SOCIEDAD-ECHEVERRÍA

¿A golpes se hacen los hombres?

Detrás de las intensas campañas lideradas por el conocido slogan 'Ni una menos', referidas por supuesto al combate contra el femicidio, las agresiones físicas en general, y también el acoso psicológico y moral contra la mujer, se esconde otra realidad, la de varones agredidos por sus mujeres.
lunes, 25 de enero de 2016 · 12:29

Aunque las estadísticas demuestren que la cantidad de casos es considerablemente menor en hombres que en mujeres, el fenómeno de la violencia familiar no está reducido a una cuestión de género y afecta cada vez más a los varones, que deben soportar todo tipo de maltratos de sus parejas.

 

Muchos no buscan ayuda porque el maltrato es un duro golpe a su autoestima. Se estima que el 80% de los casos de violencia de mujeres a hombres es callada simplemente por vergüenza de parte del hombre.

 

La idea resulta extraña. ¿Cómo es posible que un hombre pueda ser golpeado por una mujer sobre la que tiene una superioridad física? "Nosotros asumimos que porque el hombre es más fuerte debería poder defenderse más fácil. La incapacidad es exactamente la misma que tiene la mujer, el hombre no puede reaccionar porque su autoestima es bajísima. Su voluntad está desarmada" explica Daiana Palacios, Licenciada en Psicología.

 

No hay que dejar de tener en cuenta que, a pesar de ser relaciones agresivas, los lazos que unen son tan fuertes y la mella que se ha ido haciendo sobre la personalidad es tan importante, que la víctima queda paralizada. Sin embargo, la psicóloga reconoció que la violencia que ejercen las mujeres sobre los varones es diferente y que, en estos casos, el porcentaje más alto es de tipo emocional y psicológico. "Tienen que ver más con la manipulación, con el insulto, con bajar la autoestima. Además, la violencia física está reforzada generalmente por amenazas de hacerle perder los hijos, de muerte, cosas que de alguna manera paralizan", explicó.

 

La población que se conoce en estos casos es pequeña porque para la estima de un hombre es tan denigrante plantear un caso de este tipo que acalla su problema hasta que logra tener mucha confianza con el profesional como para planteárselo. A los hombres les cuesta mucho admitirlo.

 

Como sucede con la mayoría de los problemas de violencia familiar, la situación empeora día tras día y los maltratos aumentan puertas adentro y con más de un cómplice. Si bien cuando se habla de violencia familiar se suele pensar en la agresión física, el maltrato verbal o psicológico es a veces mucho más doloroso. La agresión verbal es más citada ante los profesionales por los hombres que por las mujeres, aunque éstas también suelen padecerla. La valorización que se hace de los actos del hombre y cómo se le habla suelen ser formas de violencia mucho más comunes de lo que se cree.

 

Un ejemplo de violencia verbal es la desautorización de la palabra frente a los hijos lo cual se vuelve algo sumamente agresiva para los hombres, aunque la comunidad tenga poca conciencia de esto. Cuando este tipo de críticas no se realiza en la intimidad, las agresiones se transforman en graves denigraciones.

 

Las personas violentas tienen características inseguras, con una autoestima muy baja y necesitan reforzar su autoridad frente a sí mismas constantemente. No aceptan sus propios defectos y los proyectan sobre los demás. A través de la agresión, buscan reafirmar su poder sobre el otro. Necesitan saber de alguna manera que este hombre va a estar siempre a su lado. No pueden permitirse quedarse solas, por lo tanto necesitan reafirmar el poder sobre esta otra persona para que permanezca con ella.

Como en casi todas las consultas por violencia familiar, los especialistas indicaron que el maltrato a los hombres existe en todos los estratos sociales, aunque señalaron que la mayoría de los casos se registra entre hombres de 25 a 45 años. Una de las causas puede llegar a ser  es que el hombre está siendo desplazado del lugar de proveedor de los bienes de la familia. Al disminuir su salario o quedar sin trabajo, aparece una situación que daña su autoestima y aumenta la agresión del grupo familiar hacia él. Desde una perspectiva sociológica las causas pueden ser el cruce entre las nuevas expectativas de las mujeres y la realidad que se les presenta.

 

"Resulta muy difícil que los hombres realicen la denuncia principalmente por vergüenza y segundo porque deben recurrir a la Comisaría de la mujer para manifestar lo que les está sucediendo. Eso provoca que la inhibición sea doble” explica la Licenciada Palacios.

 

Desde la misma Comisaría de la Familia y la Mujer de Esteban Echeverría, ubicado en la calle Benavídez 223 en Monte Grande, informan que resulta complejo tener una real dimensión de esta problemática debido a que los hombres víctima de violencia no realizan la denuncia correspondiente. "En promedio, en el 2015, recibimos entre dos y tres denuncias diarias de hombres que eran maltratados y golpeados por sus esposas” cuenta una oficial y agrega "Otra problemática que atendemos continuamente es el impedimento que sufren muchos varones para ver a sus hijos”.

 

La presidenta del Centro de Prevención de la Violencia (CEPREVI), Liliana González, afirma  que "Los hombres sienten mucha angustia y vergüenza, por eso ocultan todo: es más pacífico, no reacciona. Sucede, también, que por sus relaciones y sus contactos no pueden dar a conocer lo que les pasa. Hay que instar a hacer las denuncias. Son escritos, expedientes privados de los que no se entera nadie. Estas situaciones no los convierte en tontos ni pollerudos”

 

En este sentido, la abogada cuenta que el comportamiento de los hombres golpeados es igual al de las mujeres golpeadas. "Mis clientes suelen decirme que están esperando que ellas cambien, que recapacite, que deje de hacerlo. Es la misma postura que la mujer golpeada”.

