Sociedad

El trabajo de ser amigos

La fábrica cerró en 1975 y sin embargo, ellos siguen reuniéndose año tras año para continuar su amistad

El trabajo de ser amigos
El Diario Sur

"Era una fábrica de sueños” pronunciaJuan Iriarte, uno de los ex empleados de la fábrica "Britalco” que se reúnentodos los años, desde el 2001. Es que las reuniones para este centenar detrabajadores son más que reuniones, son reencuentros que les permiten recordar susépocas de juventud, revivir con emoción y alegría aquellas anécdotas que están grabadasen sus memorias y que nada las podrá borrar.

Desdehace 14 años se reúnen, puntuales, en el restaurante "Comer” de Monte Grandemás de cien empleados de esta empresa que se ubicaba en Spegazzini. Fabricaban mediasde nylon que se distribuían, con éxito, a todo el país durante la década del60. Poco tiempo después "Britalco” cerró sus puertas y se trasladó a Puerto Madrynllevándose consigo a varios trabajadores.

  Ladistancia, la vida, los compromisos los alejó. El paso del tiempo hizo lo suyotambién. Hasta que un día a María Ester Corti, que ocupaba el puesto deayudante de encargada en la fábrica, se le ocurrió llamar uno por uno a sus ex compañerospara volverse a reunir. Localizar a todos no fue fácil, algunos se habíanmudado, otros no tenían teléfono pero la perseverancia y la convicción de quevolverse a reunir iba a ser una experiencia única, hizo que el objetivo pueda cumplirse.

Yasí fue, lo que empezó con esfuerzo poco a poco, año a año se volvió un hábito.Todos saben que la segunda semana de octubre tienen un compromiso inamovible, quede solo recordarlo, les dibuja una sonrisa en la cara.

 "Nosolo realizamos juntadas sino que además llevamos hechos varios viajes. Nosgusta mucho juntarnos, compartir momentos. Somos una gran familia” cuenta EsterCorti.

El sábado pasado realizaron suencuentro número catorce. Puntuales a las 13 horas estaban los ex empleados dispuestosa renovar el encuentro. En pocos minutos tres largas mesas del restaurante estabanrepletas por los trabajadores. Las carcajadas, las charlas y la alegría inundaronel lugar.

 Lamúsica no tardó en aparecer. Juan Carlos Fredes, también empleado de "Bristol” animóla juntada cantando y haciendo bailar a sus compañeros hasta el cansancio.

Como cierre, Ester Palleros, leyóun poema que hizo especialmente para la reunión y que emocionó a más de uno.

Lahora de la despedida llegó y el nuevo objetivo ahora es juntarse también enmayo. Es que son tantas las ganas de continuar esta unión que reunirse una solavez al año se vuelve insuficiente.

 Losrostros cambiaron, el tiempo pasó, aquellos jóvenes de veinte años que trabajabanen esa fábrica de pueblo, hoy, son hombres y mujeres mayores con familia, hijosy nietos. Esas amistades que se mantienen intactas y que son más fuertes que ladistancia y los años, merecen, sin duda alguna, ser contadas y dejarlasperpetuadas entre las historias del municipio.