El sábado, puntualmente a lamedianoche, Carmen emprendió el reto más complicado hasta ahora, para el cualse preparó física y mentalmente durante meses: la competencia de 100km dePatagonia Run, la carrera más exigente a nivel nacional según los especialistasen maratón.
En su regreso a Echeverría,cuenta orgullosa su logro en esta carrera que fue "durísima. "La terminé, cumplícon lo que yo quería pero fue durísima, explica. "Tuve la maravillosa idea dedebutar en montaña con la carrera más exigente, añade.
Para ella un tropezón no escaída, y si se cae, no desiste. En su participación en la competencia seencontró con diversos obstáculos pero ninguno de ellos logró detenerla. "Me pasóde todo: largué descompuesta porque me había caído mal la cena, los primeros 15kilómetros fue correr descompuesta, relata.
Ese no fue su único contratiempo.Cuando bajaba el cerro Colorado, el segundo de la competencia, tropezó y secayó con la mala suerte de que su huesito dulce chocó contra una piedra. "A partirde ahí, seguí con más cuidado, dolorida, y cuando llegué al puesto deasistencia, que estaba ya al terminar de bajar el cerro, me inyectaron undiclofenac y continué. Me quedaba todavía otro cerro, el Quilanlahue, que esdurísimo pero ya lo hacíamos de día, explica Carmen.
"Salí con bastones de treckingque te ayudan a subir la pendiente, a los pocos kilómetros ya había roto elprimer bastón. Tuve que hacer tres cerros y dos fueron de noche. El primero nofue un cerro muy complicado pero el Colorado sí, es muy alto, y escalarlo denoche suma dificultad, comenta acerca de las circunstancias. "Hacía días queno llovía y la tierra estaba suelta, los que corrían levantaban el polvillo yentre la luz frontal, que era la única que tenías, no veías por donde corrías,te tragabas todas las raíces y piedras que había, añade.
Si bien estaba sola en lanaturaleza, gracias a la tecnología su entrenador seguía su desempeño en lacarrera desde Echeverría. "Mi entrenador desde Buenos Aires trataba de darmealiento, de calmarme, de darme sugerencias el celular es parte delequipamiento obligatorio que uno tiene que llevar en la carrera y gracias a esopude comunicarme con él. Le iba mandando mensajes de cómo iba y como estaba yél me daba sugerencias para tener en cuenta, destacó Carmen.
No obstante todos los imprevistosde la carrera, su fuerza física y mental fueron más. Logró finalizar la carreraen 18 horas, llegando de día, lo que era uno de sus principales objetivos.
"Los últimos kilómetros prácticamentecaminaba todo el mundo. La parte más pesada y más larga fue el ingreso a laciudad, que son 800 metros, arrastraba todo el cansancio de la carrera y noquería dar un paso más, relata. Sin embargo su fuerza mental y el apoyo de lagente la hizo seguir. "Allá el pueblo alienta a todo el que cruza, que vapasando por la ciudad, uno llega emocionado hasta que por fin cruza la meta,añade.
Hoy, ya en Echeverría, comenta quele duele todo el cuerpo de la cintura para abajo, que dejó destruidos un par dezapatillas y dos bastones de trecking pero asegura que "vale la pena, lospaisajes son increíbles.






