La sensación térmica trepó a los cuarenta grados durante lasemana. Son las 18 horas pero el calor no cesa y sobre la calle Alvear a lolejos se escucha un sonido que se volvió característico. Se trata de lacamioneta de los helados de Oscar Rodríguez.
Hincha de Independiente y fanático de lo que considera unaverdadera pasión, comenzó siendo muy joven con un carrito que un vecino lehabía ayudado a armar, que se movilizaba con la ayuda de un caballo. "Recuerdoque era muy joven y en ese momento sentía un poco de vergüenza de que mecargaran. Entonces mi papá me aconsejaba, me decía que tenía que seguir, queprimero tenía que sembrar para luego cosechar y hoy puedo asegurar que así sucedió,comentó evocando esos primeros momentos.
Durante la nota, lo saludan los vecinos que cruzan la calle,los colectiveros, compren o no un helado, el afectuoso gesto es inevitable alcruzárselo en algún punto de ese recorrido que delineó en su cabeza. Quizás porazar o pensando en progresar, lo cierto es que todos los días, a partir delmediodía, Oscar pone en marcha su camioneta de helados, hace sonar su cornetade bronce y ofrece los más variados sabores con la amabilidad que locaracterizó a lo largo de sus días como heladero.
"Soy un apasionadodel helado, lo hago con mucho amor y cariño. Es todo artesanal, mis padres me ayudabanmucho y luego de su partida, ahora es mi esposa quien colabora con mi trabajo. Empezamos con seis sabores y aunque hubo uncambio importante en cuanto a los sabores, el elegido es el dulce de leche, detrás el chocolate, y más atrás frutilla,relató Oscar.
Luego de la segunda interrupción, rememora como fuecambiando la ciudad. De las casa quinta a los edificios y el ruido que obligó a grabar el sonido de la corneta paraque se escuchara y las personas tuvieran tiempo de salir a comprar. "Siempre ledecía a mi señora que en cuanto se me presentase la oportunidad, queríaagradecer a toda la gente de Monte Grande.
Destaca el reconocimiento por parte de la gente, algo que através de los años le generó satisfacción. "En el recorrido que elegí siempreme topé con buena gente. Me sucede que a veces, vienen chicos con sus mamás y cuandolos retan les digo: querés que le cuente como eras vos a esa edad. Más allá del clima, aunque haga frio la gentetoma helado igual, Dios siempre nos sorprende, afirmó.
Durante las casi cuatro décadas de trabajo, Oscar seemociona por el cariño y el amor que le quedan a esos clientes desde chiquitos,como dejó su marca la infancia. "Me causa gracia porque me parece que soy comoel flautista de hamelin, mi trabajo es distinto porque paso por la puerta de lacasa. Una vez cuando todavía hacía el recorrido con el carrito, una nena muychiquita se abrazó de la pata del caballo, la mamá y yo nos asustamos, sonmuchos los recuerdos, sostuvo.
"Cuando ama lo que hace es natural sentirse bien. Si alguienviene mal se tiene que ir bien porque viene a tomarse un helado, no se puede irmal. Se puede tomar el colectivo o ir a la carnicería y enojarse pero no a la horade disfrutar de un helado. En una oportunidad una chica me dice "pero acávienen todos contentos a tomar el heladito, a lo de mi papá no. Yo le pregunte:tu papá que hace y me dijo que es dentista, finalizó Oscar.






