Cocinar. Bordar. Planchar. Abrir la puerta para ir a trabajar. Eso ymucho más. Según estadísticas, el 60 por ciento de las mujeres forman parte delmercado laboral. Pero una cosa no quita la otra. Ocuparse de la casa fue, es yserá una tarea ingrata. Agotadora. Y poco reconocida. Más difícil aun cuandohay que equilibrar horarios de trabajo, tareas domésticas y, si se tienenchicos, tiempo y ganas de jugar con ellos. Gobernar una casa implica ir másallá de cada una de estas cuestiones.
"Antes, el trabajo en el hogar y la función materna tenían unespacio diferenciado pero complementario", describe la psicóloga CristinaCanen. "Una madre llevaba a sus hijos al colegio, les preparaba elalmuerzo, los llevaba a la plaza. El niño evocaba en su propia voz los sonidosde la madre. Una niña jugaba a cocinar repitiendo las acciones de su mamá en lacocina, un nene representaba al papá agarrando el maletín y despidiéndose de lafamilia para ir a trabajar".
Hoy, ese panorama, en el mejor de los casos, se realiza en losajustados minutos que quedan "libres". Al tiempo que trabaja, lamujer de este siglo hace las compras por internet, le prepara el desayuno a loschicos, piensa el menú para el almuerzo y la cena, los ayuda con las tareas ysi lleva trabajo a casa, lo realiza.
Un estudio realizado este año, a 600 mujeres de 25 a 45 años, de Capitaly Gran Buenos Aires reveló que a partir de la crisis del 2001 las mujeresdebieron asumir el ejercicio de roles múltiples, que si bien hay una ama decasa modelo 2016, muchas querrían ser una ama de casa modelo 1950. Lasexigencias cotidianas profundizaron el vértigo e hicieron que el estrés llegaraa niveles inusitados además de lidiar en muchos casos con la culpa de dejar alos hijos en manos de alguien que prácticamente se desconoce.
"El nudo en el estómago que sienten cuando dejan a su hijo en laguardería, al cuidado de un desconocido, o incluso en manos de su madre, notiene ley ni reglamento. Y la mayoría de las mamás entienden esto como unproblema personal, algo que no merece ser resuelto desde afuera. Esta realidades uno de los grandes dramas ocultos de la sociedad moderna" afirma Canen
Con la cabeza un poco aquí y otro poco allá. A punto de estallar. Pormás que haya quienes puedan delegar en el servicio doméstico algunas funciones,la responsabilidad es intransferible, innata, como si fuese parte de lanaturaleza femenina. "Si bien en términos concretos la mujer alcanzó ungrado de liberación importante, desde lo emocional está esclavizada a un hogarque la obliga a negociar, confiar y depender de niñeras, abuelas, familiares ymaridos en crisis".
Según el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), el 28por ciento de las mujeres que trabajan son jefas de hogar. Es decir, son lasque mantienen económicamente su casa. Su situación es compleja, aunque no menoscompleja que la de las esposas de los desocupados.
¿Qué ocurre cuando es el hombre el que se queda en la casa? ¿Lasmujeres los respetan? "Aunque todo indica que sí, que deberían honrarlo yvalorarlo, muchas mujeres modernas no pueden soportar al hombre en la casa, queabandona su rol de proveedor dominante que demás es uno de los mayoresfantasmas masculinos"
La socióloga Catalina Wainerman escribió en La vida cotidiana de lasnuevas familias: "Hay una carga muy desigual, que sigue siendo mucho máspesada para las mujeres, porque sea cual fuere su condición laboral, nada lasexime de seguir siendo las principales responsables de lo cotidiano en sushogares".
Ahora, ¿qué les pasa a las mujeres que no trabajan, y que solamentecumplen con el importante rol de ser amas de casa? La palabra importante noestá puesta ingenuamente. Sabemos que las tareas del hogar, el cuidado de loshijos y todo lo referente a la casa no están debidamente reconocidos. ¿Cómo sesienten estas mujeres en ese rol? ¿Alguna vez se conflictúan pensando quepodrían estudiar, o ejercer aquella profesión que dejaron para atender a loshijos?
