SOCIEDAD - ESTEBAN ECHEVERRÍA

Parque Amat: una opción natural y gratuita para hacer ejericicio

Miles de vecinos de Esteban Echeverría recorren a diario las dos manzanas que comprende el predio que pertenecía a la ex fábrica textil de Monte Grande. Recomendaciones para arrancar.
miércoles, 20 de enero de 2016 · 09:49

Es martes a las ocho de la mañana y el sendero arbolado que recorre el perímetro del parque está colmado de hombres y mujeres de todas las edades que -vestidos para la ocasión o simplemente en remera y short- caminan, trotan o hasta aceleran a toda velocidad como si se tratase de una competencia de alto rendimiento. Los vecinos van entre amigos, con sus familias o por su propia cuenta; sin embargo, todos ellos comparten un mismo denominador común: buscan mantener y/o mejorar su estado físico.

Otros también se acercan al terreno ubicado entre las calles General Alvear, Mariano Moreno, Alfonso Amat y Manuel Belgrano para utilizar las máquinas de ejercicios instalados por la Municipalidad. Se trata de un aparato ideal para trabajar extremidades, articulaciones y la cintura, la cual se afina al entrenar con un sofisticado artilugio llamado "twister”. Martín Zamaniego es instructor de taekwondo y se entrena en el parque desde hace tres años. Mientras utiliza este artilugio, explica que sólo resulta "beneficiosa” si la cintura ya se encuentra "en buena línea”. "Gira de izquierda a derecha, así va modelando la cintura”, explica. A su vez, cuenta que las dos máquinas ubicadas a su derecha se llaman elíptico y flotador, y que funcionan para trabajar piernas y brazos en el primero de los casos y para enlongar en el segundo. "Las dos te suspenden en el aire para evitar el impacto contra el suelo que se da cuando hacemos estos ejercicios de forma común”, detalla.

A su vez, Martín recomienda "venir bien temprano” al parque, para evitar las altas temperaturas veraniegas, que por esta semana superaron los 30 grados centígrados. "Si no, pueden venir a la tardecita, cuando ya baja el sol”, aconseja. Es que para el deportista, "no hay clima ni nada que no permita entrenar”. "Eso está en la actitud de cada uno”, sentencia. Pero según el hombre, la rutina se debe complementar con una dieta "dentro de todo balanceada” y una hidratación "constante y abundante”. "Por suerte tenemos los bebederos... Pusieron todo, así que hay que venir. Les recomiendo que se tomen un tiempo para entrenar que hace bien a la salud”, completó.

A pocos metros de Martín se encuentra Graciela, una mujer sexageneria que utiliza un aparato que tiene dos pedaleras debajo de un banco, como si se tratase de una bicicleta fija. Mientras se ejercita, Graciela admite que debido a sus "problemas de salud” se decidió por acercarse a Amat a "caminar un poco, hacer bici, oxigenarse un rato y charlar con amigas”. "Son cuatro cosas por una”, sintetiza, divertida. "El año pasado estuve mucho tiempo parada sin hacer nada y me hizo mal. A mí me gusta mucho la naturaleza y estoy contenta por poder venir acá. Venimos todos los días de 9 a 10. A nuestra edad, a los sesenta, hay cosas que tenés que empezar a mirar, por eso nos decidimos y empezamos”, resume.

María de los Ángeles es una de esas amigas, quien aprovecha y usa la bicicleta ubicada enfrente a la de Graciela. Mientras tanto, conversan. "Es muy importante que hayan puesto estos aparatos”, considera. "Me parece excelente, porque favorece a muchísima gente. A la mañana es impresionante la cantidad de gente que viene”, expresa y comenta: "el año pasado iba a un gimnasio que está acá cerca. Veía toda la gente que venía y al final empecé. Esto ayuda a mucha gente de todas las edades. Por suerte mantienen los aparatos. El hecho de que ahora esté más iluminado a la noche ayuda a que no lo destruyan”, celebra.

Similar es el caso de Romina y Carolina, dos amigas que comenzaron a transitar el predio desde la primera semana de enero. "Venimos lunes a viernes y descansamos los fines de semana” reconoce Romina, mientras Carolina complementa: "Antes venía más esporádicamente, pero empezó el 2016 y dijimos ´arrancamos con todo´”.

Cerca de ellas vienen trotando Matías y Pablo, dos amigos de la localidad vecina de El Jagüel, a diferencia de las dos mujeres, es la primera vez que vienen al parque. "Empezamos el año pasado a hacer ejercicio por nuestro barrio, pero por la facultad y el trabajo tuvimos que dejar”, cuenta Matías. "Esta es una buena época, como no tenemos nada que hacer aprovechamos y venimos temprano”, explica Pablo, quien también considera que el espacio está "bueno” porque "hay muchas cosas hacer”. Cuenta también que dejó de ir al gimnasio por el aumento de la tarifa mensual, un acontecimiento habitual en todos los negocios de este tipo con la venida del verano. "A mí me conviene mucho más venir acá, que estás al aire libre entre amigos y podés hacer los mismos ejercicios”, concluye.

Similar es el caso de Romina Zapata, una veinteañera que comenzó a trotar por el parque desde hace dos semanas. Al igual que Pablo, iba al gimnasio, pero se cansó porque se sentía "muy encerrada”. "Te dan una clase, que eso está bueno, pero acá es diferente. Es como que venís y te despeja más la mente”, opina y agrega: "Aparte, ahora uno tiene más tiempo para venir, en el año yo estudio, así que ahora en el verano este es el lugar en el que todo el mundo viene”.

A su vez, Romina destaca que el espacio "se sigue preservando”. "Eso también está bueno”, subraya. Sucede que el predio pertenecía a la firma Amat, una de las empresas textiles más importantes que existieron en la Argentina del siglo XX, cuando la microeconomía se orientaba a la producción y a la industria local. De esa forma, Amat se constituyó como una de las fábricas más importantes de Esteban Echeverría, que a su vez le daba trabajo a migrantes del interior de Buenos Aires y de otras provincias, trabajadores incansables que constituyeron sus familias en estas tierras cuando la mayor parte del distrito se encontraba despoblado.

Romina es una descendiente directa de esta historia. "Mi abuelo y mi papá trabajaron en la fábrica muchísimos años, y cuando cerró este terreno se convirtió en un lugar de puja bastante complicada, porque todo el mundo quería está tierra”, recuerda. Es que para ella, Amat era "la fuente de trabajo para muchos de los vecinos de Monte Grande”. "Por eso, los que vimos tristes a nuestros padres y abuelos por perder su trabajo de toda la vida nos costó bastante”, admite emocionada mientras recorremos el sendero por segunda vez, cuando la conversación se alargó más de lo pensado. "Después se instala el (hipermercado) Coto, que le trajo trabajo a la gente, –continuó– pero no tanto como cuando funcionaba la fábrica. Eso cambio fue fuerte, porque es parte de nuestra historia”, remata.

Sin embargo, para Romina es "fundamental” el hecho de que el territorio se haya preservado para su uso público gracias a gestiones de la administración municipal de turno y a la presencia incansable de los vecinos. A su vez, considera que seguir viniendo a este lugar a caminar, ejercitarse o simplemente pasear o disfrutar de las canchas de fútbol es eso, "darle valor a lo que fue Amat en su momento y dejárselo a la comunidad”. "Eso sí, al primero que quiera apropiarse de este lugar yo creo que toda la gente de Echeverría va tratar de impedírselo, porque no tenemos otra cosa como esto”.

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