Sociedad

“El trabajo de ser amigos”

La fábrica cerró en 1975 y sin embargo, ellos siguen reuniéndose año tras año para continuar su amistad
lunes, 19 de octubre de 2015 · 13:36

"Era una fábrica de sueños” pronuncia Juan Iriarte, uno de los ex empleados de la fábrica "Britalco” que se reúnen todos los años, desde el 2001. Es que las reuniones para este centenar de trabajadores son más que reuniones, son reencuentros que les permiten recordar sus épocas de juventud, revivir con emoción y alegría aquellas anécdotas que están grabadas en sus memorias y que nada las podrá borrar.

Desde hace 14 años se reúnen, puntuales, en el restaurante "Comer” de Monte Grande más de cien empleados de esta empresa que se ubicaba en Spegazzini. Fabricaban medias de nylon que se distribuían, con éxito, a todo el país durante la década del 60. Poco tiempo después "Britalco” cerró sus puertas y se trasladó a Puerto Madryn llevándose consigo a varios trabajadores.

  La distancia, la vida, los compromisos los alejó. El paso del tiempo hizo lo suyo también. Hasta que un día a María Ester Corti, que ocupaba el puesto de ayudante de encargada en la fábrica, se le ocurrió llamar uno por uno a sus ex compañeros para volverse a reunir. Localizar a todos no fue fácil, algunos se habían mudado, otros no tenían teléfono pero la perseverancia y la convicción de que volverse a reunir iba a ser una experiencia única, hizo que el objetivo pueda cumplirse.

Y así fue, lo que empezó con esfuerzo poco a poco, año a año se volvió un hábito. Todos saben que la segunda semana de octubre tienen un compromiso inamovible, que de solo recordarlo, les dibuja una sonrisa en la cara.

 "No solo realizamos juntadas sino que además llevamos hechos varios viajes. Nos gusta mucho juntarnos, compartir momentos. Somos una gran familia” cuenta Ester Corti.

El sábado pasado realizaron su encuentro número catorce. Puntuales a las 13 horas estaban los ex empleados dispuestos a renovar el encuentro. En pocos minutos tres largas mesas del restaurante estaban repletas por los trabajadores. Las carcajadas, las charlas y la alegría inundaron el lugar.

 La música no tardó en aparecer. Juan Carlos Fredes, también empleado de "Bristol” animó la juntada cantando y haciendo bailar a sus compañeros hasta el cansancio.

Como cierre, Ester Palleros, leyó un poema que hizo especialmente para la reunión y que emocionó a más de uno.

La hora de la despedida llegó y el nuevo objetivo ahora es juntarse también en mayo. Es que son tantas las ganas de continuar esta unión que reunirse una sola vez al año se vuelve insuficiente.

 Los rostros cambiaron, el tiempo pasó, aquellos jóvenes de veinte años que trabajaban en esa fábrica de pueblo, hoy, son hombres y mujeres mayores con familia, hijos y nietos. Esas amistades que se mantienen intactas y que son más fuertes que la distancia y los años, merecen, sin duda alguna, ser contadas y dejarlas perpetuadas entre las historias del municipio.

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