Policiales

La muerte que conmovió a un país

Diego Peralta fue secuestrado el 7 de julio de 2002 cuando iba en un remis a su colegio en El Jagüel. Fue hallado muerto en una tosquera de Ezpeleta, Quilmes, el 12 de agosto de 2002.
jueves, 16 de julio de 2015 · 16:54

Emilce Silva tiene la mirada tranquila, la voz finita y pareciera de bajo perfil aunque los hechos demuestran todo lo contrario. Es la mamá de Diego Peralta. Es la mujer que hizo sentir su voz en las manifestaciones, los Juzgados, la prensa y la sociedad para reclamar que se haga justicia por la muerte de su hijo. Asegura que pudo rehacer su vida "a medias” porque siente mucho su perdida y lleva los recuerdos a cuestas. Tiene una historia muy particular, muy propia. Nadie sabe lo que siente una madre. Nadie salvo ella sabe las lágrimas que derramó y la nostalgia de lo que no volverá jamás.

"El siete de julio de 2002, Diego fue secuestrado. Treinta y nueve días estuvimos esperándolo hasta que apareció asesinado el catorce de agosto de 2002. En todo ese tiempo, dormíamos vestidos, estaba la brigada en casa, se hizo todo lo que los secuestradores pedían. Todo. Pero lo mataron igual. No se lo deseo a nadie y, sin embargo, sigue ocurriendo. Los secuestros siguen ocurriendo”, comienza a contar Emilce sobre la tragedia que le tocó vivir. Para sus familiares y amigos era "Dieguito” porque lo querían y porque una banda de delincuentes no le dio la posibilidad de crecer ni de ser adulto. Por el crimen hay cinco imputados. Todos ellos recibieron cadena perpetua. Una pena para toda la vida. Como el dolor de sus seres queridos.

El joven fue secuestrado cuando iba en un remis al colegio. Fue trasladado a una vivienda del barrio Los Plátanos, en Berazategui, donde lo mantuvieron dopado con tranquilizantes mientras pedían a Luis Peralta 200 mil dólares de rescate, suma que creían que el padre de Diego tenía guardada en su casa. Una cantidad exorbitante para un simple comerciante de Zona Sur. "Nosotros trabajamos para una empresa importante que era Quilmes. Teníamos cuatro camiones que hacían distribución y a lo mejor por eso lado, pensaron que seriamos dueños de esa empresa pero nada que ver”, se lamenta Emilce. A raíz de ese primer pedido comenzaron las negociaciones. Los captores creían que el padre se negaba a pagar el dinero pero no lo tenía. Luego de algunas idas y vueltas, Peralta pagó nueve mil pesos y dos mil dólares, el veinte de julio.

A pesar de que los padres hicieron todo lo indicado, el cuerpo de Diego Peralta apareció flotando en una tosquera de Ezpeleta, en Quilmes. Los exámenes de los peritos determinaron que el adolescente había sido asesinado a cuchillazos, cinco días después de haber sido secuestrado y aún así continuaron con las negociaciones. El joven habría reconocido a uno de los captores y, por eso, no tuvieron piedad por su vida.

Emilce empezó a organizarse por su cuenta. A hacerse escuchar. "El papá de Dieguito no quería que yo salga a la calle a reclamar nada y era algo que era más fuerte que yo. No me importaba nada. No me podía callar. Cuando te pasa algo así, no tenés límites. No había nada que me impedía decir lo que estaba ocurriendo en el proceso”.

Finalmente lo logró. Encontraron a la banda de captores y los detuvieron. En una primera instancia condenaron a: Chelo Cejas, Julio César Rotela, el Chaca Pereyra, la Gorda Rosita Pistillo y el Bati Báez, condenados a reclusión perpetua. El Chino Shimabukuro recibió diez años y José García, cinco. El remisero que llevaba al chico a su colegio, Fermín Amarilla, fue absuelto. Hasta ese momento, estaba prófugo "el Pipi Garzón” que luego fue capturado y condenado a veintinueve años.

El caso que Emilce y su familia defendieron con uñas y dientes es casi uno de los privilegiados en este país. La historia no sólo se hizo conocida entre la opinión pública sino que también logró que los secuestradores que mataron a su hijo queden presos. Sin embargo, la Justicia le enseñó a desconfiar y hoy explica que no está segura qué fue de esa gente. Los detenidos están en la cárcel pero nunca asumieron la culpa. Sólo uno de ellos declaró con detalles el homicidio que llevaron a cabo y los datos que sirvieron para encarcelar a sus compañeros. Tampoco hay culpa en su conciencia. "Cada año, en diciembre quiere salir uno de ellos. Entonces viene mi abogado y tengo que hacer una nota en contra del que pide la libertad por el dos por uno. Me hace remover todos los sentimientos”.

