Un vendedor ambulante africano estuvo 19 meses preso en Mendoza, acusado de un femicidio. Era inocente. La única prueba en su contra fue haber encontrado en la calle el celular de la víctima, cambiarle el chip y usarlo como propio. La policía Florencia Peralta (26) fue estrangulada el 13 de septiembre de 2016, en su casa de San Rafael. Ahora vuelve a ser su ex pareja el principal acusado del crimen, aunque podría quedar libre por falta de pruebas.
SU HISTORIA:
Barry entró en escena al día siguiente del crimen de la mujer policía. Estaba haciendo venta ambulante cuando fue detenido por inspectores de comercio de la Municipalidad de San Rafael. Le quitaron los relojes, lentes, carteras y otras prendas que vendía y le devolvieron las cosas, a cambio de que se vaya de San Rafael. Aceptó y cuando caminaba hacia la terminal de ómnibus, para comprar los pasajes a Buenos Aires, encontró un celular. El aparato estaba en una acequia, frente a la catedral, a dos cuadras de la terminal, figura en la declaración judicial.
Era el celular de la mujer asesinada que, de acuerdo a este relato y las pericias, fue encendido a dos kilómetros de la casa donde la asesinaron. El africano le sacó el chip al teléfono de la víctima y colocó el suyo. Entonces comenzó a sacarse fotos con el celular y las compartió en Facebook.
Cuando los investigadores empezaron a rastrear el teléfono, dieron con Barry en El Jagüel. Ya había pasado un año del crimen, un año de que él había hallado el celular y se había sacado la "maldita" foto. Sin embargo no pudieron detenerlo porque ya se había trasladado a otra provincia con su venta ambulante.
El 2 de agosto de 2017, lo atraparon en Rosario y lo trasladaron a la cárcel de San Rafael. Allí comenzó su odisea de casi 20 meses. Fue terrible para mí todo esto. A la Justicia le costó reconocer que se había equivocado. Me tuvieron acá por tenerme, porque no había ni una prueba que me lleve al lugar del hecho, ni siquiera como encubridor u otra cosa, dijo al concluir la audiencia en los tribunales de San Rafael.
Ya en libertad, Barry se despidió de sus conocidos en Mendoza. Volvió a la venta ambulante y tiene pensado retomar el trámite para obtener la ciudadanía argentina. Al abogado Rubio, quien le dio asilo, le queda un sabor amargo: Constatar que vivimos en un sistema que criminaliza la pobreza