Todo depende de un contexto (la cultura a la que pertenecemos) y esoconlleva un soporte de creencias y preconceptos que nos condicionan sin que nosdemos cuenta. Esto quiere decir que muchas veces no respondemos a nuestrasnecesidades sino a lo que pensamos que se espera de nosotros. Y por supuesto seespera mucho. Se supone que se debe ser buena madre, amas de casa, y buena trabajadorasin que se note ningún tipo de cansancio o hartazgo.
Es preciso decir que, en ambas realidades, tanto en aquellas mujeresque trabajan fuera del hogar como en las que sólo trabajan en su casa puedensurgir conflictos. Las primeras pueden sentirse estresadas por tener quecompatibilizar el trabajo con las tareas del hogar, pero también puedensentirse independientes y pares de sus parejas aportando al hogar el fruto desu trabajo. La relación con el hombre es así más equitativa. Cuando la parejadecide separarse el temor de la mujer suele ser menor, ya que puede enfrentarla vida haciéndose cargo de las responsabilidades, sin depender de la buenavoluntad del marido o de una legislación muchas veces no tan equitativa para lamujer.
Con respecto a este tema debe decirse que el gobierno de NéstorKirchner permitió que las amas de casa se jubilaran además de contar con un sueldo.Por otra parte, se lograron paritarias que permitían establecerse los montos acobrar y los aumentos correspondientes. El sindicato S.A.C.R.A agrupa a parte de estas mujeres que trabajantodo el día sin ningún tipo de descanso ni contemplación.
El número de mujeres que trabajan se incrementó considerablemente enlos últimos 10 años. Según estadísticas de la encuesta de hogares en Argentinallegaron a superar el 60% en 2015 (entre las mayores de 18 años). Aún másnotable es el aumento en la cantidad de horas de trabajo: en 2005 sólo el 23%de las mujeres trabajaban más de 30 horas semanales, mientras que en 2015 esenúmero trepó al 50%, registrándose un aumento de casi el 120%. Al mismo tiempo,se observa un importante crecimiento de la cantidad de mujeres que hoy son elprincipal sostén de su hogar: aproximadamente 4 de cada 10 mujeres son jefes defamilia.
Las mujeres de hoy no pueden encontrar modelos en sus abuelas porquedeben lidiar con combinaciones estrambóticas como los mensajes de trabajoentrando en la computadora a contra hora porque trabajan en una empresa ydescongelar la comida para el otro día.
Las amas de casa actuales son muy diferentes a sus abuelas. Estánmenos en sus casas, viven más lejos de dónde trabajan, afrontan una mayorresponsabilidad económica, tienen la necesidad de delegar y simplificar tareas,aceptando los costos que significa cada ítem.
Las mujeres se están percibiendo a sí mismas y a sus familias de otromodo. Lo que representa, a la vez, un cambio en el modo de emparejarse y decriar a sus hijos. Los hombres que se casan con estas nuevas amas de casa estántan distantes de sus abuelos como lo están ellas de las suyas.
Las distintas etapas en la vida determinan comportamientosparticulares como amas de casa. La tenencia o no de hijos y la edad de losmismos son cuestiones esenciales para definir el perfil. Las tareas laboralesse han diversificado y también afecta a la construcción de ese modelo si seopera en relación de dependencia o se lleva adelante una profesión liberal o unpropio emprendimiento.
Los tiempos ya no son los que eran. Necesariamente las amas de casa,tampoco. Hoy el debate pasó de ser entre familia y trabajo, a jugar connumerosas variables: niños (en ocasiones propios y ajenos), marido, ex pareja,trabajo, empleada en casa, suegras que no están disponibles y quehaceresdomésticos. En ese escenario, delegar es esencial. La generación de hoy haaprendido a delegar mientras que las antiguas generaciones de amas de casa aúnse sienten reacias a dejar que otro haga parte de su "trabajo. La clave está en "Realizar las tareas quecorresponden pero sin la presión que muchas veces las mujeres se autoimponen,liberarse de las tensiones, de las exigencias y hacer lo que se puede afirmala psicoanalista Canen y concluye "Hacer lo que se puede no es hacer las cosasmal, es hacer lo que está al alcance y eso ya es mucho.






