Rosalina Giaquinto es una mujer tranquila, sus ojos son nobles, susmanos son la imagen del trabajo y el esfuerzo. Tiene 80 años y una vida llenade historias y relatos como para sentarse a su lado y escucharla hablar todauna tarde.
Esta mujer nació en Italia y cuando era una adolescente escapó de laSegunda Guerra con su familia en busca de un destino mejor. Guillón fue ellugar donde decidieron asentar sus raíces y construir un mejor futuro. Rosalinano sabía que en ese pequeño barrio de Buenos Aires iba a encontrar a suamor.
José Marrone también escapó de la guerra con su familia, vivían lamisma situación que los Giaquinto y al igual que ellos se ubicaron en Guillón. Los unía eldolor, el miedo y la necesidad imperiosa de escapar del horror que acechaba aEuropa.
Al poco tiempo sus vidas se entrelazaron y sin más, se enamoraron. "Nonos habíamos dado cuenta pero vinimos en el mismo barco cuenta nostálgicaRosalina.
Él tenía 25, ella 18. Se casaron y decidieron mudarse a El Jagüel, másexactamente a la calle Edison, lo que hoy se conoce como barrio San Ignacio. Ese fue el lugar que eligieron para comenzara escribir su historia.
Al poco tiempo decidieron agrandar la familia, vino al mundo Ana,luego Leo y mucho tiempo después Lorena. Llevaban una vida tranquila,cálida, sin alteraciones hasta que Joséempezó a notar que en ese barrio con un paisaje tan campestre faltaba un colegio.Los chicos que habitan el lugar no tenían a donde ir a educarse y casi sinpensarlo se decidió construir un colegio, que hoy es conocida como la N° 26.
"Mi marido veía que había muchos chicos que no iban a la escuela,consiguió los terrenos para que lo construyeran a tan solo a dos cuadras dedonde era y es nuestra casa. Tenía una fuerte convicción, hizo todos lostrámites, se iba hasta La Plata para conseguir los permisos. Estaba absolutamenteseguro de que ese colegio tenía que abrir.
Lo particular de esta historia, es que mientras la obra avanzaba y elsueño estaba cada vez más próximo, José le propuso a Rosalina que su hogar seconvierta en escuela, que esos chicos que no tenían a donde ir vayan a su casa."Al principio pensé que era una locura, tenía que recibir a 25 niños todos losdías pero me convenció, accedí y conseguimos todo lo necesario: tablones,sillas, un mástil.
Los días y los meses pasaron hasta que el 24 de octubre del 66, seinauguró el colegio que recibió a una enorme cantidad de chicos. "Me ofrecieronun cargo de portera, renuncié en el aeropuerto y acepte trabajar en la 26.Estaba cerca de mi casa, de mis hijos hasta que quede embarzada de Lorena,pensé que me iban a echar pero no, llevaba a mi bebé al trabajo y seguía con mis labores
Actualmente, la escuela que Rosalina y José vieron crecer, recibediariamente a un centenar de niños y adolescentes. "Se hizo un colegio grande,para mi es una gran satisfacción y una felicidad enorme saber que nosotros lofundamos, que ahí está nuestro esfuerzo.
Esta mujer que guarda en su corazón tantas anécdotas e historias,despidió a su marido hace ya diez años de una forma trágica. Cuando habla deél, lo hace en presente, como si nunca se hubiera ido. Es que José está en sumente, en sus recuerdos, en su familia numerosa que nunca la deja caer nipermite que se sienta sola.
Esta pareja que supo crear una hermosa historia de amor, formó tambiénhijos y nietos con grandes valores y lo no menos importante, le dio a varias generaciones la oportunidad desuperarse en la vida.






