SOCIEDAD-ECHEVERRÍA

De la casa al trabajo, del trabajo a la casa

Amas de casa, un trabajo no reconocida y hasta muchas veces no tenido en cuenta. ¿Cómo hacen las mujeres que trabajan afuera y también dentro de casa?
jueves, 25 de febrero de 2016 · 15:03

Cocinar. Bordar. Planchar. Abrir la puerta para ir a trabajar. Eso y mucho más. Según estadísticas, el 60 por ciento de las mujeres forman parte del mercado laboral. Pero una cosa no quita la otra. Ocuparse de la casa fue, es y será una tarea ingrata. Agotadora. Y poco reconocida. Más difícil aun cuando hay que equilibrar horarios de trabajo, tareas domésticas y, si se tienen chicos, tiempo y ganas de jugar con ellos. Gobernar una casa implica ir más allá de cada una de estas cuestiones.

 

"Antes, el trabajo en el hogar y la función materna tenían un espacio diferenciado pero complementario", describe la psicóloga Cristina Canen. "Una madre llevaba a sus hijos al colegio, les preparaba el almuerzo, los llevaba a la plaza. El niño evocaba en su propia voz los sonidos de la madre. Una niña jugaba a cocinar repitiendo las acciones de su mamá en la cocina, un nene representaba al papá agarrando el maletín y despidiéndose de la familia para ir a trabajar".

 

Hoy, ese panorama, en el mejor de los casos, se realiza en los ajustados minutos que quedan "libres". Al tiempo que trabaja, la mujer de este siglo hace las compras por internet, le prepara el desayuno a los chicos, piensa el menú para el almuerzo y la cena, los ayuda con las tareas y si lleva trabajo a casa, lo realiza.

Un estudio realizado este año, a 600 mujeres de 25 a 45 años, de Capital y Gran Buenos Aires reveló que a partir de la crisis del 2001 las mujeres debieron asumir el ejercicio de roles múltiples, que si bien hay una ama de casa modelo 2016, muchas querrían ser una ama de casa modelo 1950. Las exigencias cotidianas profundizaron el vértigo e hicieron que el estrés llegara a niveles inusitados además de lidiar en muchos casos con la culpa de dejar a los hijos en manos de alguien que prácticamente se desconoce.

 

"El nudo en el estómago que sienten cuando dejan a su hijo en la guardería, al cuidado de un desconocido, o incluso en manos de su madre, no tiene ley ni reglamento. Y la mayoría de las mamás entienden esto como un problema personal, algo que no merece ser resuelto desde afuera. Esta realidad es uno de los grandes dramas ocultos de la sociedad moderna"  afirma Canen

 

Con la cabeza un poco aquí y otro poco allá. A punto de estallar. Por más que haya quienes puedan delegar en el servicio doméstico algunas funciones, la responsabilidad es intransferible, innata, como si fuese parte de la naturaleza femenina. "Si bien en términos concretos la mujer alcanzó un grado de liberación importante, desde lo emocional está esclavizada a un hogar que la obliga a negociar, confiar y depender de niñeras, abuelas, familiares y maridos en crisis".

 

Según el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), el 28 por ciento de las mujeres que trabajan son jefas de hogar. Es decir, son las que mantienen económicamente su casa. Su situación es compleja, aunque no menos compleja que la de las esposas de los desocupados.

 

¿Qué ocurre cuando es el hombre el que se queda en la casa? ¿Las mujeres los respetan? "Aunque todo indica que sí, que deberían honrarlo y valorarlo, muchas mujeres modernas no pueden soportar al hombre en la casa, que abandona su rol de proveedor dominante que demás es uno de los mayores fantasmas masculinos"

 

La socióloga Catalina Wainerman escribió en La vida cotidiana de las nuevas familias: "Hay una carga muy desigual, que sigue siendo mucho más pesada para las mujeres, porque sea cual fuere su condición laboral, nada las exime de seguir siendo las principales responsables de lo cotidiano en sus hogares".

Ahora, ¿qué les pasa a las mujeres que no trabajan, y que solamente cumplen con el importante rol de ser amas de casa? La palabra importante no está puesta ingenuamente. Sabemos que las tareas del hogar, el cuidado de los hijos y todo lo referente a la casa no están debidamente reconocidos. ¿Cómo se sienten estas mujeres en ese rol? ¿Alguna vez se conflictúan pensando que podrían estudiar, o ejercer aquella profesión que dejaron para atender a los hijos?

