ESTADOS UNIDOS

¿Quien ganó (y quien perdió) en el Supermartes?

El pasado martes primero de Marzo, para los Estados Unidos fue el “Supermartes”, donde doce estados votaron a la vez en las primarias por el cargo público más poderoso del mundo.
viernes, 04 de marzo de 2016 · 15:17

El pasado martes primero de Marzo, para los Estados Unidos fue el "Supermartes”: en él, doce estados norteamericanos tuvieron en simultáneo sus elecciones primarias, en las que decidieron a que candidato apoyar para que represente a los dos partidos hegemónicos en las próximas elecciones al puesto más poderoso del mundo.

Si bien las primarias continúan, el resultado del Supermartes ha servido históricamente como un termómetro preciso. Desde los años ’70, siempre que un candidato obtuvo una victoria abrumadora en los estados que participaban del Supermartes, resultó ganador de la nominación. Pero además, al participar votantes de varios estados diferentes, también suele funcionar como una encuesta que refleja mejor la intención de voto a presidente que las primarias celebradas en un solo estado.

Y sí bien este Supermartes 2016 contó con menos estados participantes que el "GigaTuesday” de 2008, dejó claros indicios de la intención real de voto para los candidatos de ambos partidos. Y dejó, por supuesto, ganadores y perdedores.

Quizás la única ganadora incuestionable haya sido la candidata demócrata, ex primera dama, ex senadora y ex secretaria de estado, Hillary Clinton. La interna demócrata presentó solamente dos candidatos, ella y el septuagenario senador de Vermont Bernie Sanders, un personaje atípico en la política norteamericana. Sanders se autoproclama socialista en un país donde la palabra es casi un insulto, toca fibras ultrasensibles del electorado conservador, e inclusive dentro del Partido Demócrata es un outsider. Antes de que empiece el primer round electoral, muchos tomaban su candidatura casi como un testimonial.

Pero ‘Bernie’ perdió por un margen ínfimo en el primer estado donde hubo internas y ganó en el segundo, poniendo en jaque una candidatura cantada. Por eso, para Hillary –y para el establisment del partido demócrata-, haber conseguido triunfos en ocho de los doce estados del Supermartes, contando entre ellos a los que más delegados entrega, fue sin duda un triunfo. Difícilmente pueda Sanders revertir la distancia que tomó Clinton, quien salió fortalecida de la contienda al haber demostrado la capacidad de conservar la base electoral de Barack Obama.

Sanders también tiene derecho a ubicarse en el lote de los ganadores. Más de una vez, antes de comenzadas las primarias, había argumentado que su objetivo no era la presidencia, sino la difusión. Gracias al arrastre innegable de su figura, materializado en triunfos en cuatro de los estados votantes, logró instalar su agenda y transformar su apoyo en una ficha de negociación valiosa.

Sí tras el primero de Marzo, el Partido Demócrata consiguió erguirse y dar una imagen de unidad y solidez, en las filas republicanas, el Supermartes fue una catástrofe.

La carrera por la nominación en el Partido Republicano ya se auguraba sangrienta en el momento en el que dieciséis candidatos distintos se presentaron a competir. Y entre ellos, la ineludible figura de Donald Trump, el ultramediático magnate inmobiliario que con su discurso efectista y plagado de prejuicios consiguió seducir a la mayor parte del electorado conservador, desilusionado con la dirigencia del "Grand Old Party” –como se conoce al Partido Republicano-, y sediento de revancha tras ocho años de administración Obama. El Supermartes, donde obtuvo triunfos holgados en ocho estados, lo dejo casi al borde de obtener la nominación. Lo que en la dirigencia republicana, equivaldría a servirle la presidencia en bandeja a Hillary Clinton, quien vencería holgadamente al multimillonario en una elección presidencial. Cuatro años más de gobierno demócrata, con una economía en franca recuperación y un ex presidente que deja el cargo con altísimos niveles de aprobación, significarían un golpe letal para un partido que aparece a la deriva.

La dirigencia del Partido Republicano se ha pronunciado desde un principio en contra de la candidatura de "the Donald”, y ha intentado activamente boicotear su campaña. No solo creen que perderá frente a Clinton, sino que estiman que incluso ganando él la presidencia se verían desfavorecidos, ya que Trump sólo responde a Trump. La única alternativa que pareciera quedarle al GOP para que el empresario no acceda a la nominación, es la de una alianza entre los dos candidatos que corren en segundo puesto, Ted Cruz y Marco Rubio. Pero dentro de ese tándem, es Cruz –referente del Tea Party, el ala de ultraderecha del partido- quien tiene la pisada más fuerte y quien dirigiría la fórmula. El remedio, para el Partido Republicano, es peor que la enfermedad; desconfían de Trump, pero le temen a Cruz. En el Supermartes, han sido los máximos perdedores.

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