SOCIEDAD-ECHEVERRÍA

Dos muertes que no terminan de morir

Dos casos fatales en el Santamarina, una mujer y una niña, actualizados por declaraciones publicadas recientemente en Clarin, en las cuales la doctora Gilabert reitera que fue golpeada por ambas familias.En dialogo con El Diario, la madre de Dafne y el esposo de Sandra Vera desmienten todo y acusan a la profesional
domingo, 06 de diciembre de 2015 · 22:30

Dafne Ramírez tenía dos años y siete meses, soñaba con ser modelo, le gustaba bailar, cantar  y quería conocer Disney junto a sus abuelos. Esperaba con ansias su cumpleaños numero tres para después arrancar el jardín. Su mamá Jennifer Campusano la recuerda con dolor y nostalgia, "Mi hija era la alegría de la casa”.

Sandra Vera atravesaba un momento de la vida sin mayores preocupaciones, le gusta salir a comer y compartir momentos con su esposo y familia. Tenía cuarenta y nueve años y una vida llena de proyectos.

 

Dafne y Sandra no se conocían pero tuvieron algo en común: ambas fallecieron en el hospital Santamarina de Monte Grande. Las dos familias acusan a esa institución de mala praxis y abandono de persona, reclaman justicia y salen a desmentir los rumores que los acusan de golpear a la doctora Stella Maris Gilabert, quien trabaja en dicho hospital.

 

Jennifer cuenta que su hija ingresó  al Santamarina el día 29 de julio porque presentaba un cuadro de tos que hacía que se agitara. "Primero me informaron que le iban a dar el alta porque la nena estaba bien, y a los pocos minutos me dijeron que no se podía ir porque la mi hija estaba obstruida por lo cual recién iba a  poder retirarse el día lunes 3 de agosto”.

En esos cinco días, la madre de la nena, fue la encargada de cuidarla y prestarle atención, "Si la hubieran atendido como corresponde, se podría haber detectado mucho tiempo antes que tenía Dafne”.

 

"El día en que  la nena tenía que salir del Santamarina con  la autorización de los médicos, detectaron que tenía líquido y una mancha en el pulmón producto de una neumonía, que contrajo por un  virus en el hospital”. En ese momento le avisan a la familia que la  debía ingresar a quirófano para poder hacerle un drenaje y luego trasladarla a otro hospital debido a que no contaban con especialidades pediátricas, lo cual dificultaba la atención de la niña. "Yo pregunté si corría riesgo por ser chiquita y si tenía que firmar algún tipo de autorización y  me dijeron que ´era una simple operación, que me prepare para trasladarla´.

 

Dafne ingresó al quirófano a última hora del domingo. Nada hacía esperar el desenlace que iba a tener esa operación. ”Antes de entrar a la sala de operación me dijo, ‘te amo hasta el cielo má’ y nunca más volvió”. La chiquita no soportó la operación y a la medianoche de ese lunes los médicos le anunciaron a la familia que Dafne había fallecido. "Lo único que me dijeron es que mi hija había muerto, no nos dieron ningún otro tipo de explicación. Todo lo contrario, en vez de contarnos qué fue lo que pasó, la puerta del quirófano se llenó de policías que impedían que entrara a ver el cuerpo de mi hija”.

 

Esos policías que no dejaban a Jennifer entrar al quirófano y llorar a su hija, lo hacían por pedido explícito de los médicos que llevaron a cabo la operación. "Dicen que los llamaron por seguridad, porque los parientes de Dafne estábamos muy alterados y tenían miedo por su integridad. Nosotros no golpeamos nadie sino que queríamos qué nos digan qué pasó con mi hija ahí adentro”

 

Una situación similar ocurrió con Sandra Vera donde su familia  reclama por abandono de persona. El día 3 de septiembre, la mujer se encontraba paseando por Alem, buscando un calzado junto a su marido. En un momento Sandra se descompuso plena calle, a la vista de todos. Su marido no dudó un instante en pedir ayuda a un agente de la policía local que patrullaba las zona. Lo que Carlos, esposo de Sandra, no sabía era que su mujer había tenido un ACV. Rápidamente, fue llevada al Santamarina en busca de atención médica.  "A penas llegamos me dijeron que había que llevarla a otro hospital porque en el lugar no había tomógrafo y no se podía saber qué tenía” cuenta Carlos Oscar Cepeda, esposo de la mujer.

 

Luego de los estudios, la mujer fue traída nuevamente al hospital del municipio donde, según cuenta el marido de Sandra, "no recibió la atención adecuada”.

"Dijeron que no tenia sangrado y la dejaron en una camilla sin atención, con suero, anestesia y nada más. En el tiempo que estuvo en el hospital nunca la llevaron a sala intensiva sino que la dejaron en una sola de shock. Nosotros, su familia, fuimos los encargados de atenderla, le revisábamos si tenía fiebre y hasta le retirábamos el orín.