 

Según lo que cuenta la abogada, es clave, apoyar a los hombres para que se animen a realizar las denuncias, de otra manera es muy difícil poder realizar una estadística.  "El procedimiento que se aplica cuando una hombre denuncia es la misma que cuando ingresa una mujer.  Primero se les toma la denuncia y comienza todo el trámite en el juzgado de familia. Le proporcionamos una Técnica en Minoridad y Familia, una Psicóloga Social y un abogado, para que en el caso de que lo precise pueda ser asesorado” explica la oficial de la Comisaria de la Familia.

 

Mauricio tiene 32 años y fue víctima de violencia, su caso es como el de otros tantos varones que sufren violencia pero que no se animan a contarlo. Hoy, pudo salir de esta relación enfermiza y no duda en dar a conocer su historia. "Conocí a una chica que parecía muy dulce, muy compañera. Salimos cuatro meses. Yo estaba muy enamorado, le propuse convivir en mi departamento, cuando lo vio me dijo que era muy chico, por lo que decidí cambiarlo por uno mucho más amplio. Esto me llevó a que demoremos tres meses y medio más, de modo que nos fuimos a convivir cuando hacía casi 8 meses que nos conocíamos. Al principio estaba todo bien, pero ella era la que tomaba las decisiones y organizaba la vida de ambos.

Un día le propuse invitar a cenar a un par de compañeros de trabajo con sus respectivas esposas, estuvo bien durante toda la cena y sobremesa, pero cuando ellos se fueron empezó a gritarme como si estuviera descontrolada y me acusaba de no haber resaltado sus virtudes delante de los invitados. Le pedí disculpas y esa noche no compartió la cama conmigo. Ahí  comencé a conocerla verdaderamente. Me retaba, ofendía, insultaba y sobre todo me desvalorizaba, en un principio cuando estábamos solos y luego también lo hacia delante de familiares, amigos, en el supermercado, en la calle, en un boliche o donde fuera” cuenta Mauricio y agrega "Un día ella estaba con una vecina en la puerta de mi casa, saludé a ambas con un beso y entré al departamento , ella me siguió de inmediato y muy lejos de sentarse a dialogar y a tomar algo conmigo ,me empezó pegar con el secador de pisos por la espalda y por donde sea. El problema era que había saludado a la vecina. La cosa estaba muy mal, estuve varios meses así hasta que les conté a mis amigos pero con mucha vergüenza. Con ayuda psicológica pude salir de esa relación terriblemente enferma”.

 

Esta situación de violencia y maltrato muchas veces tiene que ver con los cambios culturales. A la hora de asumir esta situación, la mayoría de los hombres opone resistencia. Existe el mito de que los hombres no son víctimas de violencia doméstica. Esta falsa creencia dificulta la posibilidad de tomar conciencia de que se trata de un problema. Comprender globalmente esta problemática, sostienen los expertos, supone analizar la evolución que registró la lucha por la igualdad de género en el marco de "la cultura de dominación" que imperó durante siglos en el mundo.

 

En palabras del psiquiatra Horacio Vonmaro, "se asiste en los últimos años a una modificación en la subjetividad de las funciones respecto a épocas anteriores, a partir de la inserción de la mujer al mercado de trabajo y la adquisición de atributos y roles más masculinos".

 

El alto nivel de desempleo que padecen en la actualidad algunos países, obliga a la mujer a convertirse en el único sostén de la familia. "Es allí donde aparece la idea del varón domado y sometido por ella", subraya y añade: "Hay una especie de caída de los símbolos tradicionales. El hombre se siente puesto en un lugar de descalificación y cree que hasta su propia masculinidad está en juego".

 

Las relaciones calificadas como violentas encuentran puntos comunes, más allá de la historia personal de cada integrante. Vonmaro destacó que gran parte de las construcciones en las que se apoyan estos vínculos se desprenden de la idea de que hay que dominar al otro. Interviene aquí una especie de "pseudomasoquismo" como uno de los rasgos más típicos.

 

Algunas de las características que conforman el patrón de conducta de la víctima van desde la angustia, la baja autoestima, la vergüenza y el pudor hasta la imposibilidad de hacer pública la situación o minimizarla cuando se la da a conocer. "Los hombres, en general, optan por decir: «De esto no se habla», y se abstienen de hacerlo público. Pero esto muchas veces surge en una guardia hospitalaria o intervención institucional"

 

De igual manera, se debe decir que en los últimos años se han comenzado a implementar políticas públicas y  la sociedad está más involucrada. En cuanto al varón que padece violencia aún hay mucho por realizar. Aún persiste la vergüenza, el mandato patriarcal y está muy instalado en el  imaginario social. "Prima esa idea de que el macho se banca todo. Y si cuenta que lo golpean, que lo maltratan, se cae todo", sostuvo Vonmaro.

 

La clave para que el hombre logre salir de esta relación enfermiza es verbalizar lo que le está sucediendo. Aquel que logra romper esta barrera y poner en palabras el flagelo que sufre, abre la puerta a poder recibir ayuda y romper el tabú del silencio.

 

 

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