ECHEVERRÍA CULTURA

Siempre serás

La vida de Gustavo Cerati, artista incomparable y transformador, que traspasó la frontera de la música, a través de la poesía de sus acordes. En cada mínimo detalle sus letras reflejan aquel vago intento por manipular el tiempo. Una doble vida, la persona, el personaje, en la que intentó durar para siempre entre amores y odios.
sábado, 01 de agosto de 2015 · 00:00

Cuesta encerrar y comunicar aquella obra de arte cuya representación material y física permanece más allá de la vida y de la muerte. Una verdadera trama de emociones surge en torno a esa obra que lejos de llenarse de polvo, resiste los tiempos y los formatos. Es el legado de Gustavo Cerati. El hijo de Lilian Clarke y Juan José Cerati, el mentor de Soda Stereo, la banda leyenda del rock en español, el ser que se respiraba melodías entre la persona y el personaje que simplemente nació para hacer música y que hoy se transformó en una composición sonora irreemplazable para volverse eterno.

Lejos de repasar su vida, podemos citar estados. Estados en los que soñó despierto en un escenario o vivió en el letargo de una esperanza que se negaba a soltar. Y así como desde el inicio supo comunicar que quería ser parte del jet set nos obligo a que dejemos la música ligera y que podamos crecer diciendo adiós.

Su voz aún eriza el alma y por un momento confunde sobre su ausencia real, obligando a pensar en que quizás la vida es un viaje de tantos, en los que el tiempo es solo una regla de juego.

Durante tres décadas Gustavo Cerati, modificó nuestra forma de entender la música, manipulando con maestría la arquitectura sonora y la magia. El ángel eléctrico que dejó la noción del tiempo en esos viajes cósmicos y otras veces internos, mientras emanaba acordes que cada quien podía descifrar según sus propios estados de ánimos. Era esa, la poesía de un artista que hoy más que nunca es parte de todos.

A los trece años, se pasaba las tardes descubriendo discos de Genesis, Yes y también de Deep Purple, Pink Floyd, o los locales Vox Dei y Pescado Rabioso. Leía sobre fenómenos paranormales, astronomía y neoarqueología con sus amigos del colegio San Roque, Sebastián Simonetti y Alejandro Magno, el primer trío inseparable que Gustavo formó en su vida. "Gustavo era fanático del Triángulo de las Bermudas”, cuenta Simonetti. "Le decíamos Melena, porque tenía el pelo medio largo, con rulos.”

Su primer hit fue una canción navideña que ganó el segundo puesto de un concurso musical que se emitió por Canal 9 y en el que León Gieco y Carlos Cutaia estaban en el jurado; en esa época también compuso "Desértico”, una canción religiosa y tocaba en la misa, en la Parroquia del colegio San Roque. Una de las primeras canciones que Cerati compuso para Soda Stereo –y que nunca llegaron a grabar- fue "Dime Sebastián”, inspirada en las horas de charla sobre ovnis con Sebastián Simonetti.

Un día –allá por 1982-, se imaginó liderando una banda junto a Hector "Zeta” Bosio y Charly Alberti, que bien pudo haber sido Aerosol, Estereotipos, Taras Bulba, Side-Car, pero finalmente fue Soda Stereo. Durante quince años, Cerati moldeó melodías y palabras, entre sobresaltos, temblores, signos, quizás una furia emanada por un corazón delator dando vida a una canción animal que se perdía en los remolinos de un sueño en stereo. "Agarre lo que agarre, me doy cuenta de que las armonías, las mezclas, el tipo de camino que uno toma están en la mente, en el corazón, y el resto son todos instrumentos, aunque sea una computadora.”

Fueron años en que la primera parte de su obra trascendía fronteras, estadios, y que la poesía pasó por distintos sonidos y cambios de estética. Pero eso fue Soda, cambio constante a lo largo de sus ocho producciones discográficas. Hasta que un día, más precisamente el 20 de setiembre de 1997, el trío dejó –paradójicamente-, el coloso stereo en un sueño que duró diez años. Exactamente el mismo día del último concierto, Soda Stereo despertó, como si cada pieza encajara a la perfección. En la conferencia de prensa, se había apostado un muro de televisores en el escenario en referencia al primer show de la banda en el Teatro Astros en diciembre de 1984, sumado al primero de los dos temas que tocarían: "Sobredosis de TV”. El lugar de la conferencia, fue el mismo en que se grabó el video de "En la ciudad de la furia”, el hit de 1988 que dio paso el eslogan para su gira de reunión: Me Verás Volver. Pero la burbuja en el tiempo duró tres meses y se reprodujo en veintidós shows a lo largo del continente. "La gira de Soda, que fue enorme, me puso en un lugar, por lo menos en lo musical, en realmente siento que puedo hacer cualquier cosa.”

Liberado de "la prisión artística” en que se había convertido Soda Stereo, Cerati comenzó a darle forma a su nueva poesía solista. Después de la experiencia de "Amor Amarillo” en 1993, llegarían "11 Episodios Sinfónicos, "Siempre es hoy”, "Bocanada” y "Ahí vamos”. Fue precisamente luego de la gira de "Ahí vamos”, en 2006 que había sufrido una tromboflebitis y permaneció un par de días en terapia. Un susto. Hasta había dejado de fumar. Como si hiciera falta para comprobar que a veces, su vida privada se jugaba en público sin filtros, el último cigarrillo lo encendió para interpretar al detective melancólico de su videoclip de "Crimen”: "La verdad que si no hubiera estado fumando en ese momento hubiera tenido que fraguar el cigarrillo de alguna manera, hubiera sido una situación muy complicada para mí. De última, ya solucionado ese tema, lo que se ve en el video realmente es el último cigarrillo que me fumé. El otro día estaba viendo algunas cosas, momentos antiguos registrados en videos, veía qué tan asociado estaba realmente al cigarrillo a mi vida. No digo que lo haya dejado de estar porque de alguna manera va a seguir estando, como un alcohólico, después de tantos años, pero ya hasta me parece extraño verme así. Hasta pienso que el cigarrillo no me queda bien, que es medio ridículo. Pero básicamente dejé por un susto”.

Después de más de la mitad de su vida en el oficio de estrella de rock, de veinticinco años de vida en la ruta, de giras interminables al frente de la banda mas importante del rock latino, en los que él también demolió hoteles: llegó a tirar un bidet desde una ventana. "¿Qué otra cosa puedo hacer?", se preguntaba Gustavo Cerati. Después de la experiencia del regreso de Soda, tomó conciencia del tamaño de su obra, del impacto que tenía todavía en varias generaciones de Latinoamérica. Sintió que ya no tenia que demostrarle nada a nadie y por primera vez en su carrera, tenía una idea clara de la trama general que iba a atravesar el disco "Fuerza Natural” antes de empezar. Quería que su nuevo disco solista funcionara "como un punto de fuga, un viaje en distintas dimensiones. Un viaje externo y a la vez interno, terrestre y cósmico, una confusión con sentido, un espejismo folk, blues y psicodelia con información del futuro.”El quinto y último disco de estudio de Gustavo Cerati como solista, muestra pasajes de tono premonitorio en su lírica. Contento con el resultado había manifestado: "Si yo me retirara ahora, en este momento, que no creo que sea muy factible, pero supongamos que si, me iría contento, por Fuerza Natural.”

Nueve meses después, cuando sufrió el accidente cerebrovascular en Venezuela, esas palabras parecieron resignificarse en todo en todo el álbum:"Si yo tuviera que escribir o componer canciones que tengan que ver solamente con mi vida, con un disco bastaría.”

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