Ángeles Jaqueline vino al mundo de una manera inesperada. Ni sus padres, ni las oficiales que la ayudaron a nacer esperaban que abriera sus ojos en la calle.
Todo sucedió el viernes 15 de julio minutos antes de las siete de la mañana, Silvana e Ingrid estaban de turno, en la intersección de las calles Ruta 4 y Santos Vega. Todo transcurría normalmente hasta que comenzó lo increíble. "Se acercó hasta nuestro puesto un hombre diciendo que su esposa se había descompensado.Estaba en la parada del colectivo que se encuentra en esa cuadra y precisaba ayuda" cuenta la oficial Gómez y agrega "Cuando nos acercamos al lugar encontramos a la esposa en trabajo de parto".
Inmediatamente y cumpliendo con su deber, las policías llamaron a la ambulancia pero esta tenía varios minutos de demora. Las mujeres, con valor y coraje, entendieron que debían asumir un nuevo rol: el de ser parteras. "Tiramos una manta al piso, sacamos guantes y gasas para comenzar con el trabajo.Yo me encargue de la madre y mi compañera de la bebé" explica Silvana y continúa "Estaba muy oscuro, todavía no había amanecido y nos tuvimos que arreglar con las linternas de nuestros celulares. La gente que pasaba por ahí, rodeo el lugar y empezaron a aplaudir cuando vieron el trabajo que estábamos haciendo".
Las condiciones no eran las mejores, sin embargo, todo resultó bien. Minutos después del nacimiento, un móvil se acercó al lugar y resguardaron a la pequeña. "Nos quedamos acompañando a la madre hasta que llegó la ambulancia que la trasladó al hospital Santamarina. Tanto ella como la chiquita estaban en perfectas condiciones" cuentan las jóvenes.
Una vez en el patrullero, otro acto de amor dentro de este hecho asombroso, ocurrió. Ingrid le dio de amamantar a recién nacida. Ante la vulnerabilidad de la beba, el instinto maternal afloró e hizo lo suyo. "Tengo cuatro hijos y Silvana una nena de diez años. Todos en nuestra familia están orgullosos. Es una sensación inexplicable lo que genera ayudar en un parto, por más de que seamos mamás, es algo completamente único" cuenta la oficial Gómez con los ojos inundados de lágrimas.
Las dos policías continúan visitando a Karen Mariscal y a la niña que aún permanecen internadas en el Santamarina. "Tenía pensado un nombre pero después de todo lo que pasó, decidí que mi hija iba a llamarse como las oficiales" expresa la mujer y agrega "Ella es mi cuarta hija, nació con tres kilos quinientos y está muy sana. En casa me esperan un varón de nueve años, otro de ocho y el más chiquito de cuatro". En las próximas horas será dada de alta y comenzarán la vida en familia.
Silvana e Ingrid fueron elegidas como las madrinas de la pequeña, el vínculo, seguramente, seguirá de por vida. Quedarán también con la emoción del trabajo bien hecho, el deber cumplido y la hermosa sensación de haber ayudado a traer una vida. Aunque a ellas, les genere cierto pudor, también van a ser recordadas como las oficiales que supieron arreglárselas solas con un escenario< adverso y lograron llenar de amor y vocación un momento inigualable.






