Entrevista-Víctor Heredia

Todavía canta, todavía rie

Entrevista a Victor Heredia, un cantante comprometido, digno y solidario.
domingo, 28 de febrero de 2016 · 01:00

Nació en el barrio de Monserrat, de la ciudad de Buenos Aires, y se crio en Paso del Rey. En enero cumplió sesenta y nueve años, y unos treinta y cinco de carrera. Una carrera comprometida, de lucha y esperanza; de profundas tristezas y una búsqueda incansable por la verdad. 

-Nunca dejó de cantar canciones comprometidas, que condenan las desigualdades. ¿No lo condiciona?  

-No, eso es algo que ya superé. En su momento tuve la preocupación de no quedar encerrado en el perfil de cantautor  comprometidoPero después entendí que así también no puedo obligarme ni obligar a mi familia a inventar limitaciones económicas. Ni dejar de disfrutar de la diversión o del ocio. Lo que tengo me lo gané trabajando y no disfrutaría de lo que tengo si me negara a colaborar cuando me llaman de un comedor o de Abuelas de Plaza de Mayo, por ejemplo. 

 

-¿Alguna vez  se sintió juzgado por lo que tiene? 

 -. Hay un prejuicio consistente en que uno debería vivir de acuerdo a lo que canta. Es imposible. 

Una vez bajé de mi auto, de una marca alemana, y me dijeron despectivamente: "Miralo, tiene un auto importado”. No puedo explicarle a cada persona que el auto es del 81 y que cuesta 3.000 pesos. También me criticaron cuando me mude a un barrio privado de Pilar. No me interesa. No tengo contradicciones; sé quién soy.  

 

El 17 de junio de 1976, cuando Víctor Heredia todavía pertenecía a la juventud comunista, en los inicios de la dictadura militar, un grupo de tareas irrumpió en la casa de Paso del Rey donde vivía su hermana María Cristina, docente. La mujer —que estaba embarazada— fue secuestrada y desaparecida junto a su pareja, ante la mirada de Yamila, la hija de ambos, de dos años. "Al poco tiempo, mi papá murió de dolor", recuerda Heredia, quien debió cuidar de su madre y su sobrina, buscar a sus familiares desaparecidos, y sobrevivir vendiendo flores plásticas, chorizos y libros, o componiendo unos jingles desde el anonimato. 

 

- ¿Alguna vez se preguntó cómo fue  que se salvó de que lo secuestraran también? 

-Bueno... sufrí un intento de secuestro y constantes persecuciones. Pero creo que muchos artistas conocidos nos salvamos por el asesinato de Víctor Jara en Chile. Fue tanto el repudio mundial a ese crimen de la dictadura de Pinochet que acá se prefirió al desaparecido ignoto que al popular. Es siniestro. La muerte de Jara nos salvó la vida. Lo lamento tanto por los otros 30.000... 

 

- Alguna vez dijiste que te quedó la culpa de haberle inculcado la militancia a tu hermana.  

-De vez en cuando me asalta la duda. Sobre todo desde que leí en el diario un informe firmado por Albano Harguindeguy. Ahí figuraba mi nombre y los de 500 tipos, 49 de los cuales están desaparecidos. Se les pedía a los servicios que nos investigaran, persiguieran y exterminaran. Pero lo que más me golpeó es que se pedía que se hiciera lo mismo con los familiares. Me dije: No se la agarraron conmigo sino con ellos. Nunca me había puesto a pensar en que yo había tenido relación con aquellos secuestros, en que habían sido mi culpa. Leer eso me mató.  

 

 

-¿Tiene esperanzas de encontrar a su hermana? 

-En el 2013 por primera vez nos dieron datos certeros. Participé en varios organismos, como la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Tuve y tengo una estrechísima relación con Hebe (Bonafini), HIJOS y la Línea Fundadora de Madres. Canté en casi todos los espacios del terror que se abrieron para ejercitar la memoria. Y tuve el triste y penoso privilegio de contactarme con muchos compañeros detenidos sobrevivientes. Pero nadie supo responder ese interrogante familiar que tuvimos  de si alguien había visto a mi hermana y su pareja, Nico, en algún centro clandestino. 

