SOCIEDAD-ECHEVERRÍA

Así vivían, así van a vivir

De San Ignacio a Montecarlo. Los vecinos serán trasladados prontamente a este nuevo barrio que se creo para sacarlos de los margenes de arroyos y rellenos sanitarios.
jueves, 24 de marzo de 2016 · 00:00

En el barrio San Ignacio, el arroyo está casi en las puertas de las casas, la humedad es constante, el calor se vuelve abrazador en los techos de chapa, el invierno, en cambio, es crudo . Estos vecinos viven con la desazón de querer progresar y no poder, de sentir que sus sueños se desvanecen, que esas no son las condiciones adecuadas para criar a sus hijos y proyectar un futuro.

 

El barrio Montecarlo, en cambio, es todo lo contrario. Se ubica en Monte Grande Sur  y su entrada principal está sobre la calle Arenales. En poco tiempo va a recibir la llegada de más de seiscientas personas, provenientes de San Ignacio, que no pueden continuar viviendo sobre áreas de relleno sanitario y márgenes de arroyos.

Ante esta situación, el Municipio creó doscientas cuarenta viviendas distribuidas a lo largo de siete manzanas. En su primera etapa entregarán ciento cuarenta y cuatro y en simultáneo se avanzará con la construcción de las otras noventa y seis. Estas casas cuentan con tres o cuatro ambientes distribuidos en dos plantas y cuentan con cloacas, gas, energía eléctrica, alumbrado público y asfalto. Lo  único que resta es que AySA coloque las bombas que suministrarán de agua al lugar.

 

María Rosa Gay, o Tita como todos la conocen,  vive con su marido y sus dos hijas, son carreros y eso es lo que los sustenta.  Hace diez años viven en San Ignacio, y esperan irse pronto. "No tengo gas ni agua. Hice mi casa con chapas que encontramos cuando salimos a trabajar, gran parte es piso de tierra” cuenta y agrega "El otro día quise traer una mesa nueva y me dije ‘¿Para qué? Si en casa se estropea todo”.

 

La vida en el lugar es muy dura, la solidaridad entre los vecinos es lo que abunda. "A mí la vecina de enfrente me da agua, sino no tendría” dice Fidel Oscar Aguilar que vive junto a su esposa u dos hijas. Todos juntos duermen en una sola pieza. "La ratas acá son gigantes, tenemos que estar muy atentos porque en cualquier momento aparecen. Me quiero ir ya, no aguanto más estar acá, cada vez que se inunda o sube el agua todos los bichos salen”.

 

Ambos tienen sus casas sobre la calle Catamarca y comparten el deseo de mudarse en los próximos meses al barrio Montecarlo para comenzar a construir una nueva historia, sin olvidarse de donde vienen, claro, pero formando un nuevo futuro. "Es tan difícil criar a nuestros hijos acá” se lamenta Tita casi con los ojos llenos de lágrimas y afirma "Se enferman, les salen ampollas, tienen bronquitis contantemente porque la humedad nos acompaña todos los días. En verano a las seis de la mañana ya estamos despiertos porque el calor es impresionante, y en invierno dormimos todos juntos por lo terrible que es el frío”.

Sus casas, como la de la mayoría de los vecinos, son bajas porque por el lugar cruzan cables de alta tensión. "No podemos levantar más el techo porque si no nos electrocutaríamos” afirma Tita y cuenta asombrada "Si salís a la calle y levantas con el brazo un tubo de luz vas a ver que prende, porque la irradiación está muy baja. Eso nos descalcifica a los adultos y nos hace doler terriblemente los huesos”.

 

La calle Edison, es la avenida principal, pero ellos tienen que caminar casi ocho cuadras para llegar hasta allí. Según lo que ambos cuentan, llevar a los chicos a la escuela es una tarea muy difícil, en especial cuando llueve. "Llegan al colegio con las zapatillas y los pantalones llenos de barro. Cómo le explico a las maestras que mis hijas no viven en un chiquero, que ellas salen prolijas de casa pero es muy difícil salir de acá. Entonces los días de tormenta, no los mando” cuenta Tita y añade "Los amiguitos no quieren venir a casa, las mamás no los quieren mandar porque estamos sobre el arroyo y a mí me parte el alma saber que mis nenas no pueden traer a sus compañeros”.

 

El dolor se ve en sus caras, se niegan a continuar con esa vida, la ansiedad por mudarse se hace cada vez más fuerte. Hay quienes se niegan a abandonar sus hogares pero saben, dentro suyo  , que una nueva vida los espera. Montecarlo es esa nueva vida, el barrio que les devolverá la dignidad.

 

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