Según cuenta Carlos, él mismo fue quien detectó que su esposa respiraba con complejidad y que los síntomas que estaba presentando no eran normales. "El mismo médico que estaba a cargo de cuidarla, me dijo que no necesitaba el oxígeno, entonces, se lo sacaron porque lo precisaba otro paciente”.

 

La neuróloga del hospital que detectó el ACV que Sandra había tenido no dejó ningún tipo de recomendación o instrucciones a sus colegas por tal motivo, la mujer, quedó completamente desatendida.  Cuando la situación comenzó a empeorar "ningún médico se hizo presente y el que debía hacerlo estaba durmiendo. No había enfermeras ni quien pudiera ayudarnos. Me canse de buscar a alguien, entonces empecé a gritar porque estaba desesperado”.

Oscar cuenta que en esas dos horas donde Sandra empeoró nadie le prestó asistencia. "Mi esposa se me murió en los brazos”.

 

El desenlace que tuvo Sandra fue similar al de Dafne, ningún responsable del hospital pudo decirles a los familiares qué ocurrió con sus seres queridos.

En medio de tanto dolor e impotencia, las dos familias se contactaron por Facebook por la similitud de los casos y se pusieron de acuerdo para realizar una marcha en contra de los médicos del Santamarina.

El día 23 de septiembre, familiares y amigos de Sandra y Dafne fueron al hospital a realizar pintadas y pedir explicaciones sobre qué fue lo que sucedió en los dos casos.

 

"Escribimos el hospital, pero en ningún momento robamos, ni rompimos nada. Dicen que le pegamos a los médicos y en ningún momento hicimos eso. Lo único que pedimos es justicia” cuenta Jennifer y agrega "Muchos de los escritos que aparecieron en el hospital no los hicimos nosotros, sino los mismos médicos que trabajan ahí”.

Según cuentan, las personas que estaban en la guardia del Santamarina esperando ser atendidos fueron testigos de que no rompieron ni ingresaron a las habitaciones de los pacientes como dicen algunas versiones.

 

Ese mismo día y en el medio de la marcha, se hizo presente el secretario de Salud municipal, Andrés Burke Viale, y mantuvo una reunión de casi dos horas con los familiares de la víctima. El mismo les aseguró que el municipio trabajaba en los casos desde hacía tiempo, reuniendo la información médica y administrativa para hacer la denuncia penal debido a que esto no es la primera vez que ocurre en ese hospital.

 

Una denuncia  acusa a las dos familias de realizar destrozos en el hall y dentro del Santamarina, además de agredir  físicamente a la pediatra  Stella Maris Gilabert, y al bioquímico Gustavo Ruiz cuando se retiraban del centro de salud. En el caso de la mujer dice haber sido duramente golpeada lo que le provocó una conmoción cerebral y varios días sin poder trabajar.

Miguel Molina, referente de  la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud de la provincia de Buenos Aires (CICOP) afirmó que el día de la movilización "La doctora Gilabert, salió a hablar pacíficamente, diciendo que tenían que hacer la denuncia pero que no destruyan el hospital. Cuando se retira, la gente empezó a agredirla, diciéndole que era una asesina, la agarraron entre 10 y 20 personas, la tiraron al suelo y le pegaron una trompada”

 

Luego de la marcha, los médicos del hospital realizaron un paro de 24 horas por "el supuesto ataque de los familiares hacia ellos y al hospital”, además de argumentar la falta de presencia policial en la zona.

Pero la familias desmienten todos estos dichos y afirman todo lo contario "Ella fue quien nos agredió y salió a insultar a todos los que estábamos realizando el reclamo. Gilabert fue quién le hizo una herida en la mano a mi hermana mientras estaba realizando una pintada en una de las paredes del hospital. La herida que provocó fue profunda. Además de eso nos trato de negros de mierda y de villeros” , cuenta Jennifer.

 

Debido a los insultos proporcionados por la médica, los familiares de Sandra, realizaron una denuncia en el INADI porque se sintieron agraviados, pero por sobre todo, discriminados.

"Decidí hacer la denuncia en esa institución porque las cosas pasaron realmente como las estamos contando, no tenemos ninguna necesidad de mentir. Del otro lado se miente mucho”.

 

En cuanto al caso de Dafne, esta semana van a realizarle una autopsia para detectar si hubo mala praxis o no y se iniciará la demanda correspondiente.

 

El dolor que llevan  Carlos  y Jennifer es grande. Casi tan grande como la indignación que les causa las mentiras que se dicen sobre sus familiares. Nada les va a devolver  la presencia de sus seres queridos;  la justicia se encargará de determinar si hubo mala praxis y si el abandono de persona se llevó a cabo. Por lo pronto, el mensaje que estas dos familias, unidas por el dolor, quieren dejar es "No más Dafnes y No más Sandras en el Santamarina”.

 

 

 

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