 

Todo depende de un contexto (la cultura a la que pertenecemos) y eso conlleva un soporte de creencias y preconceptos que nos condicionan sin que nos demos cuenta. Esto quiere decir que muchas veces no respondemos a nuestras necesidades sino a lo que pensamos que se espera de nosotros. Y por supuesto se espera mucho. Se supone que se debe ser buena madre, amas de casa, y buena trabajadora sin que se note ningún tipo de cansancio o hartazgo.

 

Es preciso decir que, en ambas realidades, tanto en aquellas mujeres que trabajan fuera del hogar como en las que sólo trabajan en su casa pueden surgir conflictos. Las primeras pueden sentirse estresadas por tener que compatibilizar el trabajo con las tareas del hogar, pero también pueden sentirse independientes y pares de sus parejas aportando al hogar el fruto de su trabajo. La relación con el hombre es así más equitativa. Cuando la pareja decide separarse el temor de la mujer suele ser menor, ya que puede enfrentar la vida haciéndose cargo de las responsabilidades, sin depender de la buena voluntad del marido o de una legislación muchas veces no tan equitativa para la mujer.

 

Con respecto a este tema debe decirse que el gobierno de Néstor Kirchner permitió que las amas de casa se jubilaran además de contar con un sueldo. Por otra parte, se lograron paritarias que permitían establecerse los montos a cobrar y los aumentos correspondientes. El sindicato S.A.C.R.A  agrupa a parte de estas mujeres que trabajan todo el día sin ningún tipo de descanso ni contemplación.

 

El número de mujeres que trabajan se incrementó considerablemente en los últimos 10 años. Según estadísticas de la encuesta de hogares en Argentina llegaron a superar el 60% en 2015 (entre las mayores de 18 años). Aún más notable es el aumento en la cantidad de horas de trabajo: en 2005 sólo el 23% de las mujeres trabajaban más de 30 horas semanales, mientras que en 2015 ese número trepó al 50%, registrándose un aumento de casi el 120%. Al mismo tiempo, se observa un importante crecimiento de la cantidad de mujeres que hoy son el principal sostén de su hogar: aproximadamente 4 de cada 10 mujeres son jefes de familia.

 

Las mujeres de hoy no pueden encontrar modelos en sus abuelas porque deben lidiar con combinaciones estrambóticas como los mensajes de trabajo entrando en la computadora a contra hora porque trabajan en una empresa y descongelar la comida para el otro día.

 

Las amas de casa actuales son muy diferentes a sus abuelas. Están menos en sus casas, viven más lejos de dónde trabajan, afrontan una mayor responsabilidad económica, tienen la necesidad de delegar y simplificar tareas, aceptando los costos que significa cada ítem.

 

Las mujeres se están percibiendo a sí mismas y a sus familias de otro modo. Lo que representa, a la vez, un cambio en el modo de emparejarse y de criar a sus hijos. Los hombres que se casan con estas nuevas amas de casa están tan distantes de sus abuelos como lo están ellas de las suyas.

 

Las distintas etapas en la vida determinan comportamientos particulares como amas de casa. La tenencia o no de hijos y la edad de los mismos son cuestiones esenciales para definir el perfil. Las tareas laborales se han diversificado y también afecta a la construcción de ese modelo si se opera en relación de dependencia o se lleva adelante una profesión liberal o un propio emprendimiento.

 

Los tiempos ya no son los que eran. Necesariamente las amas de casa, tampoco. Hoy el debate pasó de ser entre familia y trabajo, a jugar con numerosas variables: niños (en ocasiones propios y ajenos), marido, ex pareja, trabajo, empleada en casa, suegras que no están disponibles y quehaceres domésticos. En ese escenario, delegar es esencial. La generación de hoy ha aprendido a delegar mientras que las antiguas generaciones de amas de casa aún se sienten reacias a dejar que otro haga parte de su "trabajo”.  La clave está en "Realizar las tareas que corresponden pero sin la presión que muchas veces las mujeres se autoimponen, liberarse de las tensiones, de las exigencias y hacer lo que se puede” afirma la psicoanalista Canen y concluye "Hacer lo que se puede no es hacer las cosas mal, es hacer lo que está al alcance y eso ya es mucho”.

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