ECHEVERRIA SOCIEDAD

Un pibe de barrio en el fin del mundo

Matías Barraza es un joven echeverriano que, desde febrero hace patria, en una de nuestras seis Bases Antárticas Permanentes.
sábado, 21 de noviembre de 2015 · 12:01

El 5 de marzo de 2012, por Decreto 309/2012 del Poder Ejecutivo Nacional, se establece el cambio de denominación de la Base Jubany, por Base Carlini, nombre que surge del científico Dr. Alejandro Ricardo CARLINI. La zona está conformada por una serie de lomadas cuya altura no excede los 60 metros sobre el nivel del mar, donde se destaca el cerro denominado Tres Hermanos de edad terciaria inferior, con una altura de 190 metros.

 

Las instalaciones están sobre un terreno compuesto principalmente de basaltos augíticos, materiales detríticos, sedimentos fluvio-glaciales y zonas de playa cuyos sedimentos arenosos sueltos de color oscuro -en su mayor parte de origen volcánico- cubren toda el área costera.

La productividad de sus aguas medidas por la riqueza en fitoplancton es muy alta, lo cual permite una gran proliferación de zooplancton que se nutre de él y que a su vez sirve de alimento para peces. Por todos los factores mencionados, la Base permite a investigadores de distintas áreas desarrollar sus planes, en las disciplinas de las ciencias naturales, principalmente de carácter biológico.

Desde el 27 de febrero de este año, Matías Barraza oriundo del Barrio Malvinas de Monte Grande se encuentra en la Base Científica Carlini. Allí se desempeña como Enlace Logístico de la Dirección Nacional del Antártico.

 

La función del Enlace es proveer de materiales y herramientas al personal que realiza las actividades logísticas de la Base-Ejército Argentino, Fuerza Aérea y Perfectura-, y también a los científicos. "Un día en Base Carlini es levantarse a las 8 de la mañana y luego del desayuno voy a mi puesto de trabajo que es el depósito polar, me quedo recibiendo al personal de la dotación que van a buscar herramientas o materiales para realizar el trabajo de la mantención de la base también realizó requerimientos y demás necesidades e informes a la jefatura que se encuentra en Buenos Aires”.

 

Las bases antárticas son todas civiles y el personal de las fuerzas armadas apostado en ese lugar es solo como apoyo científico, no se permite que haya personal militar armado, solo están para realizar las actividades logísticas.

 

Desde junio del 2014, Matías estuvo trabajando en el Depósito Polar de Buenos Aires que se encuentra en el puerto, participó de la campaña antártica de verano en Buenos Aires, preparando las cargas con víveres para la supervivencia de las dotaciones que se encuentran durante todo el año. El trabajo fuerte se realiza en verano ya que pueden ingresar los barcos sin problemas de quedar estancados por el congelamiento.

 

"Un día dejé mi curriculum en la web de la Dirección Nacional del Antártico cuando estaba tomando gente. Yo ingresé junto con un grupo de chicos de la escuela Nº 9 "Héroes de Malvinas” de Lomas de Zamora. Ellos ingresaron por medio de un programa de inclusión que lleva adelante el director Mariano Memolli, en el cual se eligió a los mejores promedios de ese colegio para que puedan trabajar dentro del la Dirección Nacional del Antártico” relata sobre sus comienzos.

 

"Yo tuve la particularidad de haber venido por primera vez y quedarme varios meses, casi siempre los que venimos por primera vez a Antártida se lo deja un máximo de dos meses para ver si se adapta al lugar, aislamiento, la distancia; pero en marzo tuve la propuesta de quedarme como enlace logístico ya que quien iba a venir a ocupar ese lugar no pudo venir, luego en junio me enviaron otro relevo, que tampoco pudo llegar por malas condiciones climáticas, entonces formalmente me propusieron, debido a la buena adaptación que tuve con mis compañeros de dotación y en el desempeño laboral, que me quede hasta diciembre.

 

Dentro de este maravilloso momento que vive en la Base Carlini, entra en juego el componente familiar y la distancia. Situación que Matías supo adaptarse teniendo en cuenta que "Uno extraña más cuando se pasa algún momento difícil y a decir verdad no tuve muchos malos momentos ya que se generó un muy buen equipo de trabajo en el que uno se puede apoyar. Además por medio de las tecnologías uno está en contacto permanente, vía llamadas, redes sociales, whatsapp y demás herramientas de comunicación que tenemos gracias al funcionamiento del satélite Arsat 1 que nos posibilita contar con wifi en toda la base”.

 

Con respecto a lo que representa esta experiencia única en su vida dice que es "Un privilegio muy grande poder estar en este lugar donde de 40 millones solo seremos máximo 200 los argentinos que estamos en Antártida Argentina al servicio de la patria. Estar aprendiendo día a día con personal tan profesional y preparado como lo son el personal de nuestras fuerzas es algo muy bueno. El estar en contacto con nuestros científicos, conviviendo a diario con ellos es algo que jamás en mi vida imaginé. Vengo de una familia humilde y mi primer vuelo en avión fue en un Hércules de Fuerza Aérea con destino a Río Gallegos para luego cruzar a Base Marambio y de ahí llegar a la base científica Carlini, también acá conocí por primera vez la nieve. Es una experiencia inolvidable en muchos sentidos”.

 

 

 

 

 

 

 

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