"Los secuestradores no tienen corazón, no tiene familia, no saben lo que es el sufrimiento, lo que es el amor de una madre a su hijo. No tienen nada de lo que tenemos nosotros los padres, el amor hacia nuestros hijos”, reflexiona sobre la gente que le sacó a Dieguito.

Además señaló que ellos sospechaban que la policía había ayudado en el secuestro pero no lograron elevar esa acusación a juicio: "No me quedé conforme porque siempre dijimos desde un principio, que había policías involucrados. En el proceso de juicio, nosotros desconfiamos de la policía, en pleno búsqueda de dieguito cae detenido el Comisario Hernández que estaba a cargo de la investigación, ¿Cómo no voy a desconfiar de la policía si el cae detenido en la Comisaría siendo Jefe de la Brigada Anti Secuestro? Siempre hubo la duda sobre la policía. No le hice juicio ni siquiera al Estado porque el Estado era el que tenía que cuidarme. Ahora solo espero a la Justicia Divina”.

Trece años después. Hoy

La muerte de Diego marcó un antes y un después en su núcleo familiar. Cuando el caso salió a la luz, se podía ver una familia unida, que luchaba para alcanzar la verdad. "Éramos una familia que laburaba todo el día para el futuro de ellos, para Dieguito y Romina. Trabajamos de sol a sol para el futuro de ellos no nuestro y después, de repente, se estrelló antes”. Los años pasaron, hoy no se mantienen unidos pero cada uno lo recuerda y así lo explica Emilce. "Nos destruyeron. Romina, la hermana de Dieguito tiene treinta y cuatro años. Tocamos muy poco el tema pero cuando hablamos, me dice que le falta una parte de ella. Al papá de Dieguito hace tres años que no lo veo, no hay ningún tipo de contacto. Y yo nunca podría ser la que fui antes porque me falta una parte de mi misma. Hoy sólo sobrevivo, todos los días siento la ausencia de mi hijo, lo extraño”. Si bien sufrió mucho y considera que nunca va a ser "una mujer feliz”, aclara que no le gusta mostrar su tristeza porque no quiere "vivir de la lastima sino del respeto”. "En el 2009 me dieron este trabajo. Gracias dios vivo de mi trabajo, estoy bien, estoy cuidándolos a todos porque estoy en las cámaras de seguridad. Me importa mucho mi trabajo, gracias a Dios me gusta lo que estoy haciendo. Yo sobrevivo pero no puedo ser normal. De repente estoy bien, de repente estoy mal, me cuesta involucrarme con otra gente que no le pasó una tragedia como a mí”.

Tampoco la gente se olvida de Dieguito y su mamá. Emilce afirma que la gente la reconoce en la calle y la saluda. Agradece la repercusión que tuvo el caso porque sino "no hubieran llegado a juicio” y explica que algunas personas le hablan en la porque el crimen los golpeó también aunque nunca lo conocieron a Diego. "Es como que yo salgo consolando a la otra persona que se acerca a mí. Y sí, soy la mamá de Diego Peralta, con orgullo. La gente no se olvida y eso es lo importante”, destaca con entereza.

"Dieguito era un chico inocente que a pesar de la edad que tenia, diecisiete años, estudiaba y trabajaba, se levantaba temprano para trabajar con el padre”, afirma y remarca que ella tenía una relación única con él. "Era hermoso. Lo mejor de la vida. Era muy mamero. Dieguito era muy mío. Todo el mundo le decía Dieguito y quedó así, no creció nunca, quedó como Dieguito. Me dio los mejores diecisiete años de mi vida. Fui feliz. Lo llevo en mi corazón. Está conmigo. No me abandona”. Al cumplirse los diez años de la muerte de Diego, Emilce organizó un pequeño homenaje en la Estación de El Jagüel y tuvo una gran convocatoria en la comunidad. Ese día, estuvieron presentes alrededor de ciento cincuenta personas, se leyeron poemas en conmemoración a la víctima y se proyectó un documental sobre su corta vida. Asimismo, Emilce conoció a "los dieguitos”, un grupo de chicos de diez años, cuyas madres eligieron llamarlos Diego en honor a Peralta.

"Estoy buscando la calle Diego Peralta, son seis cuadras nada más. Todavía no lo conseguí pero voy a seguir buscando la forma de que una calle del barrio de Diego lleve el nombre de él. No me voy a quedar con el no. Voy a seguir esperando, ya se me va a presentar la oportunidad donde pueda presentar el proyecto. Es algo pendiente que me lo debo”, concluye Emilce Silva haciendo planes a futuro. No resulta difícil creerle. No resulta difícil pensar, después de todo lo que logró, que es una mujer fuerte, digna de alcanzar lo que se propone.

 

 

 

 

 

 

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