ECHEVERRÍA - SOCIEDAD

Una experiencia inolvidable en el Cruce Sanmartiniano de los Andes

Daniel Gómez es uno de los vecinos que decidió vivir en carne propia lo que muchos libros cuentan, el trayecto que San Martín realizó por la cordillera de los Andes. Con un grupo de amigos se encaminó en una travesía de 6 días que cuenta a continuación.
miércoles, 15 de abril de 2015 · 09:18

Daniel lleva a una vida común, como cualquier otra. Tiene un trabajo en su negocio náutico, tres hijos, una familia y una pasión: el tradicionalismo, algo que le viene de herencia y que inculca en su descendencia.

Un día, de casualidad, el destino le propuso sentir en su propia piel un trocito de la historia argentina realizando el Cruce Sanmartiniano de los Andes. "Un día nos juntamos en la casa de un amigo, que fue el que realmente planeó para hacer el viaje. Después se dio que iban a ir otros muchachos más, entre ellos Claudio Galarreta, me invitaron a ir y decidí emprender esta travesía”, recuerda.

La hazaña duró unos seis días. Partieron desde Mendoza, a donde habían llegado con avión, hacia la cumbre de los Andes, donde agarraron sus caballos, que serían fieles compañeros durante casi una semana. Con total confianza se encaminaron hacia una difícil travesía. Los esperaban 12 horas diarias de cabalgata por estrechos caminos de tierra y piedra, barrancos y precipicios acompañados por sol, viento y condiciones climáticas duras.

"Es algo muy loco, parecido a un sueño”, describe Daniel. "La experiencia que vivís ahí en la montaña, con los arrieros, con todas esas cosas que te van pasando no lo podes creer, son emociones que van cambiando día a día. El dormir a la noche armando una cama con mantas de los animales, dormir al aire libre es increíble, son miles de cosas para contar, es todo muy lindo y emotivo, emocionante”, añade. "Somos gente de toda la vida del tradicionalismo, así lo valoraba mi abuelo, mi papá y se lo transmito a mis hijos”, explica respecto a la pasión que generó el viaje en él.

Los temores y las dolencias físicas por la altura o las condiciones del camino quedaban opacados por la emoción del grupo. En la cabalgata, conoció a grandes personas, entre ellos turistas que se animaban a realizar el camino. Junto a Daniel, cruzaron la cordillera otras 38 personas entre los que se encontraban guías y baqueanos, quienes se encargaron de llevar lo necesario para el viaje en las mulas.

Para Daniel esta pasión es generacional y familiar. "Mi hijo mayor desfila conmigo y le encanta, a los más chicos estoy pensando un poco más adelante armar un paquete y hacer el camino de los Esteros del Iberá, que lo hace el mismo tipo de gente que hace”, comentó.

"Te llevas una experiencia adentro que no te la podes olvidar nunca más. Estuvimos con gente que vino de Estados Unidos, Colombia, Brasil… y te dicen ellos mismos: ‘esto lo tienen ustedes solos’; la vista, los paisajes… es algo que te queda grabado para siempre adentro tuyo, no te lo podes olvidar nunca más. Es algo que no ves en ningún lado, esas experiencias inolvidables, revivir lo que hicieron los antepasados es impagable”, destaca de su viaje.

La llegada al Paso Internacional Piuquenes fue el momento más emotivo del viaje. Situados en la frontera entre Argentina y Chile, el grupo enarboló la bandera nacional y dejaron una palca con sus nombres para que quienes emprendan el mismo camino los puedan recordar.

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