Policiales

La muerte que conmovió a un país

Diego Peralta fue secuestrado el 7 de julio de 2002 cuando iba en un remis a su colegio en El Jagüel. Fue hallado muerto en una tosquera de Ezpeleta, Quilmes, el 12 de agosto de 2002.

La muerte que conmovió a un país
El Diario Sur

Emilce Silva tiene la miradatranquila, la voz finita y pareciera de bajo perfil aunque los hechosdemuestran todo lo contrario. Es la mamá de Diego Peralta. Es la mujer que hizosentir su voz en las manifestaciones, los Juzgados, la prensa y la sociedadpara reclamar que se haga justicia por la muerte de su hijo. Asegura que pudorehacer su vida "a medias” porque siente mucho su perdida y lleva los recuerdosa cuestas. Tiene una historia muy particular, muy propia. Nadie sabe lo quesiente una madre. Nadie salvo ella sabe las lágrimas que derramó y la nostalgiade lo que no volverá jamás.

"El siete de julio de 2002, Diegofue secuestrado. Treinta y nueve días estuvimos esperándolo hasta que aparecióasesinado el catorce de agosto de 2002. En todo ese tiempo, dormíamos vestidos,estaba la brigada en casa, se hizo todo lo que los secuestradores pedían. Todo.Pero lo mataron igual. No se lo deseo a nadie y, sin embargo, sigue ocurriendo.Los secuestros siguen ocurriendo”, comienza a contar Emilce sobre la tragediaque le tocó vivir. Para sus familiares y amigos era "Dieguito” porque loquerían y porque una banda de delincuentes no le dio la posibilidad de crecerni de ser adulto. Por el crimen hay cinco imputados. Todos ellos recibieroncadena perpetua. Una pena para toda la vida. Como el dolor de sus seresqueridos.

El joven fue secuestrado cuando ibaen un remis al colegio. Fue trasladado a una vivienda del barrio Los Plátanos,en Berazategui, donde lo mantuvieron dopado con tranquilizantes mientras pedíana Luis Peralta 200 mil dólares de rescate, suma que creían que el padre deDiego tenía guardada en su casa. Una cantidad exorbitante para un simplecomerciante de Zona Sur. "Nosotros trabajamos para una empresa importante queera Quilmes. Teníamos cuatro camiones quehacían distribución y a lo mejor por eso lado, pensaron que seriamosdueños de esa empresa pero nada que ver”, se lamenta Emilce. A raíz de ese primer pedido comenzaron lasnegociaciones. Los captores creían que el padre se negaba a pagar el dineropero no lo tenía. Luego de algunas idas y vueltas, Peralta pagó nueve mil pesosy dos mil dólares, el veinte de julio.

A pesar de que los padres hicierontodo lo indicado, el cuerpo de Diego Peralta apareció flotando en una tosquerade Ezpeleta, en Quilmes. Los exámenes de los peritos determinaron que eladolescente había sido asesinado a cuchillazos, cinco días después de habersido secuestrado y aún así continuaron con las negociaciones. El joven habríareconocido a uno de los captores y, por eso, no tuvieron piedad por su vida.

Emilce empezó a organizarse por sucuenta. A hacerse escuchar. "El papá de Dieguito no quería que yo salga a lacalle a reclamar nada y era algo que era más fuerte que yo. No me importabanada. No me podía callar. Cuando te pasa algo así, no tenés límites. No habíanada que me impedía decir lo que estaba ocurriendo en el proceso”.

Finalmente lo logró. Encontraron ala banda de captores y los detuvieron. En una primera instancia condenaron a: CheloCejas, Julio César Rotela, el Chaca Pereyra, la Gorda Rosita Pistillo y el BatiBáez, condenados a reclusión perpetua.El Chino Shimabukuro recibió diez años y José García, cinco. El remisero quellevaba al chico a su colegio, Fermín Amarilla, fue absuelto. Hasta esemomento, estaba prófugo "el Pipi Garzón”que luego fue capturado y condenado a veintinueve años.

El caso que Emilce y su familiadefendieron con uñas y dientes es casi uno de los privilegiados en este país.La historia no sólo se hizo conocida entre la opinión pública sino que tambiénlogró que los secuestradores que mataron a su hijo queden presos. Sin embargo,la Justicia le enseñó a desconfiar y hoy explica que no está segura qué fue deesa gente. Los detenidos están en la cárcel pero nunca asumieron la culpa. Sólouno de ellos declaró con detalles el homicidio que llevaron a cabo y los datosque sirvieron para encarcelar a sus compañeros. Tampoco hay culpa en suconciencia. "Cada año, en diciembre quiere salir uno de ellos. Entonces viene miabogado y tengo que hacer una nota en contra del que pide la libertad por eldos por uno. Me hace remover todos los sentimientos”.

