En el barrio San Ignacio, el arroyo está casi en las puertas de lascasas, la humedad es constante, el calor se vuelve abrazador en los techos dechapa, el invierno, en cambio, es crudo . Estos vecinos viven con la desazón dequerer progresar y no poder, de sentir que sus sueños se desvanecen, que esas noson las condiciones adecuadas para criar a sus hijos y proyectar un futuro.
El barrio Montecarlo, en cambio, es todo lo contrario. Se ubica en Monte GrandeSur y su entrada principal está sobre lacalle Arenales. En poco tiempo va a recibir la llegada de más deseiscientas personas, provenientes de San Ignacio, que no pueden continuarviviendo sobre áreas de relleno sanitario y márgenes de arroyos.
Anteesta situación, el Municipio creó doscientas cuarenta viviendas distribuidas alo largo de siete manzanas. En su primera etapa entregarán ciento cuarenta ycuatro y en simultáneo se avanzará con la construcción de las otras noventa yseis. Estas casas cuentan con tres o cuatro ambientes distribuidos en dosplantas y cuentan con cloacas, gas, energía eléctrica, alumbrado público yasfalto. Lo único que resta es que AySAcoloque las bombas que suministrarán de agua al lugar.
MaríaRosa Gay, o Tita como todos la conocen, vive con su marido y sus dos hijas, soncarreros y eso es lo que los sustenta. Hace diez años viven en San Ignacio, y esperan irse pronto. "No tengogas ni agua. Hice mi casa con chapas que encontramos cuando salimos a trabajar,gran parte es piso de tierra cuenta y agrega "El otro día quise traer una mesanueva y me dije ¿Para qué? Si en casa se estropea todo.
Lavida en el lugar es muy dura, la solidaridad entre los vecinos es lo que abunda."A mí la vecina de enfrente me da agua, sino no tendría dice Fidel OscarAguilar que vive junto a su esposa u dos hijas. Todos juntos duermen en unasola pieza. "La ratas acá son gigantes, tenemos que estar muy atentos porque encualquier momento aparecen. Me quiero ir ya, no aguanto más estar acá, cada vezque se inunda o sube el agua todos los bichos salen.
Ambostienen sus casas sobre la calle Catamarca y comparten el deseo de mudarse en lospróximos meses al barrio Montecarlo para comenzar a construir una nuevahistoria, sin olvidarse de donde vienen, claro, pero formando un nuevo futuro. "Estan difícil criar a nuestros hijos acá se lamenta Tita casi con los ojos llenosde lágrimas y afirma "Se enferman, les salen ampollas, tienen bronquitiscontantemente porque la humedad nos acompaña todos los días. En verano a lasseis de la mañana ya estamos despiertos porque el calor es impresionante, y eninvierno dormimos todos juntos por lo terrible que es el frío.
Suscasas, como la de la mayoría de los vecinos, son bajas porque por el lugarcruzan cables de alta tensión. "No podemos levantar más el techo porque si nonos electrocutaríamos afirma Tita y cuenta asombrada "Si salís a la calle ylevantas con el brazo un tubo de luz vas a ver que prende, porque lairradiación está muy baja. Eso nos descalcifica a los adultos y nos hace dolerterriblemente los huesos.
Lacalle Edison, es la avenida principal, pero ellos tienen que caminar casi ochocuadras para llegar hasta allí. Según lo que ambos cuentan, llevar a los chicosa la escuela es una tarea muy difícil, en especial cuando llueve. "Llegan alcolegio con las zapatillas y los pantalones llenos de barro. Cómo le explico alas maestras que mis hijas no viven en un chiquero, que ellas salen prolijas decasa pero es muy difícil salir de acá. Entonces los días de tormenta, no losmando cuenta Tita y añade "Los amiguitos no quieren venir a casa, las mamás nolos quieren mandar porque estamos sobre el arroyo y a mí me parte el alma saberque mis nenas no pueden traer a sus compañeros.
Eldolor se ve en sus caras, se niegan a continuar con esa vida, la ansiedad pormudarse se hace cada vez más fuerte. Hay quienes se niegan a abandonar sushogares pero saben, dentro suyo , queuna nueva vida los espera. Montecarlo es esa nueva vida, el barrio que lesdevolverá la dignidad.






