ESTEBAN ECHEVERRÍA

Pedro Farina, el homenaje a un hombre común

Un inmigrante entre tantos, de una aldea del centro de Italia. Un gringo que llegó "a hacer la América", que enamoró a una mujer, construyó una familia que aún vive entre nosotros en cuarta generación, cansó sus manos en el trabajo, creció, fue de a poco el forrajero del pueblo, después el dueño del almacén de Ramos Generales, y siempre el padre, el abuelo, el vecino laborioso, a su manera humilde pionero y fundador.
viernes, 27 de mayo de 2016 · 15:52

Don Pedro Farina nació el 29 de junio de 1862 en la localidad de Voguera, ubicada en la carretera que une a las ciudades de Piacenza y Alessandría, Italia.

Llegó a nuestro país en compañia de su hija mayor, aproximadamente en 1895, radicándose en el pueblo de Monte Grande. Su esposa María Sampellegrini se reunió con él en 1897, como así también sus hijos Florencio e Isolina.

Se inició como jornalero; algo más tarde como acopiador de aves y de quesos, habilitando algún tiempo después un comercio de forrajes con anexo ramos generales y despacho de bebidas que atendió hasta el año 1928, transfiriendo sus actividades a sus hijos, el ya mencionado Florencio y Juan, nacido posteriormente.

El matrimonio fijó su domicilio en el centro del pueblo, en la calle Carlos Casares, hoy Doctor Anacleto Rojas 177, agregándose sus hijos Ángela, María y Luis.

El comercio de forrajes fundado por Don Pedro Farina en 1906, estaba ubicado en Anacleto Tojas 187 y fue probablemente el negocio de nuestra ciudad emplazado en el mismo sitio y dedicado al mismo rubro alrededor de cien años.

En 1936, el fundador cedió el comercio a sus hijos Juan y Florencio, quienes aparecen en la foto. Al fallecer Juan Farina, el forraje fue transferido a la familia Derbenti. Florencio Farina, no obstante, continuó trabajando en el lugar como empleado. Este comercio funcionó en el mismo lugar y se dedicó al mismo ramo hasta el año 2008 en que cerró sus puertas lo cual es, probablemente, un caso único en la historia lugareña. Fotografía aparecida en el periódico "La Comuna", edición del 29 de setiembre de 1942

Don Pedro cuidaba el centavo y trabajaba todo el día. Guardaba sus ahorros en una lata, saludable ejercicio financiero que los argentinos nunca debimos olvidar. Sabe que vaciar esa lata le permitirá, un par de años después, traer consigo a su esposa, que, como corresponde a una buena cónyuge italiana, se llama María y aguarda - entre ansiosa y esperanzada - que su marido consiga rescatarla de las privaciones de la tierra natal.

Don Pedro Farina falleció en Monte Grande el 26 de Julio de 1947, a la edad de 85 años, siendo fiel testigo del progreso que década tras década fue adquiriendo el viejo pueblo de Monte Grande y posteriormente, el partido de Esteban Echeverría.

 

"Tengo apellido de calle de Monte Grande y eso no deja de gustarme. La arteria en cuestión se llama Pedro Farina, como homenaje de alguna autoridad comunal a mi bisabuelo, antiguo vecino de la zona.

En varias oportunidades, intenté un juego de imaginación en el que reconstruyo mentalmente mi pueblo -en ese entonces el pueblo de Don Pietro - tal como debió ser hace más de cien años. Calles de tierra, en las que la distinción entre acera y calzada es un tecnicismo leguleyo. Una casa o a lo sumo dos, por manzana, comienzan a justificar el reciente trazado urbano. Más allá, árboles, plantas y huertas se alternan con grandes pastizales. En una de esas huertas, a tres cuadras de la estación, veo a ese tano corpulento, sufrido, que se ha afincado junto a su hija mayor, menos que adolescente.

A veces me preguntan qué hizo mi bisabuelo para tener una calle con su nombre.

Respondo: "- Estuvo acá, en Monte Grande, hace más de cien años y trabajó en el pueblo el resto de su vida. Nada más que eso", narró en una oportunidad Carlos Farina, bisnieto de Don Pedro. 

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