"Los secuestradores no tienencorazón, no tiene familia, no saben lo que es el sufrimiento, lo que es elamor de una madre a su hijo. No tienennada de lo que tenemos nosotros los padres, el amor hacia nuestros hijos”,reflexiona sobre la gente que le sacó a Dieguito.

Además señaló que ellos sospechabanque la policía había ayudado en el secuestro pero no lograron elevar esaacusación a juicio: "No me quedé conforme porque siempre dijimos desde unprincipio, que había policías involucrados. En el proceso de juicio, nosotrosdesconfiamos de la policía, en pleno búsqueda de dieguito cae detenido el ComisarioHernández que estaba a cargo de la investigación, ¿Cómo no voy a desconfiar dela policía si el cae detenido en la Comisaría siendo Jefe de la Brigada Anti Secuestro?Siempre hubo la duda sobre la policía. No le hice juicio ni siquiera al Estadoporque el Estado era el que tenía que cuidarme. Ahora solo espero a la JusticiaDivina”.

Trece años después. Hoy

La muerte de Diego marcó un antes yun después en su núcleo familiar. Cuando el caso salió a la luz, se podía veruna familia unida, que luchaba para alcanzar la verdad. "Éramos una familia quelaburaba todo el día para el futuro de ellos, para Dieguito y Romina.Trabajamos de sol a sol para el futuro de ellos no nuestro y después, derepente, se estrelló antes”. Los años pasaron, hoy no se mantienen unidos perocada uno lo recuerda y así lo explica Emilce. "Nos destruyeron. Romina, lahermana de Dieguito tiene treinta y cuatro años. Tocamos muy poco el tema perocuando hablamos, me dice que le falta una parte de ella. Al papá de Dieguitohace tres años que no lo veo, no hay ningún tipo de contacto. Y yo nunca podríaser la que fui antes porque me falta una parte de mi misma. Hoy sólo sobrevivo,todos los días siento la ausencia de mi hijo, lo extraño”. Si bien sufrió muchoy considera que nunca va a ser "una mujer feliz”, aclara que no le gustamostrar su tristeza porque no quiere "vivir de la lastima sino del respeto”. "Enel 2009 me dieron este trabajo. Graciasdios vivo de mi trabajo, estoy bien, estoy cuidándolos a todos porqueestoy en las cámaras de seguridad. Me importa mucho mi trabajo, gracias a Diosme gusta lo que estoy haciendo. Yo sobrevivo pero no puedo ser normal. Derepente estoy bien, de repente estoy mal, me cuesta involucrarme con otra genteque no le pasó una tragedia como a mí”.

Tampoco la gente se olvida de Dieguitoy su mamá. Emilce afirma que la gente la reconoce en la calle y la saluda.Agradece la repercusión que tuvo el caso porque sino "no hubieran llegado ajuicio” y explica que algunas personas le hablan en la porque el crimen losgolpeó también aunque nunca lo conocieron a Diego. "Es como que yo salgoconsolando a la otra persona que se acerca a mí. Y sí, soy la mamá de DiegoPeralta, con orgullo. La gente no se olvida y eso es lo importante”, destacacon entereza.

"Dieguito era un chico inocente quea pesar de la edad que tenia, diecisiete años, estudiaba y trabajaba, selevantaba temprano para trabajar con el padre”, afirma y remarca que ella teníauna relación única con él. "Era hermoso. Lo mejor de la vida. Era muy mamero.Dieguito era muy mío. Todo el mundo le decía Dieguito y quedó así, no creciónunca, quedó como Dieguito. Me dio los mejores diecisiete años de mi vida. Fuifeliz. Lo llevo en mi corazón. Está conmigo. No me abandona”. Al cumplirse losdiez años de la muerte de Diego, Emilce organizó un pequeño homenaje en laEstación de El Jagüel y tuvo una gran convocatoria en la comunidad. Ese día,estuvieron presentes alrededor de ciento cincuenta personas, se leyeron poemasen conmemoración a la víctima y se proyectó un documental sobre su corta vida.Asimismo, Emilce conoció a "los dieguitos”, un grupo de chicos de diez años,cuyas madres eligieron llamarlos Diego en honor a Peralta.

"Estoy buscando la calle Diego Peralta, sonseis cuadras nada más. Todavía no lo conseguí pero voy a seguir buscando laforma de que una calle del barrio de Diego lleve el nombre de él. No me voy aquedar con el no. Voy a seguir esperando, ya se me va a presentar laoportunidad donde pueda presentar el proyecto. Es algo pendiente que me lodebo”, concluye Emilce Silva haciendo planes a futuro. No resulta difícilcreerle. No resulta difícil pensar, después de todo lo que logró, que es unamujer fuerte, digna de alcanzar lo que se propone.