ESTEBAN ECHEVERRÍA

Félix Picquart, el primer farmaceútico de Monte Grande

Familia francesa, adoptó el centro de Monte Grande para vivir con su mujer y sus hijos. Creador de recetas magistrales, fanático de la radiotelefonía, ayudó a los más necesitados de la zona, personas, instituciones, clubes deportivos. Conoció el mundo y eligió quedarse aquí.
lunes, 23 de mayo de 2016 · 13:50

Era un creador y sumamente generoso. Recuerdo una oportunidad en que por ejemplo, le puso el primer motor a una bicicleta. Si en el pueblo había cinco autos, uno lo tenía él.

Se podía conectar con Yankelevich a través de algo que habían inventado porque le gustaba mucho la radiofonía. Había hecho una radio tan chiquita que cabía en una caja de fósforos. Era muy ingenioso y después caritativo al máximo. Colaboró con el pueblo, con todos los clubes que se iban formando, él tenía el botiquín preparado para Atlético, para Jornada, para todos los clubes que jugaban al fútbol. Pero también era dedicado con los más humildes si no tenían para pagar. Eso lo viví yo de chica. En aquellos tiempos no había turnos, la farmacia siempre estaba abierta.

En una oportunidad había venido a las tres de la mañana, un señor muy mayor que vivía en Guillón, muy humilde. La esposa estaba muy enferma, le faltaba el aire. En ese entonces se usaba la bolsa de oxígeno. "Picquart, Picquart se me muere mi viejita”, él se levantaba con la mejor predisposición, le llenaba la bolsa con oxígeno y se la pasaba por la ventana. Siempre fue así. 

Testimonio de Inés Magdalena Piquart, la hija mayor. 

Don Félix Alfredo Picquart nació el 20 de noviembre de 1890 en el partido bonaerense de Adolfo Alsina (Carhué). Es en este lugar donde su padre León Ernesto, ciudadano de París, Francia, cumplió funciones como alcalde de cuartel.

Amante de los viajes y de las aventuras, Don Félix viajó por apartadas regiones del África y luego se trasladó a Francia, el país de sus antepasados.

A principios del siglo XX, ya de nuevo en la Argentina, se radicó en Buenos Aires, estableciéndose posteriormente en Monte Grande en 1906, siete años antes de fundarse el partido de Esteban Echeverría.

Félix Picquart perteneció a una familia de farmacéuticos. Su hermano Félix Ernesto tuvo una farmacia en Capital Federal, y su hermano Juan habilitó otra en la localidad de Tristán Suárez, radicándose años más tarde con igual rubro en Godoy Cruz, Mendoza.

Su padre adquirió en Monte Grande la farmacia que había fundado el 7 de noviembre de 1906 el señor Haramboure, y que luego pasó a manos del señor Pedro Ventrini el 24 de mayo de 1907, desde su origen conocida con el nombre del "Farmacia del Pueblo”.

Don León Ernesto se estableció en ella en los primeros días de enero de 1910, pasando a ser la propiedad de Don Félix a partir del año1921, según consta en el libro donde se asentaban las recetas, que se iniciaron a partir de julio de ese año.

Esta farmacia precursora e histórica del pueblo de Monte Grande, atendió al vecindario desde su local de la calle Vicente López 147, trasladándose años después, al local que se había construido en la esquina de la avenida Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen.

Idóneo farmacéutico, Don Félix Picquart cumplió una recordada etapa brindando óptima atención, curaciones y primeros auxilios, dada la carencia de una sala de prestaciones médicas o un hospital que requería el pueblo de Monte Grande y el municipio echeverriano, y que recién se pudo concretar en el año 1930.

Don Félix vivió la era de las mágicas recetas magistrales que llegaban a su laboratorio con la firma de los ilustres médicos Esteban Garzón, Antonio Montenegro, Emilio Fernando Cardeza, Ángel Camilo Rotta y Alfredo Bertoni, entre otros, todos profesionales de la llamada Guardia Vieja y protagonistas de las mejores páginas históricas de la sanidad de la medicina local.

El señor Picquart contrajo matrimonio con Catalina Villegas. Tuvieron tres hijos: Inés Magdalena, Esther Aída y Alfredo Ernesto. Al margen de atender su siempre concurrida farmacia, se lo recuerda como un hombre de espíritu creativo, inventivo y amante de la radiotelefonía, cuando ésta daba sus primeros pasos en el país, manteniendo contactos amistosos y técnicos con los precursores de este importante sistema comunicativo, revolucionario del siglo XX.

Como profesional de la farmacia se brindó a la comunidad, manteniendo relaciones con un vasto abanico de vecinos de familias tradicionales que frecuentaban su botica "hogareña”, incluyendo los médicos que por ese entonces desarrollaban su noble tarea.

 


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