Al ingresar a Faro Chiriguano al 220 se escuchan las primerasrisas y gritos. No sucede nada del otro mundo, sino lo más común en cualquiercasa de barrio. Niños y niñas juegan al fútbol. Algunos de ellos seguramentesueñen con ser el futuro Juan Román Riquelme, mientras que otros deben tener ensu mente vestir la celeste y blanca cual Diego Armando Maradona.
Por otro lado, ellas acompañan las jugadas y tímidamentedeciden sumarse. En definitiva es un partido más, que permite despejar esapequeña cabeza de cualquier necesidad material para priorizar que el balón ingresea un arco imaginario y acto siguiente, abrazar a su compañero. Ese compañerocon quien en este caloroso verano comparte varias horas a diario.
Como si fuera el Monumental, La Bombonera o el SantiagoBernábeu, disfrutan y se divierten. Aunque cuando paran la pelota pueden ubicarque están en su segundo hogar o quizás el primero. Ese mismo espacio que losalberga de las necesidades a las que algunos prefieren hacer oídos sordos. Setrata del Comedor "Mis Ponchitos que lideran Fabiana y su esposo, José, encompañía de Karina. Con el cual, actualmente,la Comisión Directiva del club San Marcos se puso en contacto para poder aportar su grano de arena.
"Ayudanos a ayudar más, todo parece indicar que de eso setrata. Al menos así lo entendieron desde la institución deportiva de la ciudady a su vez esperan que otros imiten la misma actitud. Por esa razón serán losencargados de donar el material necesario como pelotas y arcos, para que loschicos realicen deporte dentro del comedor, que a ciencia cierta es parte de lacasa de una familia a la que lo único que le sobra es amor y solidaridad.
"Mi ponchitos sufre muchas necesidades. Donde las másurgentes tienen que ver con la infraestructura. "Vienen alrededor de cienchicos por semana, el lugar que tenemos ya nos queda chico. Por esonecesitamos, chapas, tirantes y materiales para poder agrandarlo. Sería muchomás cómodo, expresaron desde la ONG.
A su vez, tal como manifestó José, uno de los pilaresimportantes, a pesar de estar contento con lo que hacen, no les alcanza. Es quede acuerdo a su testimonio, hay días donde por falta de espacio, algunos chicostienen que esperar afuera por su plato o tienen que comer parados por lacarencia de muebles, tales como sillas y mesas. El cocinero también destacó laimportancia del espacio recreativo de los más pequeños, es que "cuando llueveen la cancha se junta agua y esimposible utilizarla. De esa manera, estarían necesitando nivelar el piso.
Por su parte, Karina, es la encargada de hacer jugar a loschicos. "Los nenes juegan fútbol y las nenas al vóley, remarcó. Al mismotiempo evidenció la carencia que existe en el barrio y anticipó que prevénrealizar una feria para recaudar lo necesario y de esa manera hacer un lugarmejor para los chicos.
"Es importante la iluminación. Hay días que están hasta lasnueve de la noche y les tenes que decir ´anda a tu casa´. Pero no los podesmandar en la oscuridad, recordó Fabiana, otra encargada de la cocina.
En lo que respecta a la actividad en sí, los lunes ymiércoles hay copa de leche, mientras que el sábado está habilitado el comedory cuando pueden también ofrecen la merienda. Los chicos lo agradecen con unasonrisa, al mejor estilo de gol. Y otra vez se escuchan risas. Las tareas noparan, las necesidades son muchas, y el corazón es grande.






