La casa se ubica sobre la calle Amado Nervo en la localidad de El Jagüel, allí conviven Sandra Carballo con su hija Daniela, la pareja de esta última y su nieto de siete meses, Dante. Hasta allí parece ser la historia sin ningún dato particular. Sin embargo, esto no es así.
Hace cinco años la familia tuvo que atravesar uno de los momentos más difíciles, Daniela había perdido su embarazado de ocho meses y los sueños de ser madre parecían esfumarse. "Nunca sospeché que eso podía ocurrir. Me había hecho todos los estudios correspondientes hasta que un día comencé con unos dolores muy fuertes. Fui a la clínica donde me atendía y me dijeron que había indicios de que mi bebé no estaba bien recordó Daniela entre lágrimas.
La joven que en ese momento tenía 23 años, había soñado desde siempre con ser madre pero el destino modificó sus planes. Su beba no sobrevivió. "Fue un momento terrible para toda la familia. No solo había perdido a mi hija, sino que además me tuvieron que sustraer el útero porque estaba muy grave.
Aquellos años fueron los más difíciles de sus vidas y el recuerdo de lo ocurrido todavía está en sus memorias. Sin embargo, las esperanzas de ser madre no se perdieron.
Pensaron en adoptar pero los trámites y la burocracia en torno a este tema, hicieron que descarten esta posibilidad. "No quería estar diez años esperando la llegada de un hijo. Tener su cuarto preparado y estar rogando que nos den la adopción, no era algo que pudiera soportar.
Sin embargo, la solución vendría del lugar menos pensado. Sandra, que en aquel entonces trabajaba en una casa de familia, le comentó a su empleadora la situación que estaban atravesando. "Mi jefa me recomendó un médico especialista para que estudiara el caso de Daniela. No lo dudamos ni un segundo.
El día que realizaron la consulta, a Sandra se le ocurrió preguntarle al médico si había posibilidades de que ella le prestara el vientre a su hija. "De alguna manera yo tenía que calmar el dolor que sentía Daniela, ella es mi única hija y doy la vida por verla bien. Era lo mínimo que podía hacer.
Luego de realizar numerosos estudios, los médicos detectaron que los ovarios de Daniela seguían funcionando y que si había óvulos, los sueños estaban intactos. Sandra, sin mediar palabra, ofreció su cuerpo para gestar a su nieto.
"Tuvimos que ahorrar durante dos años, hicimos muchos sacrificios con mi mamá y mi pareja para conseguir la plata. Pero sabíamos que era por una causa que nos iba a cambiar la vida. Valió la pena el sacrificio. Por otro lado, el Polo Judicial de Esteban Echeverría me tendió una gran ayuda para que todo este procedimiento se hiciera correctamente.
Luego del tercer mes, Sandra comenzó con complicaciones y tuvo que estar seis meses en reposo. "Corría el riesgo de abortar el bebé pero hice todo al pie de la letra. No le podía fallar a mi hija, había asumido un compromiso con ella y ese embarazo tenía que llegar a término.
El 30 de noviembre de 2016, Dante llegó a la vida de esta familia. Nació por cesárea en el Hospital Municipal de Santamarina y gozaba de buena salud. Él es la muestra del amor verdadero y desinteresado. Trajo la alegría y la unión a una casa que hacía poco tiempo había sido golpeada por una desgracia.
"Mi mamá es lo mejor que me dio la vida, es todo para mí y me dio un motivo más para amarla: Dante. Acá no hay confusiones en los roles, ella es la abuela, yo soy la madre. No se entromete, ni opina, solo me aconseja y tenerla al lado me simplifica las cosas. A nosotros el amor nos salvó y nos cambió la vida.






