Es así comolos Cortez deciden poner en marcha la fiambrería "Cabaña La Pampa Linda, en elbarrio en el que vive desde hace treinta años. "Siempre uno sabe la necesidaddel barrio, acá está lleno de fiambrerías y como a mí me gustaba comer bien. Aveces recorría el barrio y no encontrábamos cosas que teníamos ganas dedegustar. A veces se subestima al barrio. Entonces cuando le dije a mi señorapara poner el negocio, le comenté si lo hacemos lo hacemos diferente a todos.Más de lo mismo no quería. No teníamos un gran capital. El gran capital éramosnosotros dos, es decir la propia mano de obra después a pulmón lo fuimoshaciendo y la verdad es que nos fue muy bien, relató Miguel haciendo un repasopor ese momento tan importante en sus vidas.
Al principiocomenzaron con un pequeño local y al año y medio, sumaron el local contiguo. Conun estilo de decoración propio, la fiambrería ofrece productos de distintasmarcas y precios, pero lo más importante es que la familia Cortez prioriza el buen trato y la cordialidad consus clientes, sobre todo a los que llegan por primera vez.
"A veces lagente está con problemas, o tiene ganas de hablar y nosotros siempre antes depreguntarle qué va a llevar, le preguntamos cómo está. Mientras esperan losclientes degustan fiambres, tratamos de tener siempre algún detalle con ellos,comentó Miguel.
Luego detres años de trabajo, la familia decide abrir un segundo local más próximo a laestación. "Apuntamos a distintos públicos pero la idea es que haya de todo ypara todos los gustos. Algo distinto en el barrio. Cualquier persona queingresa a "La Pampa Linda, sabe que puede encontrar productos de primerasmarcas, pizzas y matambres caseros e incluso una vinoteca para trescientoscincuenta botellas que fue construida cuando se agrandó el local.
"Tenemos clientesde Canning, Monte Grande y Luis Guillón, muchos pasan por la vereda y piensanque es un negocio caro. Dos veces al año, hacemos degustaciones en la puerta yde esa manera, invitamos a la gente a que nos conozca. Dentro del local,dispusimos un espacio decorado en el cual, mientras espera el cliente, puedeprobar algunos de los fiambres o quesos, cuenta el dueño.
Luego derepasar esa parte de la historia en que cada esfuerzo evoca esa "tercera cuadra de la estación que para éltenía otro significado. "La verdad es que no nos equivocamos al elegir estelugar en nuestro barrio para poner nuestro negocio familiar. Mi señora y mihija aportan su trabajo en el local que está a una cuadra de la estación. Somosmuy felices trabajando en este lugar, finaliza Miguel.






