ESTEBAN ECHEVERRÍA

Viven de la caza y de la pesca

En 1962, Osvaldo Farfalla instaló sobre Vicente López el local que llamó Edunor, por sus hijos. Hoy sigue pero en manos de su yerno Adrián, con sucursales en Turdera y Burzaco.
viernes, 27 de mayo de 2016 · 11:55

Edunor se encuentra en Vicente López 179 equina Rojas. Este local hace  cincuenta y cuatro años se dedica a la venta de elementos de caza y pesca. Este negocio creció a la par Monte Grande y no solo lo reconocen aquellos que realizan estos deportes sino también todos aquellos  que viven en la localidad y alguna vez pasaron por su vereda.

 

Originalmente, Edunor se inició en la calle Rojas, tiempo después se trasladó a la esquina de esa calle con Vicente López hasta ubicarse en donde se encuentra actualmente. Su dueño y mentor fue Osvaldo Farfalla, que si bien era tornero y trabajaba de eso mismo, era fanático de las actividades al aire libre  y por tal motivo abrió el local.

 

Este referente del esfuerzo, le dio nombre a su negocio en honor a su hijo Eduardo y Nora.  Ellos dos fueron quienes lo ayudaron a mantener el local y a expandirse, lograron abrir uno en Burzaco, en Turdera y en Ezeiza, aunque este último no prosperó.  Edunor estaba en su mejor momento, todo el sacrificio que los Farfalla habían hecho comenzaba a dar sus frutos, pero las cosas muchas veces no salen como están planeadas.  Osvaldo se enfermó de neumonía, y derivó en algo peor, un cáncer de mama y de pulmón.

 

Hacia el año 1990, esta familia perdió a su jefe de hogar y a los dos hijos les llegó la hora de demostrar todo lo que habían aprendido del trabajo. Nora, se hizo cargo del local de Monte Grande, con ayuda de su esposo Adrián Da Cruz mientras que Eduardo se ocupó del negocio de Turdera. Trabajaron día a día, en conjunto, unidos, con la misma ambición: mantener en lo más alto el nombre de su padre.

 

Pero el destino volvió a ponerles una prueba difícil en sus caminos, Nora se enfermó y falleció, al igual que su padre, de cáncer de mama. Hace un año y medio, Adrián, su marido, ocupó su lugar y se cargó el emprendimiento al hombro.

"Me hice responsable del local porque sé lo mucho que significa para esta familia. La caza y la pesca no eran mi fuerte pero las cosas que necesitaba saber, las aprendí trabajando con mi esposa. Estamos en una época difícil, la situación del país es complicada pero la gente sigue viniendo, saben que acá encuentran todo lo que necesitan” cuenta Adrián y agrega "Yo voy a seguir adelante, en especial, por mi hija, de la que somos padres con Nora”.

 

Adrián reconoce que aceptó este lugar por el amor incondicional que "siente” por su esposa fallecida. "Estuvimos juntos diecisiete años, sin casarnos, no necesitábamos ningún tipo de papel pero a un año y seis mees de su partida, siento que estoy más casado y unido a ella que nunca”concluye.

 

Pasa el tiempo y el local sigue firme, atravesaron momentos de felicidad y otros no tanto, pero el negocio siempre siguió adelante. Atrás del mostrador, una familia  que  logró superar las pruebas más difíciles, gracias al amor y el trabajo.

 

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