Policiales

Una película de terror

En la primer mitad de los años 80, la sociedad argentina se vio conmovida por una caso que excedía todos los antecedentes policiales. Se trataba de una familia de la clase alta que secuestraba a sus conocidos, los mataba y cobrara el dinero.

Una película de terror
El Diario Sur

Hay una frase popular quedice "la educación empieza por casa”. El problema es que esa enseñanza que sebrinda puertas para adentro no siemprees la correcta. Así sucedió con el "Clan Puccio”; los valores que aprendieronlos hijos de su padre no fueron los que debieron ser, sino que los llevaron aformar parte de una banda que secuestraba personas, cobraba el rescate y luegolas mataba. La familia era de alcurnia, vivía en una casona de San Isidro yextorsionaba a la gente que formaba parte de su mismo ambiente. Los Pucciotenían muchos amigos. Amigos que, tarde o temprano, dejaban de serlo paraconvertirse en sus víctimas.

Eran una familia quepertenecía a la alta sociedad por herencia. Juan Puccio fue jefe de prensa delMinisterio de Relaciones Exteriores y Culto durante la gestión del cancillerJuan Atilio Bramuglia -su amigo personal-, en el primer peronismo. Su hijo Arquímedes,líder del clan, ingresó en la Cancillería al poco tiempo de haber egresado delsecundario; su instrucción y su formación profesional prometían que el joveniba a ser un personaje de renombre en el mundo de los empresarios argentinos yde hecho lo fue, aunque no por los motivos que enorgullecen a cualquier hombrede negocios.

En 1950, Arquímedescomenzó a trabajar en la embajadaargentina en Madrid como correo de base, denominación técnica de los correosdiplomáticos. Durante esa labor, el incipiente mafioso se vio tentado con elprimer delito conocido que cometió: intentó contrabandear, por valijadiplomática, doscientas cincuenta pistolas Beretta provenientes de Italia. Elproceso se atenuó porque las armas eran de calibre 22 y él manejabainfluencias, finalmente fue sobreseído por la Justicia.

Arquímedes se recibió decontador público y se casó con la profesora de contabilidad y matemáticaEpifanía Angeles Calvo, con quien tuvo cinco hijos: Alejandro, Silvia, Daniel, Guillermoy Adriana. En su matrimonio, no sólo se consolidó la historia de una parejasino también la del crimen organizado.

En 1973, la familia vivíaen un caserón de San Isidro. Eran conocidos en el barrio ya que tenían un negociodonde vendían artículos para deportes náuticos en la planta baja de suvivienda, y un bar en el edificio lindero. También, eran reconocidos en elambiente del deporte: Alejandro, "Alex”, era integrante de la primera divisióndel Club Atlético San Isidro (CASI) y de Los Pumas al igual que Daniel, "Maguila”también jugador del mismo club. Epifanía daba clases en un colegio católico alque asistía la hija menor; los Puccio concurrían a la misa del domingo. Parecíauna familia intachable pero detrás de ese carisma para las actividadessociales, se escondía una historia de terror. Eran un grupo de criminales quetambién contaba con el apoyo de amigos cercanos como Guillermo FernándezLaborda, Roberto Díaz, Gustavo Contempomi, el militar retirado Rodolfo Franco yel albañil Herculano Vilca.

Tiempo después, la genteque vivía en el barrio declaró que era muy común ver a Arquímedes barrer lavereda, incluso la de sus vecinos. Esa actitud lo hacía parecer un hombreamable. Pero no eran sólo hojas lo que se llevaba su escoba; se movía como elpersonaje de "corazón delator”, con la sospecha de ser descubierto por habercometidos crímenes irreparables, sospecha que, más tarde, se convertiría enrealidad aunque él siempre negó sus delitos.

El primer hecho fuecometido el 22 de julio de 1982. Ese día, el joven empresario Ricardo Manoukian,hijo de los dueños de la cadena de supermercados Tanti, fue entregado por suamigo Alejandro. La víctima pasó nueve días en la bañera de la casa de los Puccio hasta serasesinado de tres tiros en la nuca. Lomataron a pesar de que su familia había pagado el rescate de 250.000 dólares yaque podía testificar contra los secuestradores y se acabaría la fuentes deingresos de la banda.

La segunda víctima fue elingeniero Eduardo Aulet, otro conocido de Alejandro del ambiente del rugby. Fuesecuestrado el 5 de mayo de 1983 en Libertador y Austria. Su familia pagó100.000 dólares de rescate pero los Puccio lo asesinaron apenas cobraron laimportante suma de dinero. Su cuerporecién apareció cuatro años después.

El dueño de la firma deropa y zapatos, Emilio Naum, sería la tercera víctima de la ola de secuestrosque atormentaba a los vecinos de San Isidro. Naum iba caminando cuando vio queArquímedes le hacía señas para que se acerque a su auto, se dio cuenta queestaba por ser secuestrado e intentó resistirse pero no lo logró: fue asesinadode un balazo. Lo dejaron muerto en elauto, en plena calle, sin poder cobrar ningún dinero a cambio de su vida.

En 1985, secuestraron ala cuarta víctima: la empresaria Nélida Bollini del Prado. Por ella pidieron500 mil dólares y estuvo treinta y dos días encerrada. A la mujer le hacíancreer que estaba en el campo y no en un sótano (hay que recordar que lamantenían con los ojos vendados); para ello los Puccio llevaban al sótanofardos de pasto que colocaban cerca de la señora, ponían un casete en un equipode música en el que habían grabado cantares de pájaros silvestres y cada tantoencendían un ventilador para hacer pasar el viento como brisa campestre. Elcaso fue develado gracias a una empleadade la antigua empresa de teléfonos Entel. La mujer logró descifrar los llamadosque venían de teléfonos públicos que ayudaron a la policía a interrumpir el momento en queArquímedes, Daniel y Fernández Laborda pactaban la entrega de dinero porNélida.

En el bolsillo de la campera de"Maguila" los efectivos hallaron un papel con los números de teléfonode los dos hijos de la mujer cautiva. Era el fin del clan. Esa misma noche,veintiún efectivos de la Policía Federal al mando del comisario Mario Fernándezallanaron la casona de los Puccio. En la cocina estaba el ex Puma, Alex, juntocon su novia, Mónica Survik, a la espera de que sus cómplices llegaran con eldinero. Los policías fueron hasta el sótano y dieron con la señora Bollini enestado de desesperación.