ENTREVISTA

Héctor Baldassi: "Te recibís de árbitro cuando dejás de serlo"

Para muchos, el mejor árbitro argentino de este siglo. El origen de su apodo, el jugador que no fue, el médico que no fue, su llegada al referato, sus mejores momentos, sus reflexiones y esa pregunta que escuchó mil veces y ahora contesta en su último libro: “¿Qué cobrás?”.
lunes, 30 de mayo de 2016 · 11:25

Héctor Baldassi nació en Córdoba en 1966. Dirigió en Primera División entre 1997 y 2011. Fue arbitro de un Mundial sub 20, en los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008 y el Mundial de Sudáfrica 2010, el cenit de su carrera, según él define. Dirigió 18 superclásicos -entre ellos la semifinal de vuelta de la Copa Libertadores en 2004- y es el único referí que impartió justicia en todos los clásicos del fútbol argentino. Con su estilo descontracturado pero firme, obtuvo el reconocimiento del mundo del fútbol. En 2013 fue elegido como Diputado Nacional del PRO por su provincia, cargo que lo tendrá ocupado hasta 2017. En marzo debutó como comentarista del último superclásico y su autobiografía, llamada "¿Qué cobrás?", está en las librerías desde hace un mes. Con ustedes, la Coneja.


¿En qué se parecen tu trabajo actual como diputado nacional y el anterior como árbitro de fútbol? Ambas conllevan una gran exposición mediática.

Sí, la exposición que yo tenía cuando era árbitro es la misma. Si trazamos un paralelismo entre mi carrera como árbitro y la política, la exposición es exactamente la misma. Pero son dos cosas distintas: antes tomaba decisiones de forma particular adentro de un campo de juego y ahora las tomo participativamente en un bloque y a través de un partido.

¿Qué satisfacciones te dio el arbitraje?

Me permitió conocer el mundo y poder vivir de algo que uno siempre añoraba cuando era joven, que es la redonda. Me brindó ese placer y esa sintonía con el fútbol, además de haber llegado a lo máximo, dirigiendo en los Juegos Olímpicos de 2008 y en el Mundial 2010.

¿Jugaste al fútbol de chico?

Sí, en Huracán de Córdoba, el club del cual soy hincha. Jugué primero en la ciudad de Córdoba y a los 16 volví a mi pueblo, Río Ceballos, a jugar en la primera. A veces me permitía generar algún dinero extra, pero no se podía vivir de eso. Después del colegio estudié dos años de Medicina, pero me peleé con la jefa de cátedra de Física y me fui a vivir a Buenos Aires sin saber qué hacer, era junio de 1986. Ahí me tuve que empezar a solventar las necesidades básicas, como la comida y la pensión. Todo eso me hizo ir a la casa de mi amigo Marcelo Cañete, que es árbitro. Yo lo acompañaba todos los fines de semanas a las canchas, donde él dirigía ligas infantiles y hacía de asistente en partidos de la D y la C. Él me fue metiendo, durante tres años estuvo diciéndome que me anote en el curso y yo no quería saber absolutamente de nada, pero ante tanta insistencia un día me anotó en AFA y me sentí en la obligación de ir para no fallarle. Cuando empecé la carrera descubrí en el arbitraje una profesión que realmente no conocía y que a partir de esa llegada despertó mi verdadera vocación, que es tocar el pito.

¿El apodo "Coneja” viene de esa época?

(Se ríe) Nooo, viene de los cinco años, cuando iba al Jardín. Tenía una bolsita que llevaba un aplique de un conejo y ahí fue cuando los padres me empezaban a decir "ahí va la conejita” y desde esa edad me quedó coneja. Cuando empecé a dirigir primera, en el 97, una vez volví a Córdoba y estaba Walter Nelson y un tipo le dijo "cuidado con la Coneja, mirá que es nuestro” y cuando se enteró que hablaba de mí empezó a desparramarlo por todos lados. Antes de eso, eran muy pocos los que sabían que me decían así. Le parecía muy gracioso a los medios y a los porteños, entonces empezaron todos a apodarme. Es algo que ya iba conmigo.

