María Elisa Pintos tiene 97 años pero no aparenta su edad. Desenvuelta, risueña y vital, así se muestra. Es querida por su profesor y admirada por sus compañeros. Tiene un empuje que es digno de destacar.
"Empecé con la natación hace veinte años. A mi pareja le habían dicho que tenía que tomar clases por sus problemas de salud y el médico me dijo que lo acompañara para que no se sintiera acomplejado.Al principio no me gustó mucho la idea pero accedí" recuerda y agrega "Inicialmente tuvimos un profesor que no nos dejaba nadar porque eramos personas mayor y eso no estaba dando resultados. Entonces, seguimos buscando hasta que dimos con Andrés Ghibaudi y el nos cambió la vida".
Andrés no es más ni menos que uno de los docentes que le enseñó a nadar a más de tres generaciones echeverrianas. "En él encontramos a un profesor muy exigente que nos dio las herramientas necesarias para dejar los miedos fuera de pileta. Además es muy atento, me pasa a buscar todos los martes y jueves para venir a nadar".
Mary, como todas la conocen, es un ejemplo para los otros alumnos. "Yo siempre les aconsejo que no tienen que quedarse en sus casas y que estar de buen humor es clave. Todo se hace más difícil si no se encara con una sonrisa".
Ya participó de numerosas competiciones y fue reconocida, incluso, con medallas y trofeos. "La última vez estuve en el Parque de Lomas y la gente coreaba mi nombre. Eso me llenó de emoción porque vieron el empeño que pongo".
Como último, Mary reconoce que es inquieta y que cuando está a punto de flaquear, piensa en positivo y continúa con sus tareas. "A veces no me quiero levantar pero me pongo firme y salgo a la calle. A veces mi hijo me tiene que recordar que tengo 97 años porque yo no lo tengo en cuenta. Siempre me siento bien".






