ESTEBAN ECHEVERRÍA

Aplazos, ¿Para bien o para mal?

Vuelven los números en rojo para los pibes de primaria. ¿Límite? ¿Advertencia? ¿Humillación? ¿Frustración? ¿Ejemplo?. El tiempo dirá si es éxito o fracaso.
lunes, 16 de mayo de 2016 · 13:53

En la última semana se despertó un fuerte debate en torno a la decisión del gobierno de la provincia de Buenos Aires de modificar el régimen de calificaciones en el nivel primario y retornar, con la llegada de los boletines escolares en junio, a la vigencia de los aplazos para los alumnos de cuarto a sexto grado cuyas calificaciones estén entre 1, 2 y 3 puntos. Por otra parte, para los alumnos de primero a tercer grado que no cumplan con los objetivos de su nivel, la calificación oscilará entre "insuficiente" y "aún no satisfactorio", al tiempo que volverá el "sobresaliente" como la mejor evaluación académica. Hasta ahora, los docentes sólo podían calificar con "muy bueno", "bueno" o "regular".

 

La medida fue aprobada por el Consejo General de Educación de la Provincia de Buenos Aires en una ajustada votación con cuatro a favor del cambio contra tres que pretendían que el sistema continuará como hasta ahora y el rechazo de los gremios docentes.

 

La innovación modifica el llamado Régimen Académico de Primaria, que rigió durante todo el ciclo 2015 y que, en su momento, había originado fuertes rechazos por la supresión de los aplazos, ya que de esa manera el pasaje de grado no presentaba exigencias. Sus defensores esgrimían que este régimen permitía contener en la escuela a los alumnos cuyo aprendizaje fuera insuficiente, al tiempo que juzgaban que los aplazos resultaban "estigmatizantes".

 

La evaluación aplicada sistemáticamente es un recurso universal para seguir la marcha del proceso de aprendizaje de cada alumno en la escuela. Esa evaluación, debe ser continua y fundarse en razones objetivas que la justifiquen y sean bien comprendidas por el alumno y su familia. En verdad, la evaluación constituye un indicador del rendimiento del alumno, que orienta sobre la necesidad de mejorar o de mantener los esfuerzos del aprendizaje y, según los casos, las consecuentes conductas por seguir, ya sea de mayor apoyo y búsqueda de soluciones para sus dificultades o bien de aliento para que no decaiga su rendimiento positivo. También la evaluación abre interrogantes al docente: ¿hasta dónde ha logrado motivar a sus alumnos al estudio?, ¿qué más puede hacer para que mejoren los rendimientos?, ¿qué otros recursos emplear para estimular al que no se esfuerza?

 

En medio de la polémica, la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, defendió fuertemente los cambios introducidos en el sistema de evaluación y afirmó "Para mí la meritocracia es un valor, el esfuerzo es un valor, y deben ser aprendidos en la escuela. Pero además, esta medida fue tomada por el Consejo General de Educación de la Provincia, donde tienen representación los gremios, y donde se discutió durante mucho tiempo" y agregó "Se hicieron consultas a más de 2.500 escuelas públicas y privadas de la Provincia, que reflejaron que el sistema anterior había fracasado, porque no era claro, porque no ayudaba a las familias a reconocer dónde estaban parados los chicos".

 

Vidal resaltó que todos los cambios introducidos en el sistema escolar desde su asunción son "un paso adelante", aunque admitió que "no alcanza, porque todavía falta mucho por mejorar".

Quién también se expresó a favor de esta nueva medida fue el Director General de Cultura y Educación bonaerense, Alejandro Finocchiaro y manifestó "Una escuela inclusiva es una escuela con clases todos los días, donde los chicos aprenden lo que tienen que aprender, y se les enseñan valores. Y el esfuerzo es un valor. No todo es lo mismo, no da lo mismo, no todos pueden ser lo mismo. Cuando uno sale del secundario y no sabe leer ni escribir, al ir a pedir un trabajo, lo segregan, ésa es la estigmatización”.

 

Los detractores de esta reforma coincidieron en que tomar una medida de estas características requiere un estudio de impacto educativo que no se realizó, además de no tener en cuenta la opinión de los docentes. Un informe realizado por  la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) indica que "La repitencia y el trabajo sobre lo negativo del aprendizaje de los chicos no los mejora sino que los empeora. Se debe buscar la forma para que los alumnos entienda mejor los contenidos y de esa manera bajar estos índices negativos en la educación”.

 

Pero un aplazo ¿Puede llegar a frustrar a un alumno de primaria? El Psicoanalista, Nicolás Conde, afirma que "La forma en la que un nene se puede tomar un mala nota va a depender mucho de cómo esté contenido por la familia, por sus padres. No está mal la vuelta de los aplazos porque en otras épocas siempre existió y no había chicos estigmatizados por sacarse un uno o un dos” y agregó "No estoy en contra de la vuelta del aplazo, lo que sí considero es que ninguna medida que se tome va a ser efectiva mientras los docentes no sepan transmitirles un deseo a sus alumnos, porque que eso es lo que más ayuda a la enseñanza”.

 

En este punto coincide la especialista en psicopedagogía, Eleonora Lasala quien resalta que "La formación docente es un aspecto de la educación que debe preocuparnos. El maestro de hoy necesita estar capacitado para poder enseñar procedimientos o estrategias de pensamiento, ayudarlos a que tengan interés, plantearse un objetivo y  no meramente contenidos a

los que los alumnos acceden con facilidad a través de la tecnología y los medios de comunicación”.

 

El debate ya está abierto, las posiciones ya están tomadas, de ahora en más será el tiempo quién determine qué es lo más óptimo  para la mejora de la educación argentina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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