 

-¿De qué se enteró en el 2013? 

- Los chicos pertenecían al Partido Revolucionario de los Trabajadores, trabajaban para la prensa. Y empezaron a desarrollar esa tarea después de manifestar divergencias ante la cúpula del Partido Comunista, que terminó retirándoles sus carnets. Yo renuncié al partido en 1978, y ninguno de sus camaradas me informó de aquellos alejamientos 

 

-¿Por qué le resultó llamativo? 

- Porque soy una persona pública, y frente a un hecho de tanta gravedad, lo obligatorio desde el punto de vista político, siendo yo en aquella época un integrante del PC, era que me contaran lo que había pasado con mi hermana y mi cuñado. Pero esas son anécdotas 

 

–¿Cómo se enteró del secuestro? 

–Por mi papá, que vivía en Paso del Rey, muy cerca de la casa de ellos. El grupo de tareas dejó a Yamila en una ventana del vecino de Cristina, y el hombre lo llamó a mi viejo inmediatamente. Papá no quería que lo acompañara, estaba preocupado, "¿y si me lo llevan a Víctor también?". Pero no podía hacer otra cosa, era mi hermana, mi cuñado. Fuimos a todos lados, a comisarías, al Edificio Libertador, redactamos hábeas corpus, lo denunciamos en el exterior. Pero el viejo aguantó nueve meses, murió de tristeza. 

 

–¿Y su mamá? 

–Estuvo realmente muy mal, pero la situación de Yamila le produjo un clic en la cabeza, para bien. De repente se quedó sin nada: sin su hija, sin su marido, con un hijo perseguido y una nieta de dos años a la deriva. Pero se repuso, crio a Yamila, hizo de mi sobrina una persona extraordinaria, que hace poco le dio una bisnieta. Sin Yamila, mi vieja se hubiera hundido definitivamente. 

 

-¿Qué secuela le dejó esta situación? 

-Una desaparición te deja la sensación de que todo puede desaparecer. Para colmo, los familiares de desaparecidos no cumplimos el rito de enterrar y la desaparición está siempre ahí, dando vueltas. Es de terror. Cuando no sé en dónde está alguno de mis hijos camino por las paredes. Me quedó esa lesión psicológica.  

 

 

 

-Sin embargo, siempre se lo ve entero... 

-Sí, pero me bajonean ciertas fechas. Y los lugares vacíos. Y los momentos en que recibo un premio. Ahí pienso: la puta, si estuviera mi viejo, mi hermana conmigo... y así me arruino el instante. Todo me da culpa. Me ayuda mucho conversar con un amigo religioso. Aunque de vez en cuando digo Dios mío, ¿en dónde estarán? Me vuelve loco no saber dónde están. 

 

-Usted no se exilió durante la dictadura. ¿Quedarse fue aún más duro? 

–Fue tremendo. Yo no me fui porque no podía. Padecí el exilio interno que era más terrible. Tuve que quedarme a cuidar a mi madre, que en el término de un año se quedó sin su hija, sin su yerno y sin su marido, porque mi papá no se bancó la desaparición de María Cristina y falleció. Eran las primeras desapariciones y andábamos de aquí para allá, con abogados, hábeas corpus, reuniones con militares, con la Iglesia. Llegamos hasta el Vaticano, a través de la mamá de mi cuñado, pero nada, en ningún lado nos ayudaron. 

 

-¿Cómo influyó todo esto en su trabajo? 

- Como no me fui, empezaron a amenazar a los empresarios que me contrataban. A algunos los metían presos cuando organizaban algún recital. A veces tocábamos igual, con amenazas de bomba y todo, pero avisándole al público. Entonces, de 200 personas quedaban 50. Juan Alberto Badía pensaba que con algunos temas míos no había problemas, y pasó una vez en la radio "El viejo Matías”, que no es una canción revolucionaria ni nada por el estilo. Le dieron tres días de suspensión.  

