A Celeste Bizzarri le cuesta un poco escuchar, y sin embargo no tiene problemas para comunicarse. Sabe leer los labios de quien charle con ella; y acompaña cada palabra que dice manteniendo su acento italiano innato con una gran sonrisa. Esta vecina cumplió hoy, 9 de mayo, 103 años.
Nació y creció en época de crisis, en la ciudad italiana de Piombino, región de Toscana. Corría el año 1917 y Europa atravesaba la Primera Guerra Mundial, y poco tiempo después arrasaría al mundo la Gripe Española, una pandemia comparable a la que vivimos hoy.
Allí creció Celeste, junto a su familia. Conoció a su marido y tuvo a su única hija, Nelly. Escapando de la hostilidad que se vivía en Europa, el 5 de marzo de 1951 Celeste llegó a Cañuelas a la par de su pequeña familia. Recién se mudaron a Monte Grande una década más tarde, a un chalet que construyeron con sus propias manos en Colón al 1290.
Y si bien Celeste ya había forjado una nueva vida en Argentina, nunca se desligó de sus raíces italianas. En nuestro pueblo teníamos un convento, y en esa época era donde las mujeres se educaban. Ahí aprendió a bordar y tejer. Es muy habilidosa con las manos, cuenta Nelly, única hija de Celeste.

Celeste, junto a su hija y su yerno.
De ese aprendizaje surgió un talento. Celeste replicó varias obras de arte famosas y las convirtió en cuadros bordados con hilo macramé. Punto por punto, con mucha paciencia, creó piezas únicas que hoy decoran su departamento y la transportan a sus días en su país natal.
Además, Celeste viajó varias veces a Italia. Siempre voló sola y lo hizo hasta los 95 años, cuando visitó por última vez a la parte de la familia que sigue viviendo en Piombino.
Ahora, por su edad, ya no puede darse el lujo de viajar pero sigue de cerca todo lo que sucede en su país: Me parece algo muy triste, cuenta Celeste, sobre la crisis que atraviesa Italia por el Covid-19. Aunque sigue a diario cómo avanza la pandemia, la tranquiliza que ninguno de sus familiares se haya contagiado.
Hoy Celeste festeja su cumpleaños en cuarentena, solamente con sus seres más cercanos, y disfrutando de ellos a pesar del complicado presente. Si bien asegura que no hay una fórmula para llegar a los 103, pasar un rato con ella puede dar algún indicio: siempre regala una sonrisa.






