Juan y María Esther son padre e hija. Podría ser una historia como cualquier otra del municipio pero ellos tienen en común el hecho de haber trabajado juntos en una de las empresas más importantes que tuvo Esteban Echeverría.
Se trata de la fábrica Amat, aquella textil que supo ser uno de los emblemas de la producción nacional. Su historia se extendió durante sesenta años. En sus mejores épocas, le exportó Estados Unidos, Sudáfrica, Brasil y Chile e incluso llegó a tener más de mil empleados. La innovación y la tecnología hicieron crecer a este lugar.
Sin embargo, la apertura de importaciones hizo que lentamente el declive se hiciera presente hasta que terminó quebrando más allá del esfuerzo de los empleados y sus dueños que trataron de sostenerlo.
Juan Paz:
Trabajé durante 46 años en Amat, entré cuando tenía 17. Llegué a jubilarme en la empresa luego de entregarle lo mejor de mí a la fábrica. Aprendí el oficio, me hice amigos, formé mi familia e incluso tuve la oportunidad de trabajar con mi hija aunque estuviéramos en sectores distintos.
Me queda el orgullo de verme progresar porque entré siendo aprendiz y terminé siendo capataz. Mi vida pasó en esa empresa.
María Esther Paz:
Mi experiencia fue hermosa. Trabajé en total casi once años. Me tocó viví la etapa más triste de la fábrica, con el concurso de acreedores y el cierre. Vivimos la incertidumbre y el dolor de no saber qué pasaba con nuestros puestos de trabajo. Sin embargo, me llevé los mejores recuerdos.
Era una empresa donde habían buenos valores y éramos casi una familia. Hoy en día sigo teniendo contacto con la gran mayoría de mis compañeros.






