ECHEVERRÍA DEPORTES

Estos pibes no están verdes

Felipe Calderón y Valentino Coronel son parte del equipo de M12 de rugby del Club San Marcos. Ambos se acercaron al deporte por distintas circunstancias pero sus desempeños mejoran notablemente día a día.
sábado, 01 de agosto de 2015 · 00:00

El rugby como disciplina, de a poco fue tacleando los fantasmas de muchas ideas en torno a su práctica. Entrenadores, padres y jugadores encuentran ciertas cuestiones enraizadas en la actividad, que ayudan en la formación de la personalidad. Es el caso de estos dos deportistas que un día se pusieron la camiseta verde y blanca, dejando de lado si fue por recomendación o por simple casualidad. Así lo cuenta Felipe Calderón-que juega de wing-, durante una tarde en la que fue a ver a jugar a su hermana Camila al hockey –hace tres años-, lo invitan a jugar al rugby y a partir de ese momento se convirtió en una de sus primeras elecciones. "La primera vez me acuerdo que todos los que hoy son mis amigos se me acercaron, me ayudaron porque yo no sabía cómo se jugaba el deporte y en mi primer partido hice un try. Pero fue algo raro porque yo no sabía jugar y agarre la pelota. Me di una vuelta carnero para adelante y fue try de milagro. El profe Michel me ayudó, me explico cómo se hacían los pases y en mi segundo partido hice cinco tryes y ahí empecé a jugar”, relata Felipe. "Fue muy emotivo, era una categoría en formación sin muchos conocimientos del juego pero con muchas ganas. Fue en Lomas Athetic un cuadrangular. Lo más importante es que terminó muy contento”, rememora su papá Diego.
Con respecto a Valentino Coronel –apertura y capitán del equipo-, su mamá Vanina comenta que "siempre fue un nene muy adulto pero con ciertas dificultades para relacionarse con sus pares así que nos recomendaron y decidimos meternos en el mundo del rugby”. Es entonces que en el año 2012, se produce un antes y después en la vida social de Valentino, sobre todo en la forma que afianzó la confianza en sí mismo. Su primer partido fue contra Floresta, "se lo veía muy emocionado y con muchos nervios, que a lo largo del encuentro fueron mermando gracias al apoyo y confianza que le brindaron los entrenadores, para nosotros como papas fue increíble”. También Valentino recuerda como fue el comienzo: "Hace tres años, estuve medio año y como no me había gustado deje, un día mi tía me dijo para ir al club a mirar rugby y al otro día comencé a entrenar. Me acuerdo que como no había muchos jugadores, estábamos entrenando mezclados con algunos más grandes. Me recibieron como si estuviera yendo de hace mucho tiempo”.

Ambos padres coinciden en los aspectos positivos que este deporte y particularmente el club San Marcos, les brinda a sus hijos. El respeto por los compañeros, por la autoridad, sacrificio individual y colectivo, la inclusión porque todos son imprescindibles desde el primero hasta el último, por lo cual se genera una estrecha relación basada en el compañerismo que se fomenta entre los niños.
"San Marcos es un club bárbaro, integrado por profesores que trabajan muy duro para que los chicos adquieran cada día más conocimiento y formación.Hay muchísima dedicación para que nuestros chicos crezcan en un ambiente sano. Valoro mucho que el club me ayude en la formación de una persona tan importante como lo es mi hijo” define Diego, papá de Felipe. Mientras que Vanina, mamá de Valentino, afirma que "nuestros hijos realmente sienten que es su segundo hogar”.

Y la voz de ambos futuros rugbiers se hace lugar entre la de los papás. Ellos son los que perciben el rugby en cada entrenamiento. "Me gusta todo. Entrenar, jugar, correr. Porque yo soy rápido y cuando corro les cuesta agarrarme y me encanta correr. Juego en la punta. Cuando se abre la pelota del centro para afuera, agarras la pelota y tenés que correr hacia adelante y tratar de no irte de la cancha. Nos piden que no tratemos de entrar dormidos a los partidos porque siempre en los primeros tiempos empezamos perdiendo porque entramos dormidos. Pero después en el tercer tiempo empezamos a jugar mejor. Me golpie un montón de veces porque yo soy re flaquito, siempre me esguinzo el mismo dedo. El mayor de la mano izquierda”, comenta Felipe. Mientras que Valentino destaca: "Me gustó el juego, la idea del respeto hacia el otro. Dentro de la cancha, me gusta el compartir esos momentos que uno siente con los que ya son mis amigos, después de tantos años. Recuerdo cuando estábamos jugando en el club Almafuerte y nosotros éramos muy bajitos y todos los jugadores nos llevaban media cabeza. Casi ni los veíamos a la cara y así jugamos. San Marcos es como uno y el rugby cambió muchos aspectos de mi vida”.

 

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