El caso continúa causando conmoción en la comunidad educativa. En las últimas horas se sumó la denuncia de otra alumna por la misma acusación y hasta el momento, el portero se sigue negando a declarar.
Por otra parte, siguen apareciendo los mensajes sugestivos que Espíndola le enviaba a la menor de 15 años. Por lo que se supo, el hombre buscaba ganarse la confianza de los alumnos, generar empatía para de esa forma, lograr su cometido.
En junio de 2018, el agresor le pidió el celular a la víctima. Comenzó con un simple Hola, ¿cómo estás? fue el inicio para un vínculo más cercano. Mirá lo que te escribí, pero borralo porfi, le advertía el hombre. Al tener una relación de confianza, la chica accedía y eliminaba algunos de los mensajes. Te veo mañana, te espero antes de que te vayas. Nuestros corazones están latiendo al unísono, ya te estoy extrañando. Si podés y querés sacate fotos y mandame. Cuando puedas nos escribimos, seguía diciéndole él.
Otro día, el hombre propone un contacto más directo: Cuando puedas, llamame. Jimena se resiste y le cuenta que no le dejaban usar el celular porque tenía las materias bajas. Pero el portero insiste: Igual escribime, si podés sacate una foto en el gimnasio y mandame. Te espero siempre con los brazos abiertos y con el corazón más. Además, en horarios de clase le preguntaba: ¿Venís un ratito?. La nena se negaba, pero Espíndola insistía. Una situación de abuso sexual fue en el laboratorio del colegio.
Además, el portero le mandaba canciones románticas, algunas de Julio Iglesias. También le pedía que le mandara notas de voz, porque le encantaba escuchar su voz. La justificación de las charlas entre ellos, según el hombre, era porque la amaba, la extrañaba y la necesitaba.
Los informes psicológicos hechos a Jimena determinan que su relato tiene un hilo conductor y que la menor es espontánea para declarar. Además, que el denunciado establecía una relación de afinidad y seducción con la menor, erotizando poco a poco el vínculo con ella.






