los jugadores italianos y en ese momento solo los italianos podían jugar. Y después ya me llegó medio grande y también a lo mejor lo podía haber tomado pero no lo tomé. Me hubiera gustado irme joven.
 
-¿Era de tener cábalas?
-Muchas, las medias, la ropa interior, en la primera época jugábamos con una camiseta abajo, hasta la pelota que usábamos en los partidos era cábala. Siempre. Una chica una vez me regaló una cruz que la comencé a llevar todos los partidos y a todos los torneos. 

-Además de las pelotas de cada título que ganó.
- Tengo más de quince, que son de campeonatos.

-¿Qué cosas recuerda de algún vestuario durante la Selección?
- Yo siempre fui bastante callado. Recuerdo la adrenalina antes de alguna final, los nervios o los momentos previos a algún partido que se extraña. Ese nerviosismo para mi era muy bueno, hay gente que siente a los nervios como una presión, para mi era como que tenía nafta para jugar en ese momento, como que sentía una motivación muy grande para jugar ese partido. 

-¿No son muchas las posibilidades de jugar con un hermano? ¿Cómo fue esa experiencia?
-Fue espectacular, Mario fue el que abrió el camino para llegar a Atenas, porque era el jugador que buscaban los clubes y después tener la posibilidad de jugar juntos con gente querida como amigos, como hermanos, con un montón de compañeros que empezamos la carrera juntos desde chicos. 

-¿Cómo se llevaban en lo personal?
-Muy bien, mucha identidad. 

-¿Qué actividades disfruta hacer?
-En lo deportivo, el golf. También viajo, un asado con amigos. Me gusta pescar, cazar pero no lo hago.

-¿Sigue algún deporte?
-Fútbol, golf, tenis, voley. La verdad es que soy muy fanático, si hay alguna Olimpiada o Panamericano me prendo, veo mucho deporte, más cuando es algo de la Selección. Me gusta. 

-¿Hay una Selección con Ginóbili y otra con Scola?
- Los dos son jugadores fuera de serie y los dos son fundamentales e importantísimos en el equipo. Para que la Selección este de la mejor manera tienen que estar los dos. 

-¿Tuvo alguna demostración especial por parte de un fanático?
-Muchas, ahora me acuerdo de una persona que me acercó un cuaderno que había armado con recortes periodísticos. 

-¿Qué cosas lo emocionan hasta las lágrimas?
-Un montón de cosas, un dibujito animado. Cualquier cosa que pueda mover cosas me emocionan. Algún triunfo deportivo.

- ¿Es romántico?
-Nada muy especial, no soy demasiado romántico…ja ja (risas)

- ¿Le gusta algún tipo de música?
-Toda, soy más de escuchar lo del momento, me copa los temas que están de moda, no soy de ponerme a escuchar música, pero en mi casa tengo música por todos lados.

-¿Cuál es su principal vicio?
- El deporte.

-¿Aceptaría un cargo político?
-No, tuve muchos ofrecimientos, pero no porque no me siento capaz, nunca estuve metido en política. Si viera donde pudiera ayudar y me sintiera capaz lo vería diferente, pero yo siempre dije que no por la misma razón, porque nunca estuve involucrado. No me veo en la política.

-¿Hubiese elegido otra profesión sino hubiese sido deportista?
-Yo siempre me ví y me veo deportista, si vos me preguntas cual es mi pasión o donde te gustaría estar ahora y yo te diría en el deporte. Sea cual sea. 

-¿A quienes admira?
- Uno en especial Maradona, Michael Jordan, Magic Johnson, cuando era chico el Pichi Campana, muchos, me fijaba siempre en los jugadores destacados y trataba de copiarles cosas. Imitarlos en lo que pudiera y agregarlo a mi juego. 

-¿Hasta que punto extraña el básquetbol?
-No sé hasta que punto pero lo extraño mucho, me hubiera gustado seguir jugando, seguir creciendo, seguir aprendiendo, los ciclos en el deporte son cortos. En algún momento el físico te dice hasta acá llegaste.  

Para Marcelo, la noche del retiro fue la película con la que siempre soñó. Cuenta que por la tarde, el plantel se juntó en el club para ir al estadio, y que allí lo abrazó su hermano Mario, señalándole su primera cancha, el primer aro donde tiraron. Y cuenta que, instintivamente, dio dos vueltas olímpicas él solo, en aquella cancha del club de sus amores. Dice que tal vez se equivoca, pero que deja el básquetbol porque su padre, su amado papá, le dijo siempre que uno debía retirarse a tiempo. Y que creía que este era el momento. Que todo lo había superado, porque de chico no sabía ni siquiera si llegaría a jugar en la primera de Hernando.
Que él había puesto ganas, pero que siempre, absolutamente, había estado bien rodeado, bien aconsejado, por sus padres, por sus amigos, por sus compañeros.
Que lo más importante que deja es lo que no se ve: lo que le aportó a esos mismos amigos y compañeros.

Comentarios