Gracias a tu paso por los medios se te recuerda también como alguien divertido, como cuando le hiciste ese famoso chiste a Alejandro Fantino en Mar de Fondo y que hoy es muy revisitado en YouTube. ¿Te considerás un tipo gracioso?

Soy un tipo sencillo y divertido. Siempre dije que al arbitraje hay que desmitificarlo cuando se llega a dirigir en Primera División, que no pasa por ser serio o peinarte con gomina y tener cara de culo, sino que podés tener personalidad y autoridad desde otras formas. Traté de transmitir seguridad y respeto en el campo de juego teniendo fallos acertados y sobre todo haciéndoles saber a los jugadores que los podés retar y decirles que se están equivocando y a la vez tener una sonrisa en la cara. Ese fue un desafío que me propuse cuando empecé mi carrera en Primera División. A lo mejor, mi carácter y mi forma de ser me ayudaron a ser así dirigiendo y lograr ese sueño que es llegar a Primera. A lo mejor muchos pensaban que no lo iba a poder lograr, pero creo que con el correr de los años fui logrando esta credibilidad y esta autoridad pero no desde el lado del autoritarismo.

¿Existe una línea entre árbitros más autoritarios y otros más flexibles, entre castrillistas y lamolinistas, por así decirlo?

Me parece que esa es una disputa periodística. Yo creo que todos en el arbitraje queremos hacer las cosas bien y queremos tener aciertos sobre las jugadas. Hay modismos y formas pero cada uno tiene su estilo y somos diferentes a la hora de conducir un partido de fútbol. Yo siempre sostuve que hay que conducirlos con una inteligencia que te de la capacidad de disuadir conflictos, de poder saber dónde puede haber problemas, de poder acertar la ubicación y la decisión que tomás en base a eso, así como ser creíble a la hora del fallo. Son cosas que el aprendizaje te va dando. No pasa por Lamolina o Castrilli, pasa por cada uno, por tener la capacidad de conducir el partido sin soslayar las reglas.

Dirigiste 18 superclásicos, entre ellos el partido de vuelta de la Semifinal de la Libertadores de 2004. ¿Cómo recordás esa noche?

Lo recuerdo como un partido bisagra y muy trascendental para mi carrera, porque lo veía el mundo entero y porque era un encuentro que venía con un desarrollo bastante particular en el partido de ida, donde hubo arañazos y cuestiones de mal desempeño arbitral que hicieron que ese partido tuviera una atracción extra más allá del Boca-River. Todas esas cosas le dieron una emotividad importante. Uno se preparó para lo mejor y gracias a Dios esa noche las cosas salieron bien. Uno superó con creces las expectativas que había generado. Gracias a ese tipo de cosas logré la suficiente aceptación en el mundo del fútbol, de dirigentes, jugadores, técnicos, preparadores físicos y la prensa.

—Pese al respeto obtenido por vos y muchos de tus colegas, parece que los hinchas nunca paran de quejarse de los arbitrajes...

—Es que el árbitro se recibe de árbitro cuando deja de ser árbitro. Ahora me las se todas, lo veo en la tele y digo "esto es así” (se ríe). Pero en ese momento era un aprendizaje partido a partido. Porque también el árbitro tiene que superar una gran barrera que es la sospecha, porque se puede equivocar, somos personas y por ende falibles. Pero cuando te equivocás y esa equivocación no deja traslucir malos pensamientos sino que demuestra que fue un error involutario, el árbitro se volvió creíble, ya es una persona respetada. Es una barrera difícil de superar y de tener en su currículum, pero cuando llegaste a esa instancia, te recibiste de árbitro.
 
Julián Franzil.

@franzzzzo

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