Daniel lleva a una vida común,como cualquier otra. Tiene un trabajo en su negocio náutico, tres hijos, unafamilia y una pasión: el tradicionalismo, algo que le viene de herencia y queinculca en su descendencia.
Un día, de casualidad, el destinole propuso sentir en su propia piel un trocito de la historia argentinarealizando el Cruce Sanmartiniano de los Andes. "Un día nos juntamos en la casade un amigo, que fue el que realmente planeó para hacer el viaje. Después sedio que iban a ir otros muchachos más, entre ellos Claudio Galarreta, meinvitaron a ir y decidí emprender esta travesía, recuerda.
La hazaña duró unos seis días.Partieron desde Mendoza, a donde habían llegado con avión, hacia la cumbre delos Andes, donde agarraron sus caballos, que serían fieles compañeros durantecasi una semana. Con total confianza se encaminaron hacia una difícil travesía.Los esperaban 12 horas diarias de cabalgata por estrechos caminos de tierra ypiedra, barrancos y precipicios acompañados por sol, viento y condicionesclimáticas duras.
"Es algo muy loco, parecido a unsueño, describe Daniel. "La experiencia que vivís ahí en la montaña, con losarrieros, con todas esas cosas que te van pasando no lo podes creer, sonemociones que van cambiando día a día. El dormir a la noche armando una camacon mantas de los animales, dormir al aire libre es increíble, son miles decosas para contar, es todo muy lindo y emotivo, emocionante, añade. "Somosgente de toda la vida del tradicionalismo, así lo valoraba mi abuelo, mi papá yse lo transmito a mis hijos, explica respecto a la pasión que generó el viajeen él.
Los temores y las dolenciasfísicas por la altura o las condiciones del camino quedaban opacados por laemoción del grupo. En la cabalgata, conoció a grandes personas, entre ellosturistas que se animaban a realizar el camino. Junto a Daniel, cruzaron lacordillera otras 38 personas entre los que se encontraban guías y baqueanos,quienes se encargaron de llevar lo necesario para el viaje en las mulas.
Para Daniel esta pasión esgeneracional y familiar. "Mi hijo mayor desfila conmigo y le encanta, a los máschicos estoy pensando un poco más adelante armar un paquete y hacer el caminode los Esteros del Iberá, que lo hace el mismo tipo de gente que hace,comentó.
"Te llevas una experienciaadentro que no te la podes olvidar nunca más. Estuvimos con gente que vino deEstados Unidos, Colombia, Brasil y te dicen ellos mismos: esto lo tienenustedes solos; la vista, los paisajes es algo que te queda grabado para siempre adentro tuyo,no te lo podes olvidar nunca más. Es algo que no ves en ningún lado, esasexperiencias inolvidables, revivir lo que hicieron los antepasados esimpagable, destaca de su viaje.
La llegada al Paso InternacionalPiuquenes fue el momento más emotivo del viaje. Situados en la frontera entre Argentina y Chile, el grupoenarboló la bandera nacional y dejaron una palca con sus nombres para quequienes emprendan el mismo camino los puedan recordar.