 

– ¿Y qué pasó con su contrato discográfico? 

–Polygram se portó bien. Me dieron un pasaje, me mandaron a grabar a España, para descomprimir. Teóricamente, eran tres meses. Pero al mes y medio no aguanté más y me volví. Acá me necesitaban. 

 

–¿Cómo se podía seguir siendo artista en esos tiempos? 

–Y. una cosa es escribir una canción contestataria ahora y otra cosa hacerlo entonces. Era hacer arte con un revólver en la cabeza. Mis primeras canciones habían sido muy duras. Y después seguí. Escribí "Informe de la situación” en 1978. La cantaba en recitales clandestinos que hacíamos, y la gente se sentía identificada. Por suerte yo tenía un público amplio, que excedía a los comprometidos políticamente. Digo por suerte, porque eso creo que me salvó. 

 

-Con los derechos humanos ¿Sigue manteniendo el espíritu de militancia? 

-Es que para estas cuestiones no me puedo negar. Cuando veo laburar a las Abuelas, sin ningún siento que ayudarlas es un deber moral. El gobierno de Néstor y Cristina las ayudo mucho, con este gobierno no sé qué va a pasar. A veces me da miedo aparecer como una figurita repetida, y les digo, "convoquen a artistas más jóvenes”. Pero cuando me llaman estoy. Hay que apoyar estas luchas, que son causas, porque cada una de estas organizaciones, cada cual con su perfil, son pilares de la memoria colectiva. Sin las Madres, no habría en que creer, no tendríamos de dónde agarrarnos. 

-¿Cómo ve al país en materia de Derechos Humanos? 

-Creo que se hizo muchísimo en estos doce años, fue una de las cosas que más me sedujo del gobierno de Néstor y de Cristina después. Sinceramente, no creo que esa línea continúe con el gobierno actual, espero equivocarme. El otro día hubo un acercamiento de Macri a Estela de Carlotto pero tengo mis dudas. 

 

-¿Cómo vivió el cambio de gobierno? 

- Fue duro. Creo que hay muchos engañados, gente seducida por la mentira, gente que no votó por convicción a Macri, y también veo mucha especulación en el medio. Ya hay arrepentido pero ¿Ahora qué hacemos?. Hay una gran miopía entre los argentinos. 

 

-¿Qué balance hace de estos doce años? 

- Hay cosas que se hicieron muy bien y otras no tanto pero lo importante es que pasamos de sobrevivir a vivir de nuevo, y parafraseo el nombre de mi canción porque verdaderamente lo siento así. Los que decían que estos doce años fueron una dictadura, no sé qué concepto tienen de lo que es una dictadura.  

 

- A su criterio, ¿Cuáles fueron las mejores políticas que se impulsaron? 

-Sin duda son las mejoras sociales, las asignaciones familiares, haber regresado al Estado las pensiones y jubilaciones, el petróleo, el matrimonio igualitario, seguir adelante con las políticas de derechos humanos que comenzaran con Néstor Kirchner, el evidente crecimiento económico que existió a pesar de la crisis global, las tasas decrecientes de la pobreza y el desempleo, etcétera. 

 

Como si fuera poco, Víctor se volcó por la escritura y lo hizo muy bien. Tiene en su haber dos libros, "Taki Ongoy, las lágrimas de América” y "Los Perros”. 

 

-¿Cómo fue que se volcó a la escritura? 

- Fue algo que despertó en mí en los últimos diez años, aproximadamente. Me apasasiona, es otra actividad que me llena. Me gustan mucho las novelas, escribirlas me genera una sensación de tranquilidad que me saca de la rutina. 

 

-¿Qué proyectos tiene? 

-Muchos, fundamentalmente, vivir la vida.


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