Esteban Echeverría

La iglesia tiene que volver a recuperar las calles

Alejandro Luchisano es el padre de la parroquia “La Anunciación” de Luis Guillón. Hace dos años y cinco meses reside en Echeverría y asegura que los curas tienen que volver a predicar la palabra y lograr que la gente se acerque nuevamente a la institución.

La iglesia tiene que volver a recuperar las calles
El Diario Sur

Escarismático, alegre y divertido. Rompe con los convencionalismos  y apuesta a la unión de los vecinos aunqueestá mayormente abocado a los jóvenes.

Nació enGregorio Laferrere hace cuarenta años  ysegún cuenta desde muy chico tenía en claro que deseaba ser cura y docente."Siempre tuve esa convicción y sabía que ese sería mi camino. Ya se lo habíamanifestado a mi catequista hasta que en la adolescencia ocurrió un hecho muyimportante que me dejó en claro cuál sería mi camino. Un amigo me prestó unlibro que contaba la historia de San Juan Bosco y me di cuenta que quería sercomo él, continuar por esa senda”.

Alejandro finalizó el secundario y empezó a estudiar para ser maestropero sentía que algo le faltaba a su vida, no estaba satisfecho y tampococonforme. "Hacía muchas actividades pero a la noche, cuando volvía a mi casa,me sentía vacío. Fue cuando decidí entregarle mi vida a la Virgen y confiar enque ella me indicaría el camino. Poco tiempo después entré a la congregación”.

Confiesa que no fue fácil conversar con su familia sobre su decisiónpero aún así recibió el apoyo que tanto necesitaba. "Mi padre había muertocuando era muy chico y mi mamá fue quien se puso al frente de la casa. Tengootros dos hermanos y siempre me cargaban con que yo era la ‘oveja negra’ porquepasaba muchas horas en la iglesia. Cuando estuve seguro de mi decisión, lossenté y les dije todo. Creo que lo sospechaban aunque mi madre, por ejemplo,tenía el anhelo de que me casara, le diera nietos. Así y todo me acompaño y esome dio seguridad”.

Inmediatamente, comenzaron los cursos, los estudios y la carrera hastaconvertirse en cura. Viajo unos meses a Chile y luego fue trasladado a Verona ya Roma, en Italia. Allí vivió diez años y afirma que los recuerdos que se trajode ese país son "sumamente positivos”. Fue en ese lugar donde se dio cuenta dela conexión especial que siente con los jóvenes. "Me entiendo mucho con ellos,es un don y una gracia que el Señor me dio, por eso trato de aprovechar almáximo esa capacidad.

En el 2014 llegó el traslado y sus superiores le designaron la tareade acercarse a la iglesia de Luis Guillón. Recuerda que arribó un día feriado,más exactamente, un 12 de octubre a las cinco de la tarde. Los locales estabancerrados y casi no había gente en las calles. "Me tenía que acostumbrar a algocompletamente nuevo, solo conocía Monte Grande y no tenía muchas referenciasdel barrio. Me recibieron con los brazos abiertos y quedé encantado con eltrato de la gente. Es un lugar muy cálido, muy familiar, donde todos se conoceny donde es más fácil predicar”.

A los pocos meses,  ya seencontraba completamente adaptado y había establecido un gran vínculo con losalumnos de la escuela "La Anunciación”, lugar al cual asisten más denovecientos chicos. "Acá ejerzo el trabajo de ser cura y docente. Todos losdías estoy con los jóvenes, los saludo a la mañana, recorro los salones, estoyen los recreos y hasta juego con ellos. "Siempre les repito que la iglesia essu casa, que pueden pasar cuando quieran y contarme sus problemas”.

De alguna manera, Alejandro, se encargó de humanizar a la figura delcura, y hasta el momento, los resultados son satisfactorios. "Ando por elbarrio en bicicleta o en colectivo. Me llena de gratitud recorrer las calles deGuillón y saludar  a los vecinos, tomarmeunos minutos y ponerme a charlar. Trato de hacer una vida normal, hay veces queme encuentro con mis alumnos y con sus padres en los almacenes o supermercadosy no pueden creer que haga las mismas actividades que ellos”.

Con respecto a cómo ve a la iglesia actualmente, Alejandro es muyclaro, considera que esta institución debe ganar nuevamente la calle. "En algúnmomento, viendo que la gente venía a las misas, nos dormimos en los laureles ydejamos de predicar. En base a eso, los vecinos dejaron de venir o se volcarona otras religiones. Es momento, entonces, de volver a salir. Si uno ve lahistoria de la iglesia, después de Jesús, sus discípulos se diseminaron por lasdistintas ciudades y empezaron a difundir la palabra. Eso mismo debemos hacernosotros y aprovechar que tenemos un Papa como Francisco que promuevecontinuamente la unión, el amor y la cercanía.

Como último, el padre, confiesa que se siente satisfecho y orgullosodel camino recorrido hasta el momento pero que su obsesión es lograr que losjóvenes vuelvan a soñar. "Tienen que aprender a ser felices, a dejar de vivirel hoy y atreverse a planificar, a soñar a lo grande y no dejarse abatir porlos males que invaden al mundo porque de esa manera están perdiendo lo másimportante que es la sonrisa”.