ESTEBAN ECHEVERRÍA

El almacén de Ademir, donde aún se respira barrio

En Liniers al 400 se mantiene de pie uno de esos almacenes que persisten como memoria viva de un Monte Grande que ya no existe, pero en el que aún siguen vivas algunas costumbres barriales.

El almacén de Ademir, donde aún se respira barrio
El Diario Sur

Ademir Gómez es uruguayo y tiene 64 años. Vino a laArgentina a probar suerte poco después de cumplir la mayoría de edad. En suvalija no había nada más que una muda de ropa. "Este bendito país me dio todo”,dice desde atrás del mostrador de su almacén, que lleva veintisiete añosabierto de forma ininterrumpida. El joven Ademir se recibió de técnicoindustrial antes de radicarse en nuestro país, pero como siempre le gustó lavida de comerciante, no tardó mucho en abrirse camino en el mundo del negocio.

Fue en Lanús -el partido donde se instaló ni bien cruzó el charco, allá por1974- donde comenzó su vida de almacenero. Cuenta que empezó ayudando en ellocal de un compañero de pensión, pero que no fue hasta un par de años mástarde que se volvió su socio y juntos montaron un comercio en O´higgins yPringles, a unas quince cuadras de la cancha del Granate, su otra pasión.

Recuerda, también, que durante quince años consecutivos se desempeñó comopuestero en la extinta feria de Lanús, aquella que se trasladaba por distintosbarrios del distrito conforme avanzaba la semana. Así las cosas, nuestro hombrerecorría casi toda la extensióngeográfica de uno de los partidos más grandes del Conurbano como quien se dauna vuelta por la esquina de su casa.

Fue en una de esas paradas donde conocióa María Rosa, su amor de toda la vida y con quien planificaron y llevaron acabo un proyecto de vida que, como medida de salud, incluyó la mudanza hacia nuestro distrito."Fue en 1982. Yo tenía un problema de salud, me recomendaron venir a MonteGrande y con María compramos un lotecito en la calle Ascasubi”, explicamientras con su brazo le rodea el hombro a la susodicha, con quien comparte doshijos ya adultos y recibidos de licenciados, Estivalis y Ademar. "Son misorgullos más grandes”, se babea papi Ademir.

 Pero nuestro protagonista no sólo es devoto de suscriaturas, sino que tiene un especial aprecio por los vecinos que lo vieronerigirse como almacenero de ley y a quienes atiende todos los días con unasonrisa o un saludo entre risas. "Acá se respira eso, acá hay solidaridad, nosayudamos entre todos. Sigue estando esa cosa del barrio”, valoriza Ademir,quien a modo de agradecimiento invita todos los años a un brindis navideño,donde no faltan sanguchitos de cerdo y pavita y los números musicales de losgrupos que tienen algunos de sus clientes.

"El próximo lo vamos a hacer eldomingo 18 de diciembre”, adelanta nuestro almacenero de barrio, aquel que undía se vino a nuestro país con una valija que en realidad portaba algo más queuna muda de ropa. Estaba repleta de sueños.